“primal” src=”http://img.hipersonica.com/2013/09/primal 17.jpg” class=”centro” />Pues sí. Vuelvo a ser yo. El pesado de los conciertos de la capital de Galicia, que esta semana ha visto bien preñada su oferta de música en directo (no olvidemos que la contraprogramación nos impidió acudir al más que apetecible directo de Damien Jurado), en medio de lo que últimamente estaba siendo un páramo cuasi inerte. Así, tras la apoteosis de la noche previa con Crystal Fighters, y en el mismo lugar, de hecho, con el mismo escenario, que Raphael, se presentaron dos escoceses Primal Scream. Lo hicieron media hora después de que los compostelanos Dirty Socks cumpliesen con el papel que se espera de unos teloneros. Apuesta entretenida de banda muy joven, con discurso de rock psicodélico y estética beatnik a medio camino entre The Yardbirds y Pink Floyd, a los que versionaron. Aplausos merecidos para una banda a la que estaremos atentos.

Pero, como siempre, aquí la gente había venido a otra cosa. Tras la nueva ubicación de fecha, había muchas ganas de ver a Primal Scream en directo en Santiago, con su reciente More Light como referencia más cercana. La entrada, quizás, algo pobre. En torno a 2500 personas se dieron cita para saborear los temas que Bobby Gillespie, Andrew Innes y compañia tenían preparados. Alguna bandera escocesa entre la audiencia, algo de cola en las barras (no mucha, la gente anda bastante justa de pasta), y menos manga corta que los días previos en Compostela, donde, por si a alguien le importase un carajo esto, parece que ha llegado el otoño tras un arreón de calor en los últimos días.

No sé si esto del frío lo digo porque en el fondo ilustra lo que pasó en la Praza da Quintana. Primal Scream dio un concierto más que aceptable (no notable, nadie podrá decir nunca que lo que aquel dia fue la hostia), pero sólo en momentos muy puntuales, casi anecdóticos, se tuvo la sensación real de que el público se lo está pasando bien. No sé si fue culpa de que la banda no se implicó más, que puede ser, o de que la audiencia se está volviendo algo petarda, que también. El caso es que por unos y por otros, la noche de ayer no pasará precisamente a la historia. Tampoco se le puede echar la culpa al sonido, ya que Primal Scream dejaron en el saco de repertorio buena parte de sus míticos hits sin que en ningún momento aquello sonase mal. Simplemente, no se produjo esa puñetera comunión.

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Y eso que la cosa empezó bien. Entiéndanme, no empezó que te cagas, pero sí bastante bien. Como se podía uno imaginar, ‘2013’ abrió las hostilidades. Una versión acortada premeditadamente para el directo, lejana de los maravillosos nueve minutos del estudio. Una banda bien empastada, y Bobby Gillespie dando esos saltitos a destiempo, a medio camino entre el monstruo desgarbado que es, y la desgana entre gritos. Estaban Primal Scream, una de las mejores bandas de rock and roll de las últimas décadas, tocando para las 2500 personas que allí nos habíamos reunido, pero parecía que encima del escenario había una suerte de segundos teloneros, vista la reacción del respetable.

Tampoco se le puede echar la culpa a que Primal Scream se empeñase en soltar canciones de su último disco una tras otra. More Light es otro trabajo de rock cojonudo, y ni siquiera hubiese estado mal que así fuese, pero los temas de ese álbum no fueron mayoría. Tras la apertura con ‘2013’, siguieron dos auténticos momentos cumbre en la historia de la banda. ‘Movin’ on up’ y ‘Jailbird’ encadenadas a la previa. Un trío de apertura que haría venirse abajo a cualquier estadio con sangre. Pero no a la Praza de la piedra fría. Saltos en las primeras filas, brazos contados arriba más hacia atrás, y una gran mayoría a la que no se le movía ni un pelo de no ser por alguna ráfaga de traicionero viento de nordés. Servidor estaba en una de esas zonas en las que una mayoría sí sentía estar en un concierto de rock and roll, pero hasta el tedio parecía invadirnos poco a poco.

La banda no es imbécil, y mientras iban sucediéndose más temas que no encendían ni una mínima mecha, si acaso por momentos ‘Goodbye Johnny’, la intensidad de las carreras y saltos de Gillespie, o de los juegos de Innes con la guitarra parecía decrecer. Quedaba una bala en la recámara, quedaba subir el volumen hasta donde la mesa de sonido lo permitiese, y soltar ‘Swastika Eyes’, seguramente el momento más celebrado en general. Ese en el que se despertó momentáneamente de un letargo común. Se aprovechó el instante de gloria para enlazar unos minutos que, seguramente, fueron los mejores del concierto, y que fueron rematando cuando la masa iba coreando los ‘uh, uh’ de ‘Loaded’ como si del ‘Sympathy for the Devil’ de los Stones se tratase. Seguramente, la cúspide del concierto. El momento en el que artista y público parecían haberse unido al fin, estar a punto de crear algo para mantener en la materia gris.

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Pero no. Ni siquiera una fantástica ‘Come Together’ consiguió mantener la llama encendida. Para entonces, ya tenía claro que lo que a mí me estaba pareciendo un gran concierto (no la pera, pero sí bastante apañadito), en general estaba gustando mucho menos. Y empezaba a ser tarde para intentar una segunda remontada, y ni ‘Country Girl’ consiguió que Rocky renaciese de ese combate que parecía tener perdido, para mandar al adversario a la lona. Comenzaba la cuenta para K.O., y ‘Rocks’ fue ese momento en el que queremos echar pie a la lona y levantarnos, pero nos fallan las fuerzas. Ni bis hubo. Y se entiende. Se entiende porque en un concierto de poco más de hora y cuarto que costó 20€ la gente ni se quejó de que no hubiese bis, parecía que daba igual. En un puto concierto en el que no se hace un bis, y tú lo quieres, protestas. Pitas, abucheas. Ayer hubo silencio absoluto. Seguramente ninguno lo habíamos merecido, y la banda no supo hacernos desear realmente que lo hubiese. Primal Scream pasó con más pena que gloria en esta ocasión por Santiago de Compostela.

Foto: Paula Rico

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