¿Te gusta la música triste y a tus amigos no? No, no eres un raro, ni tienes problemas de autoestima o un trastorno del comportamiento. La culpa de todo la tiene la prolactina, una hormona que habitualmente se asociada con el embarazo y la lactancia y que el cuerpo también fabrica cuando estamos tristes o llorosos.

Esa es una de las conclusiones a las que ha llegado David Huron, profesor de la Escuela Estatal de Música y Centro para la Ciencia Cognitiva de Ohio, en su libro The Science of Sad Music. ¿Como poco curioso, no? Según Huron, quienes disfrutan con la música triste tienen unos niveles altos de prolactina. Él lo explica así:

https://www.youtube.com/embed/wqSV84la_UI

David Huron ha comprobado sus tesis en el laboratorio comparando los niveles de prolactina en personas que escucharon música triste, no escucharon música y escucharon música alegre, sobre todo bluegrass, para medir los niveles de esta hormona en sus cuerpos en condiciones normales y tras escuchar, por ejemplo, el Adagio for Strings de Daniel Samuel Barber o Apollo: Atmospheres and Soundtracks de Brian Eno. Aunque, puestos a elegir les hubiera puesto ‘Faith’ de The Cure a ver qué si los niveles se disparaban.

Vía | Flavorwire

Vídeo | YouTube

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