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Por mucho que nos duela, el iPod murió en 2007

A pesar de tratarse de una cifra que pronostica el fin de una era, tanto para la compañía como para el consumo musical a nivel mundial, o quizás por eso mismo, el análisis de la evolución de las ventas de iPods en los últimos años quedó fuera de plano y fue silenciada por las boyantes cifras protagonizadas por los nuevos productos estrella de la compañía Apple.

Ni tiempo ni lugar es este para hacer campaña a favor o en contra de una compañía que abarrota la red con este tipo de posiciones, pero sí se hace necesaria una mínima reflexión al respecto de lo que realmente significa ese escueto porcentaje de beneficios representado por el gadget por excelencia, más escueto aún si lo comparamos con magnitudes que superaban el 40% hace solo 6 años.

Y es que, aunque en cierta medida presumible, no deja de llevarnos a la profunda reflexión el declive en cuanto a ventas de un aparato que supuso en su momento la más fulgurante ascensión en la historia de la economía de mercado, siendo el abanderado de una evolución que supondría la llegada del ‘lujo’ tecnológico al hogar medio, probablemente, la mejor campaña de marketing de la historia y, en lo que al melómano respecta, la mayor revolución tecnológica jamás vivida y disfrutada por todos nosotros.

Otras compañías desarrollarían conceptos similares con anterioridad y se subirían al carro de la innovación de Apple con posterioridad, pero ninguna sería capaz de hacer sombra al integral concepto que llegaría a significar el iPod y a la prestación que a mi personalmente me sedujo, mucho más allá del impresionante apartado de diseño o de la eficiencia en el funcionamiento.

120GB tuvieron la culpa hace ya 7 años de mi entrada en el mundo del iPod y, a pesar de los múltiples avances tecnológicos en este área, sigo enganchado a esa característica, desde mi punto de vista mucho más interesante que los juegos multimedia, las pantallas táctiles o la posibilidad de realizar llamadas, posterior característica que ha acabado significando el fin de una era a la que me cuesta sobremanera decir adiós.

Algo aparentemente accesorio como la aparición de Spotify es el otro factor que ha supuesto, si no la muerte del iPod, sí su necesaria transformación. Inteligentísimos estarían en Apple con su apuesta por el iPhone, la aparente traslación del concepto iPod al mundo de la telefonía pero que en realidad supondría mucho más, pues estamos hablando de la traslación de un concepto, de la transformación de un ecosistema encorsetado a un medio ambiente global, un medio versátil ante el que la mera reproducción de archivos digitales recogidos en un disco duro no ha podido sobreponerse globalmente como concepto.

Como decía, circunstancial parecía en un primer momento la aparición del tráfico de datos para el, entonces, hegemónico iPod, pero la fulgurante expansión del streaming como sistema de distribución musical unida a la aparición de gadgets multifuncionales comenzarían a implicar el cuestionamiento de oportunidad de llevar varios aparatos en el bosillo si con uno se pueden cubrir todas esas funciones.

La llegada del streaming como consecuencia de la de la aparición del tráfico de datos mediante redes móviles, supondría la puesta en cuestión del principal valor del iPod más allá de su calidad como reproductor o de su innovador diseño (por mucho que yo me resista a hacerlo). De pronto para el gran público dejaron de ser necesarios los 120GB de espacio y el gadget vería reducido su espacio, o agrandado el tamaño de su pantalla a la misma velocidad que subían las prestaciones que ofrecía, siendo esto más que una adaptación el empeño en sobrevivir de un aparato cuyo sucesor ya había nacido.

Evidentemente varias son las causas que pueden llevar a pensar en la muerte del iPod, de su concepto, pero la más importante de ellas, la principal, es su evolución, la suma de un chip telefónico a su arquitectura interna, pues esa funcionalidad, la de recibir llamadas y tráfico de datos, es lo que ha acabado con la necesidad de portar música en la memoria interna de nuestro aparato, una necesidad que, irremediablemente, ha convertido al viejo iPod Classic, el buque insignia, en un gadget para nostálgicos.

En la conferencia citada, Peter Oppenheimer omitió todo lo referente al iPod en la vorágine de cifras. Pocas veces un silencio ha querido decir tanto. No es que Apple vaya a dejar morir al que sería su buque insignia la década pasada, es que tiene a su sucesor desde el año 2007 y, considera, no es necesario darle más vueltas.

Vía | El País

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