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Posse — Soft Opening

Géneros trillados, grupos que acuden a fórmulas fáciles y resobadas para conseguir llamar la atención y entre tanto, bastante mediocridad y poca originalidad. Uno de esos géneros es el indie rock, del que cada año se siguen facturando discos y discos de bandas jóvenes con ganas de despuntar. Sin embargo, pocas lo consiguen. Las que lo hacen son las que han desistido de recurrir a la ecuación sabida y optan por liberar el talento saliéndose de la zona de confort. Uno de esos casos es el de los estadounidenses Posse con su segundo disco, Soft Opening (2014, Beating a Dead Horse).

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El trío de Seattle ya debutó en 2012 con un álbum de homónimo título. En él acudían precisamente a ese indie rock canónico -bien ejecutado, por cierto-, pero que en ocasiones pecaba de efectismo y se dejaba querer por estructuras clónicas muy vistas. Sonaban mucho a The Breeders o Pixies, recorriendo esos puntos que forman la línea maestra que traza los Estados Unidos del underground noventista. Sin embargo, sólo dos años después, han diseñado un nuevo y sutil molde para su música. Salen de la liga del indie rock joven que quiere despuntar. Ya lo han hecho este año con este paso de gigante.

La búsqueda de un sonido propio, decisiva

Un paso de gigante precoz. Llega en su segundo disco, saliendo por la tangente antes de que puedan quedar atrapados en la liga de eternos aspirantes. Han perfilado un camino que les hace mucho más interesantes que con una estructura que a pesar de lo efectista que pueda resultar, precisamente la única novedad que aporta es lo bien que puedes tener aprendida la lección. Con Soft Opening han domesticado su sonido, menos ímpetu en general, pero con los guitarrazos bien dosificados, de forma que no quede lugar para la saturación o un álbum demasiado lineal. A modo de unos Yo La Tengo, dejan el motor en marcha con bajas revoluciones, con medios tiempos delicados que suenan muy bien; suaves como la seda, replegados, que en los mejores pasajes se estiran como un muelle para pegar el zarpazo final. Y ahí es donde sacan su elegante garra, donde muestran una indudable evolución y encuentran un sonido más personal.

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Sacha Maxim, Paul Witmann-Todd y Jon Salzman siguen hablando precisamente de zonas de confort, de inseguridad y de esa manida temática juvenil, pero a nadie le importa cuando el envoltorio es tan exquisito como el arranque de ‘Interesting Thing №2’, con ese aire tan Ira Kaplan, tocados por una varita mágica. Han cambiado los pedales que gobernaban su debut por unas guitarras que recuerdan mucho a The XX por su calma. Presentes en casi todas las canciones, pero sin embargo hay dos temas que se encargan de oxigenar el álbum con esos finales que se deslizan poco a poco en una distorsión majestuosa, rasgando la canción con un tajo limpio. La primera de ellas es ‘Talk’, el tercer corte y probablemente el mejor del álbum, y el otro es ‘2u’, simple en su letra pero infalible en su remontada final.

¿Quién no disfruta de un toque de angustia existencial alguna vez? Nuestro registro no sólo habla de esto, pero nos gustó la temática.

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7.8/10

Ni gritos desaliñados, ni excesos ruidistas. Posse consiguen con su segundo largo lo más importante, encontrar un sonido propio, tener personalidad. Con medios tiempos vía Pavement y Yo La Tengo flotando en el ambiente durante todo el disco, el trío de Seattle se alza como una de las firmes promesas del indie rock actual y sin duda como uno de los mejores discos del año en lo que al género se refiere. Un conjunto de parámetros difícil de encontrar por esa tendencia de la mayoría de formaciones a ubicarse en las mismas coordenadas. Sin necesidad de dinamitar la intensidad, pero sin miedo a utilizarla, temas como ‘Shut Up’ o ‘Afraid’ definen bien lo que rezuma este disco: elegancia, personalidad y talento. Una de las alegrías del año.

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