Por qué Lola Versus Powerman and the Moneygoround es mi disco favorito de los Kinks

Hasta hace no demasiado tiempo, mi relación con The Kinks se limitaba a intuiciones y comprensiones parciales de su música. ‘You Really Got Me’, un nombre que aparecía citado por doquier en cualquier recopilatorio sobre los grupos esenciales de la historia de la música y, con menos frecuencia, composiciones como ‘Lola’ o ‘Sunny Afternoon’. No es tan extraño que ambas, quizá dos de los temas más célebres de los sesenta y, por extensión, de la historia del pop, se hubieran forjado en mi memoria sin que yo fuera consciente de ello. Cuando realmente me introduje en ellas parecían llevar allí años. Tan sólo la sombra de su figura dibujaba a The Kinks como un grupo totémico y mítico, una cima aún no hollada a la que tarde o temprano, y en este caso por casualidad, llegaría. Y cuando llegué, me topé con Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) (1970, Pye).

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El encuentro se produjo por casualidad. No implica que, de no haber sido por las circunstancias extrañas en las que llegué a Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) aún hoy seguiría obviando a The Kinks, sino que quizá mi relación con ellos, o al menos con este disco, sería radicalmente diferente. The Kinks, en mi vida, y supongo que lo recuerdo porque más tarde se convirtieron en uno de mis grupos favoritos de la historia del pop, llegaron porque mi conexión a Internet era, hasta hace escasos días, paupérrima. Tan pobre que descargar un disco me suponía toda una odisea impropia de la segunda década del siglo XXI. La búsqueda agotadora y absurda de enlaces de descarga directa — hablar de Torrent era utópico — me empujaba a solicitar el archivo musical de mis amigos. “Pasadme vuestro disco duro, por favor, estoy desesperado”.

Así, un drama del primer mundo en plena era de la tecnología me condujo a un grupo de los años sesenta al borde de su decadencia artística, en ese estado de melancolía crepuscular del que parecen pender tantos discos de tantos grandes grupos cuyo final, aunque sólo sea simbólico, está cerca. Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One), publicado ya en la década de los setenta, culminaba la progresión sin mácula del talento de Ray Davies. De Face to Face (1966, Pye) a Arthur or the Decline and Fall of the British Empire (1969, Pye): Davies había pagado con el desprecio y el ostracismo la fidelidad a su concepción de la música, pero a cambio se había ganado la eternidad. En Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) The Kinks son un grupo que casi ha dicho todo lo que tenía que decir, son pasado, son otra década.

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En Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) The Kinks son un grupo que casi ha dicho todo lo que tenía que decir, son pasado, son otra década

Nada de esto, un juicio condicionado por la perspectiva histórica que nada tenía de realidad en 1970, sabía yo cuando descubrí una carpeta, entre muchas, llamada The Kinks. La oportunidad era estupenda y no me podía permitir el lujo de desperdiciarla. Al fin y al cabo, ¿cuándo podría descargar sus múltiples discos, tantos que me empujaban a la pereza cada vez que observaba su perfil en Rate Your Music? En ningún otro momento. Aquella carpeta contenía el solitario Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One), cuyo nombre y cuya existencia a la sombra de los otros-discos-grandiosos de The Kinks me hicieron sentir cierta decepción. Tanta que, de hecho, The Kinks pervivieron en mis propios archivos, sin demasiada relevancia, hasta que cierto día decidí poner fin a aquella corta larga historia de tareas pendientes y amores aún sin corresponder.

Aquel mismo día caí rendido a los encantos de Davies y de su absoluto hit interplanetario titulado ‘Lola’. Ya conocía la canción, pero no sé si la conocía de ese modo. ‘Lola’ por sí misma es una de las canciones más divertidas e inspiradas de su tiempo, pero supone un punto de inflexión total y una escalada a los altares del pop tras ‘The Contenders’, ‘Strangers’, ‘Denmark Street’ y ‘Get Back In The Line’. Aquí The Kinks ya no son un grupo obsesionado por la music hall o por el tono tan barroco de, por ejemplo, The Kinks Are the Village Green Preservation Society (1968, Pye). Davies había recuperado el pulso rock ‘n roll — ‘The Contenders’ — y lo intercalaba con las enseñanzas Roots Rock de The Band — ‘Strangers’ — y power ballads entendidas del mejor modo posible — ‘Get Back In The Line’ — . El shock fue inmediato.

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La sucesión de las cinco primeras canciones colocaba al disco, en mi cabeza, en un estadio de nebulosa gloria para el que no tenía demasiadas palabras. Aquellos Kinks que descubría no eran, ni mucho menos, los Kinks de los que sólo intuía matices poco tiempo atrás. La faceta semiconceptual del disco se diluía ante canciones tan divertidas como ‘Top of the Pops’ — en esencia The Kinks recuperando su versión exitosa y atemporal pre-Face to Face — , intercaladas con los aires cabareteros de ‘The Moneygoround’, una canción que podría haber cabido en Something Else by The Kinks (1967, Pye) si no fuera por la muy mejorada producción. El vaivén de canciones pegadizas e indispensables me hizo perder la cabeza: cómo no hacerlo ante ‘This Time Tomorrow’, ¿la mejor canción que haya compuesto Ray Davies jamás?

‘This Time Tomorrow’ ni siquiera fue un shock: fue un flechazo instantáneo cuya magnitud aún no se ha repetido, ni creo que se vuelva a repetir jamás

Los aviones de fondo, la melancolía subyacente, las armonías vocales, el punto intermedio entre lo acústico y lo eléctrico, el encendido ¿estribillo?, la fabulosa catarsis cuando Davies canta “I don’t where I’m going, I don’t want to see / I feel the world below me looking up at me”. Ya sé que muchos diréis que no, pero a mí, entonces, sí me pareció una de las canciones más alucinantes de siempre. Aún hoy me lo parece, de hecho. El descubrimiento de ‘This Time Tomorrow’ ni siquiera fue un shock: fue un flechazo instantáneo cuya magnitud aún no se ha repetido, ni creo que se vuelva a repetir jamás. ‘This Time Tomorrow’ es una de esas canciones capaces de salvarte la vida cuando menos te lo esperas. Para aquel entonces no necesitaba saber mucho más de The Kinks o Ray Davies para comprender que aquel conjunto de canciones, aquel grupo, transmitía un magnetismo especial.

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Aún no lo sabía, pero todo lo que en Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) me parecía arrebatador y divertido, y también difícilmente superable, me lo fue pareciendo en mayor magnitud conforme acudí al resto de discos célebres de The Kinks. Es cierto que Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) es su disco más divertido. Puede que no el mejor, desde luego no el más célebre, pero sí el más entretenido. The Kinks se disfrazan de todos los colores: pasan de la balada — ‘A Long Way From Home’, de nuevo la temática del viaje y la lejanía como hilo conductor — a la comedia voluntaria y genial — ‘Apeman’ — sin tregua. Puede que, organizadas de otra manera, aquellas canciones resultaran menos impactantes. Pero escalonadas de aquel modo, Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) me resultaba un caramelo inagotable.

Más: el sitar inical de ‘Powerman’ + el aire otra vez Country de ‘Got To Be Free’. Punto de partido. Días después seguía lo suficientemente alucinado con este disco como para animarme con el resto de la discografía de The Kinks, pese a las limitaciones, las malditas limitaciones, que la tecnología interponía ante mí y Ray Davies. Ahora comprendo mejor a Davies y a las canciones de Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One), pero entonces, durante las primeras horas, no se trataba de comprender sino de sentir. Sigo sin comprender lo de (Part One), y en el fondo me alegra: The Kinks conectaron con mi irracionalidad, la parte de mi cerebro que sólo deseaba volar al son de su música. Lo lograron con tal entusiasmo, los recibí con tanto fervor, que por ello Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Part One) es mi disco favorito de The Kinks.

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