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Premio Nacional de las Músicas Actuales 2013 para Luz Casal: avaricia

Me imagino estaréis cansados de escuchar o leer que esta o tal cosa es una radiografía de lo que es España. Reuniones de empresario-mafiosos en los que el más joven siempre es la que pone los cafés. Reuniones de político-mafiosos en las que el más joven es el que sostiene el micrófono. Reuniones de músico-mafiosos en las que el más joven es el que escribe el teletipo. Efectivamente, lo sucedido ayer con el Premio Nacional de las Músicas Actuales vuelve a ser una radiografía de lo que es España.

Y conste que no tengo absolutamente nada en contra de una mujer, que a pesar de sus carencias diccionales, ha logrado vender cientos de miles, si no millones, de discos alrededor del mundo durante más de tres décadas. No se trata de cuestionar la envergadura de una artista que, además, ha superado con sufrimiento la más dura de las pruebas, pues mi respecto hacia Luz Casal es infinito. Se trata de mostrar mi repulsa ante el acto de mantenimiento del status y de desprecio hacia la verdadera realidad cultural de nuestro país que supone ‘regalarle’ a la cantante coruñesa nada más y nada menos que 30.000 euros, quien sabe si en billetes verdes, amarillos o violetas.

Lo que se plantea con premios de este tipo va mucho más allá de la condecoración o gratitud por la influencia, permanencia o impronta de la obra del artista galardonado. Es una cuestión de mantenimiento de status-quo, es un refuerzo ejemplar de los insiders que copan o constituyen las élites y un desprecio patente hacia los que sostienen la industria, la alimentan, es decir, los outsiders. En definitiva, no es más que la actual representación de ese fenómeno tan europeo y a la vez tan español, el cual no nos ha abandonado nunca, que es el despotismo ilustrado.

Dos factores convierten a la decisión del jurado del citado premio en sangrante. Luz Casal y su obra, enmarcada en el Pop y el Rock como área, pero despuntando de la mano de un género (defendible y respetable como los demás) pretérito como es el bolero, todo muy importante para las músicas actuales si me permitís la ironía. Mucho más importante e indefendible: 30.000 euros de premio provinientes de tus impuestos y los míos, colocados un billete sobre otro para alguien que no los necesita, porque ha ganado muchos más en toda su carrera y porque tiene una pareja bien colocada y que la alimentará en caso de necesidad.

Y dirán que esto es un premio a su espléndida y larga trayectoria y blablabla, y que probablemente (no lo sé ni me importa) done ese dinero a esta causa social o la otra. Y muchos morderán el anzuelo y se tragarán este ejercicio de despotismo, de dar de comer miguitas de pan a las palomas mientras se almacena el jamón de jabugo en lustrosas alacenas. Y la Generación Tapón seguirá bien arriba, con sus vientres llenos y sus pies sobre la mesa mientras los jóvenes luchamos y nos matamos entre nosotros por llegar a ser quien ostente el bochornoso privilegio de ser quien les sirva los cafés y anuncie la llegada del siguiente espalda plateada.

En unas horas me leeréis decir que ciertas manifestaciones culturales o artísticas no son un reflejo de lo que una sociedad es sino de lo que quiere ser. Triste pero cierto, todo lo que rodea a la cultura española, a sus cúpulas, a sus esferas y al camino que va de ellas a los cimientos, es una manifestación, no de lo que somos, sino de lo que siempre hemos querido ser y jamás seremos. Y tan responsables son los insiders por hacerlo como somos los outsiders por permitirlo.

Ver a Luz Casal recibir un copioso premio cuya dotación no necesita mientras cierran salas de conciertos, bandas lo dejan porque su ejercicio es insostenible o, trascendiendo lo meramente musical, jóvenes brillantes tienen que decir adiós a sus sueños o perseguirlos a miles de kilómetros de casa, es una radiografía de lo que es España. Una generación de caníbales que se alimentan de sus hijos. El día que se den cuenta de que no tienen futuro probablemente sea demasiado tarde.

Vía | 20 Minutos

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