“Refree DIOS incluso sin sus plantas” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/9refree_(53)ret.jpg" class=”centro” />

(Reportaje fotográfico: Pablo Luna Chao; la foto de Refree se la perdonamos)

El segundo día del Primavera Sound 2014 tuvo varios momentos por los que sí merece la pena venir a cualquier festival. Poco importó que cayese un tormentón que dejó algunas secuelas en el recinto (balsas artificiales, barras inundadas) pero que no tuvo mayor trascendencia ni en el horario ni en el cartel.

Slint, Laurent Garnier, Growlers… Lo mejor transcurrió fuera de los dos escenarios grandes, que pese a todo han conseguido despejar la mayor parte del recinto. La nueva distribución ha convertido al Primavera Sound un festival algo más cómodo que en los últimos años. Salvo por la idea de poner a Los Planetas en un miniescenario justo en la entrada (creando un considerable atasco), pocas pegas quedan…

Dr. John

Black Gallego: La magia de Nueva Orleans traída directamente hasta el Parc del Forum para alegrarnos la tarde tras unos instantes de lluvia que nos hacían temer lo peor. Afortunadamente, pudimos disfrutar de un cielo despejado mientras el Doctor nos ofrecía un concierto divertido y con groove, demostrando que él que tuvo, retuvo. (7)

Toni: Había ganas de vivir una experiencia en vivo del gran mito de la música de New Orleans. Dr John embrujó a todos con sus ritmos como el gran chamán que es a sus seventaytantos. Verle pasar de deslizar los dedos por los teclados a aporrear la Fender como si fuera parte de su cuerpo es sentirse por momentos dentro de otro mundo: un pedazo de Mardi Grass en Barcelona. El contrapunto de un toque de elegancia que también le hace falta a un festival como este. Grandioso. (8,55)

Natxo: Toda una vida de currante para terminar convertido en el abuelo estrella a sus 73 años. Al teclado, piano o guitarra, Dr. John es un tío muy grande que convierte el Rhythm & Blues en una fiesta de influencias con una banda detrás tremenda, desde a los teclados como al trombón, cuyo solo mostró distintos tipos de registros asociados a oros instrumentos. La vieja escuela que en ningún momento parece añeja, sino joven y bien viva. (8)

Andrés Gallego: No sé qué pensará Dr. John de haberse puesto tan de moda a estas alturas de la vida, pero a nosotros nos vino de perlas la oportunidad para poder disfrutar con un clásico del sonido de Nueva Orleans en vivo y en directo como primera gran cita del viernes. Demostrando más tablas que el 90% de los artistas en el cartel juntos y acompañado de un grupo de músicos espectacular, dudo que nadie quedara decepcionado con la divertida y enérgica actuación ofrecida. (8)

Pixies

Black Gallego: Los tres primeros temas me hicieron perder los temores sobre el concierto de Frank Black y sus secuaces, sacando una buena ración de riffs que nos hicieron vibrar. No obstante, pronto se pinchó la burbuja y el concierto se tornó plomizo. Cuanto más abusaba Frank de su acústica, más ganas daban de romperla contra el suelo. Menos mal que Santiago dio la talla. Sin embargo, me rindo ante la evidencia de temazos como ‘Here Comes Your Man’. (4,5)

Ferraia: Con la mosca en la oreja de Indie Cindy y la ristra de nuevos temas, no sabíamos por dónde iban a salir Pixies, si iban a sacar a pasear demasiadas nuevas canciones o tocaba un clásico detrás de otro. Tocó esto último (con alguna nueva intercalada, sin pasarse) y el grupo de Boston logró agitar al público en muy poco tiempo. No tocaron sobre la treintena de canciones, como en otras ocasiones, pero no faltaron grandes interpretaciones de temas como ‘Crackity Jones’, una espectacular ‘Vamos’ o una imponente ‘Nimrod’s Son’. Paz Lechantin funcionó muy bien en la parte vocal, aunque se notó en el bajo de ‘U-Mass’ que no tiene la capacidad de Kim Deal. Pero muy bien, y un detalle dejar a Dave Lovering cantar con ‘La La Love You’. (8,6)

Gallego sr: La decepción que supusieron para mí Pixies durante su última visita al Primavera Sound hizo que me enfrentara a su concierto con pocas expectativas, más bien como un trámite en una franja horaria sin nada más relevante a lo que asistir. Sin embargo, fíjate tú la sorpresa, Black Francis y los suyos se desenvolvieron con gracia, si bien es cierto que tanto ellos como nosotros íbamos a dos velocidades: una para sus grandes clásicos, estupenda, y otra para los nuevos temas, claramente más plomiza. Con todo, nos dejaron satisfechos. (7)

The National

“The National” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/9the_national_(80)ret.jpg" class=”centro” />

Toni: A pesar de que algunos se empeñen en no reconocerlo, The National era el gran plato fuerte de este Primavera y cualquier sacrificio (como dejar de lado a The War on Drugs por sus problemas de sonido) merecía la pena. Por eso, no paraba de repetirme “Yo he venido aquí para esto” como si fuera el mantra cruyffesco de “Hemos llegado a la final. Salid y disfrutad”.

Sé que The National no son un grupo del agrado de muchos, pero hay que reconocer que la banda es una de las mejores que hay en la actualidad, sin paños calientes. Se debe, en gran parte, al contraste de un Matt Berninger que siempre brilla gracias a su voz (si aún hay quien diga que es un triste…) y a uno de los mejores baterías de la actualidad, Bryan Devendorf. Al final, TN es una gran familia que se lo pasa bien haciendo lo que hace y eso hicieron ver anoche.

Desde que empezó a sonar ‘Don’t swallow the cap’ hasta que terminó ‘Terrible Love’, pasando por momentazos como ‘Slow show’ con Justin Vernon aka Bon Iver y ‘Mr November’ con Hamilton Leithauser Paul Maroon de The Walkmen (que los pobres pudieron hacer poco, más bien), todo fue una comunión entre un público entregado y la locura transitoria de Berninger. Lo mejor del festival. Y que digan lo contrario. (9,25)

Gabihey: Matt Berninger dando asco a Matt Berninger. Salvo eso, todo bien, mejor que bien. Momentos para saltar, momentos para agarrar al de al lado, momentos para gritar como fans inglesas desatadas ante la llegada de Justin Vernon (a la guitarra y al falsete de ‘Slow Show’) y momentos -todos- para fliparlo una vez más con Bryan Devendorf a la batería. (9)

(nota de probertoj: esto no hay quien se lo crea, alguien tomó demasiado drogas del amor.)

Jesu

Mohorte: En un momento dado del concierto, juro que vi a almas errantes dormidas frente al escenario. De pie, ejecutando un headbanging somnoliente y ritual, parecían envueltos por las guitarras de Justin Broadrick. La guitarra. La única. Las demás, incluida la batería, entraban por ordenador. De allí salía un muro de sonido Drone, acompasado por imágenes de nubes y edificios derruyéndose, al que sólo cabe calificar como pelmazo. Las tres de la madrugada NO es el momento para Jesu. Cuesta creer que haya momento para un concierto de Jesu. Pero definitivamente NO era aquella hora. Gallego senior debió dejar el lugar abrumado por el Drone. Gallego júnior sufría en tercera fila. En un momento de trance, llegué a escuchar cómo Broadrick, tras la misma nota sostenida todo el rato, me susurraba: “Si toco una canción de nueve minutos me pego un tiro. Lo juro. Me lo pego”. (4,5)

Black Gallego: No me atreveré a decir que lo que Justin Broadrick fue un mal concierto, porque sería mentir más que otra cosa, pero es innegable que no era el momento ni el lugar para la música de Jesu. Dejando a un lado lo evidente que era que iban con muchas cosas pregrabadas y el momento pifia con el reproductor de las proyecciones de fondo, sencillamente no era lo que nos hacía falta en ese momento. (6)

Gallego sr: Alguien debió echarme algo raro en la bebida porque mi estómago fue incapaz de aguantar los drones de Jesu golpeando directamente al píloro. Que a Justin Broadrick le dé por llevar la mitad de lo que tocan grabado en el portátil tampoco ayudó a que me sintiera mejor. Se hizo duro, muy duro. (4)

Vatican Shadow

Ferraia: Impresionante. Un live corto pero intenso, unos cuarenta minutos en los que el estadounidense sacó a pasear toda su violencia industrial y techno, haciéndonos olvidar que está domesticando su sonido. En el directo revolucionó una carpa a reventar en la que el bueno de Fernow se vino arriba también, subiéndose a la mesa al ver la actitud de los presentes. Mientras tanto, las proyecciones bélicas, acordes a su línea crítica con la política americana. Muy bueno. (8,4)

!!!

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Natxo: Un repertorio fácil, efectista y bailable. Lo tenían todo para convertirse en uno de los grupos buenos en el cierre. Claro que luego suele pasar lo contrario. !!! montaron su karaoke donde la banda estaba desaparecida debajo de una caja de ritmos demoledora y machacante, sin atractivo alguno. Qué manera más absurda de echar por el suelo grandes hits, para al final que una nueva fuese una de las mejores del concierto. Ellos intentaron remontarlo en los últimos temas pero no hubo manera, Nic Offer estaba por libre, haciéndose su show de Mick Jagger (solo que esta vez no llevaba sus gayumbos de Some Girls de los Rolling) con bailecitos y con su paseo por el público; cantar ya es otra historia. Decepción. (2)

Poliptoton: Ay, irte hasta Mordor a altas horas para que uno de los supuestamente infalibles falle. Hubiera jurado que eran un valor seguro, pero plantearon el concierto de la manera más equivocada posible (¿protagonismo para el cantante? ¿por qué?) con una desastrosa ‘Me and Giuliani Down by the School Yard’ como mejor ejemplo y para colmo, justo cuando la cosa se empezaba a animar (irónicamente, con temas nuevos) cerraron el chiringuito. Les doy el aprobado porque me entretuvieron (aunque qué menos) y porque me salvaron de la trampa mortal del Escenario Bajona en que se convirtió el Pitchfork-Vice a esas horas. (5)

Factory Floor

Natxo: Factory Floor en álbum están bien, como tantos otros grupos británicos de electrónica del momento. De los que se quedan en el limbo de lo correcto, sin destacar por nada en especial. Por suerte en directo se pasan a un Techno más duro que en sus canciones, les mola crear desarrollos hacia arriba metiéndote en ellos de forma eterna sin llegar a romperlos, algo que se agradecería, pero el Trance de estos días tan explotado prefiere recrearse en el ascenso frente a lo efectivo. Una contundencia de agradecer. (7)

Mohorte: Tuc tuc tuc, tuc tuc tuc, tap tap tap. Tic tic tic, tuc tuc tuc, tap tap tap. Sí, Factory Floor. Exactamente lo que todos necesitábamos a esa hora. Tuc tuc tuc, tic tic tic, tap tap tap. Jesu nos había sumergido en un pozo de desesperación y vosotros nos rescatasteis. Tuc tuc tuc. Sí. (7,4)

Gallego sr: A base de electrónica macarrilla, Factory Floor consiguieron quitarnos el mal cuerpo que nos dejó Jesu un rato antes. Cierto es que se hacían densos cuando se empeñaban en dar vueltas sobre su sonido en lugar de dejar que explotara la fiesta, pero como calentamiento para lo que vino después no estuvo mal. (7)

Ferraia: Cajas de ritmo echando humo, pequeños cambios en los que incluían nuevos matices mientras la base rítmica tenía unas pequeñas variaciones. Tocaron los jits de su debut de homónimo título en los que hicieron arder la pista de baile. Un buen directo de imponente synth pop y minimal wave para el pueblo. Jitazos por doquier. (7,7)

Black Gallego: Esto era lo que me pedía el cuerpo a esas horas. Buena electrónica con la que sacudirse a gusto y adictiva a más no poder. Cierto es que a veces se les iba la cosa de las manos y la guitarra que llevaban era más por postureo que por otra cosa, pero rindieron notablemente y sin duda disfruté como un enano. (7,5)

Sharon Van Etten

“Sharon Van Etten” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/9sharon_van_etten_(41)ret.jpg" class=”centro” />

Mohorte: No era el momento ni el lugar. Cabe plantearse si para Sharon Van Etten hay momento y lugar en un festival como el Primavera Sound. Pese a la propuesta acústica, melancólica, triste, pese a todo, Van Etten se las arregló para no hacer de su concierto una sucesión de lamentos ininterrumpida. Algunos detalles brillantes y un sonido, eso sí, impecable. Había que estar muy metido en el concierto para seguirle el hilo. (6)

Toni: no sé si soy yo o me apetece mucho más ver a Sharon van Etten sentadico en un teatro o una sala pequeña. El problema es que la queremos y esperamos mucho de ella. Una voz grandiosa y dos discos como “Tramp” y “Are we there” que nos han dado muchas horas de buenos momentos. Al menos tocó ‘Serpents’, que si no… Correcto y ya si eso mejor otro día, con café y mantita. (6,49)

Gabi: Ay, Sharon. En un festival en el que ella misma comentó las ganas que tenía de ver a The War on Drugs — casi solapados en el Pitchfork — no parece demasiada buena idea guardarse los tres jitazos (‘Serpents’, ‘Your love is killing me’ y ‘Every Time The Sun Comes Up’) para el final. Pese a las disculpas por lo ocurrido hace 2 años, faltó conexión con el público y un escenario más apropiado para su música (¿Auditori?) (7)

Poliptoton: Los megafestivales acaban teniendo estas cosas: querer ver un grupo (Slowdive) pero acabar renunciando sólo por no trasladarse allí y verlo desde otro término municipal (he visto instalaciones militares de máxima seguridad desde más cerca que Queens of the Stone Age ayer). El resultado fue acabar por casualidad delante de Sharon Van Etten, muy perfecto, muy encantador y todo eso, pero exactamente el tipo de concierto que no necesito ver: prefiero ponerme el disco en casa con un copazo en la mano. Por cierto, aprovechó para disculparse por sus palabras de la última vez que actuó en ese escenario, aunque la mayoría de la gente no parecía saber muy bien de qué iba la historia. (6)

Kokoshca

Mohorte: Los directos de Kokoshca pueden funcionar mejor o peor, pero llegado el momento hay dos luces en el horizonte que jamás se apagarán: ‘Directo a tu corazón’ y ‘La fuerza’. Resultó imposible no saltar y cantar hasta dejarse la voz, especialmente, la segunda, que sonó tan bien, tan enérgica y tan generacional como en la versión del EP. Por lo demás, Kokoshca mantuvieron el tipo media hora. Suficiente. (7)

Gabihey: las canciones de Kokoshca como himno generacional, ya lo hemos hablado muchas veces. Las ganas de pasarlo bien, de gritar y demorir como borrachos en cualquier rincón. Una hora mucho más apropiada que a la que los tiene acostumbrados el festival hizo el resto para que ‘No Volveré’ sonase a ese jitazo de banda grande que cierra un escenario (¿alguien ha dicho Los Planetas?) (8)

Ferraia: Pocas formas mejores hay de empezar la jornada de un festival con una dosis de pop intensa como la de Kokoshca. Ante una considerable asistencia de público, probablemente algunos ya haciendo sitio para ver a lo que queda de Planetas, tocaron media hora en la que nos dejaron claro por qué hay que quererles. Con esos juegos vocales y sobre todo con esas dos perlas que son ‘Directo a Tu Corazón’ y ‘La Fuerza’ (una detrás de otra), nos conquistaron a todos. Q-q-q-q-q-ué-más-da! Es la puta fuerza. (7,9)

Checa Combativo Cumbiera: Algo ha cambiado en los navarros. Han dejado de cuestionarse sus privilegios, han vuelto a las canciones tristes y melancólicas del maldito indie opresor y a este paso les vamos a poner la cruz de los microfascismos. (0) ¿Cómo? ¿Qué han colaborado con Robo? MEJOR GRUPO DE BLANQUITOS EVER. (10)

Deafheaven

Poliptoton: Requerían un esfuerzo que no todos estaban (¿estábamos?) dispuestos a hacer a esas horas. Todavía estamos discutiendo si el cantante sobra o es imprescindible, pero lo que sí tengo claro es que mejor en disco. (5,5)

Demdike Stare

Ferraia: Hora de ir a la Boiler Room a ver los testpressing de Demdike Stare, con momentos de noise extremo y zarpazos de techno que iba intercalando. Tuvo algún fragmento de unos diez minutos en los que fue muy salvaje con techno contundente, lo que se multiplicaba con la atmósfera de la carpa, llena de altavoces por todos lados. (7,3)

Slint

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Natxo: ambiente solemne y un respeto máximo. Slint parecían estar en un teatro más que en un festival sobre uno de los escenarios grandes. El público pidiendo silencio para una banda a la cual el término Post-Rock es limitar su discurso. Spiderland es la grandilocuencia desapercibida y Slint lo realizaron a la perfección. Incluso se sentaron para ponerse solemnes. Su spoken word cuenta con unos muros de sonido que lo mismo parten de unas guitarras limpias que le dan al Drone y al Hardcore. Alucinante. (9)

Black Gallego: Y llegaron otros que regresaron para salvar la jornada, y de qué manera. Por lo que pude ver en el tema final de Deafheaven parecía muy bueno, y seguro que The Growlers fueron muy divertidos, pero no cambio ninguno de los dos por el fabuloso concierto de Slint. El ATP es el escenario con mejor sonido y ellos lo aprovecharon al máximo tocando con mucha profesionalidad y muy buen oficio. Daba gusto oír esas guitarras de manera tan cristalina y vibrante. Probablemente el mejor concierto del festival hasta el momento. (9,1)

Ferraia: De lo mejor del festival. Si sumamos lo bien que tocaron Slint, fieles y muy contundentes, como si el tiempo no hubiera pasado por ellos, al sonido cristalino del ATP, el resultado fue salvaje. Con desarrollos densos y oscuros y sus característicos guitarrazos, exhibieron el post rock primigenio y la vena hardcoreta para dejarnos sordos. El finalazo con Good Morning, Captain y su final ‘I Miss You’ fue devastador. (9)

Gallego Sr: Solapados con el final de Pixies y el comienzo de The National, muy difícil lo tenían Slint para atraer al público hasta el escenario ATP, que por cierto es el que mejor sonido está teniendo de todo el evento con diferencia. No obstante, los pocos que decidimos darles una oportunidad nos llevamos el premio gordo: concierto absolutamente impecable a todos los niveles, de precisión milimétrica, para ser recordado durante mucho tiempo. (9,5)

probertoj: A ver cómo os lo digo: tensión, headbanging silencioso, sonido abrumador. Un directo de la hostia que desearía que se repitiese ya mismo. Maravilloso (10)

Slowdive

Black Gallego: Un comienzo acertado y sólido fue la base de un concierto que fue creciendo a medida que progresaba. Halstead y compañía le dieron toda una sonora bofetada al concierto de My Bloody Valentine el año pasado, mostrando que se puede tener intensidad y emoción en la sección instrumental sin renunciar al apartado vocal. Muy buena actuación que justifica con creces su regreso (y que nos hayamos desplazado a Calahorra para verlos). (7,8)

Ferraia: Uno de los platos fuertes del día, cumpliendo la cuota de grupos veteranos que vienen cada año y que cumplió con creces. Fue un directo bastante completo, una hora escasa, sin alargar excesivamente y para disfrutar los temas de cabecera de Souvlaki. A diferencia de otros clásicos del shoegaze, no sólo sonaron grandilocuentes, sino que además la parte vocal no quedó subyugada. Y acabó siendo un concierto cojonudo. (8)

The War on Drugs

“The War on Drugs” src=”http://img.hipersonica.com/2014/05/9the_war_on_drugs_(50)ret.jpg" class=”centro” />

Mohorte: Todo hacía presagiar lo peor. The War on Drugs llevaban veinte minutos de retraso y nada indicaba que el concierto comenzaría tarde o temprano. Murmullos entre el público y confusión y visible nerviosismo entre los componentes de la banda sobre el escenario Pitchfork. Más de un cuarto de hora más tarde los técnicos aún no habían encontrado la solución y algunos ya creímos que el concierto no tendría lugar. Y he aquí que la sorpresa nos estalló en el paladar: The War on Drugs tocaron tan arrebatados como en su último disco, al que he de volver cuanto antes. Sonido per-fec-to y canciones alucinantes. Imposible salir de su actuación. Vi cuatro canciones y me bastó: el concierto del festival hasta el momento. (9)

Gabihey: Problemas técnicos aparte, el de los de Philadelphia fue uno de los mejores conciertos de la noche. Después de 11 conciertos seguidos cuesta creer aún más lo frescos, pero también potentes que sonaron. Para el recuerdo ‘An Ocean Between the Waves’ y la maravillosa ‘Red Eyes’. C-L-A-S-E, mucha clase. (9,5)

Poliptoton: Más de veinte minutos de retraso, una docena de personas tirándose los trastos a la cabeza en el escenario, el grupo llamándole de todo menos bonito a los técnicos… Lo que apuntaba a desastre absoluto fue al final, y contra todo pronóstico, el concierto per-fec-to, donde todo sonó exactamente como tenía que sonar y todo ocurrió exactamente como tenía que ocurrir. ‘Red Eyes’ fue el himno que tenía que ser, ‘Under the Pressure’ salvó todas las posibilidades de perderse por el camino y ‘Eyes to the Wind’ fue simplemente una preciosidad.

Me recordaron a los Wilco de hace diez años, aquel grupo que daba conciertos donde todo, todo, todo estaba bien. Corred a disfrutarlos porque su momento es ahora: el peligroso equilibrio en que se mueven supone que con un par de decisiones equivocadas pueden convertirse en una banda odiosa. Yo, ahora que no mira nadie, voy a correr a subirles un par de puntos la nota que le di a Lost in the Dream. (9,5)

The Growlers

Mohorte: Costó alejarse de Slint, pero mereció la pena. Resulta admirable que The Growlers sólo toquen un puñado de canciones de su fabuloso último disco y, pese a todo, mantengan a todo el público presente en un baile suave y continuo, tanto como sus canciones elegantes y desaliñadas. Era tal el embrujo de The Growlers que el propio Lee Ranaldo, que había tocado antes de ellos, estaba en un lateral del escenario sacando las cervezas al grupo. El concierto se pasó en un suspiro y canciones como ‘Someday’ o ‘One Million Lovers’ les hicieron, nos hicieron, levitar. (8)

Poliptoton: Víctimas del retraso de The War on Drugs, me tuve que perder el principio de su actuación, pero tampoco importó demasiado: la fiesta que tenían montada no requería invitación y podías incorporarte en cualquier momento sin que nadie tuviese que explicarte los chistes privados de la noche. Me dieron justo lo que les pedía y esperaba de ellos. (7)

Kvertelak

Black Gallego: Las primeras filas son para los valientes. No era fácil resistir la posición tan cerca, pero no es que fuera la mejor, es que era la única manera de disfrutar al 100% de lo que ofrecían los noruegos en el Vice. Y sin duda mereció la pena resistir en aquel pogo tan violento, porque el show de Kvelertak fue apabullante y demoledor. Sin casi descanso, un cañonazo tras otro hasta el final donde tocaron su tema homónimo para que pudiéramos alabarles como se merecían. Larga vida a Kvelertak. (8,7)

Poliptoton: Venir con la impresión de que vas a durar cinco minutos y quedarte absolutamente encantado, ésa es una de las gracias de los festivales también. El Vice tiene la facilidad de reproducir el ambiente de una sala en este tipo, lo cual es imprescindibkes para chous como el de los noruegos. “Hard rock socialdemócrata”, los llamó Ferraia. Ni caso: se alejan de solemnidades impostadas, se toman por suerte muy poco en serio a sí mismos y son ante todo arolladoramente divertidos. Que vengan más. (7,3)

Ferraia: Hardcore punk socialdemócrata desde Noruega. Empezaron muy fuerte, incluso con empujones entre el público y mucha potencia, pero rápidamente acabaron en un bucle en el que tocaron la misma canción durante 40 minutos. El momento ideal para hacernos unos sándwiches. (6,99)

Gallego sr: La cita más metalera del festival se saldó sin tener que lamentar ningún herido de gravedad, aunque por falta de violencia no fue. Cierto es que sonaron menos death y más primarios que en disco, pero no creo que ninguno de los que nos metimos a la pomada en las primeras filas lamentáramos la situación. Los noruegos estuvieron entregados y el público respondió como es debido, disfrutando de un grupo que puede llegar a ser un referente de lo suyo en no mucho tiempo. El mundo necesita más Kvelertaks. (9)

Laurent Garnier

Gallego sr: Si algo he aprendido en los Primavera, es que a partir de cierta hora, cuando ya todo es electrónica, lo mejor es seguir el camino que nos marca Natxo Sobrado, el Guardiola de los sintetizadores. Desde que empezó el festival venía calentándome la cabeza con que Laurent Garnier iba a ser la cita y, maldita sea, fue LA cita. Fiesta absoluta hasta que salió el sol sobre el Mediterráneo, bailes hasta hacer papilla las espinillas, entrega total a la cultura de la pachanga. Todo lo máximo. (12)

Natxo: Tantas escenas, décadas y momentos. Laurent Garnier tiene el culo pelao y aunque aparente poner el piloto automático acaba montando la fiesta del día. Para ello empieza con un Techno de la primera época, calentando el ambiente, recreándose. En adelante va introduciendo otros guiños externos acabando incluso con parte de Ragga y de bajos actuales pero sin cambiar su discurso. La experimentación para otros. El cierre debe quedar en manos de su parte Acid, aparecen los pianitos, los cambios de ritmo que rompen sin necesidad de pedir perdón por dar lo que se pide a las 6 de la mañana y mientras amanece, Garnier culmina su eficacia con su himno al cual no le falta la línea de saxo. ‘The Man With the Red Face’ es 14 años más tarde el resumen del show. (10, en honor al dancing queen Gallego)

Mohorte: Casi a las seis de la mañana, Laurent Garnier tenía frente a sí a miles de almas hipnotizadas. A las cinco y media de la mañana nadie quería irse a casa. Después de un día largo. Después de la lluvia. Después de los miles de conciertos. Garnier, toda la experiencia de la vida a sus espaldas, se marcó una sesión antológica, brutal, a la que resultó imposible no elevar a los altares del festival. Un colofón inmejorable. (9)

Ferraia: Grande el francés, una sesión en la que motivó a miles de personas desde el minuto uno, manteniendo pogos constantes hasta el cierre. Interpretó muy bien el momento de la noche e introdujo buenas bases de electro conjugadas de raigambre house. Uno de los picos de la sesión fue sin duda ‘Crispy Bacon’ a mitad de sesión, con la que todos enloquecimos. De cara a la media hora hubo un hueco para el acid y acabamos todos a las 7 de la mañana con una sonrisa de oreja a oreja al escuchar ‘The Man With The Red Face’, el chute de energía final para los que estaban en las últimas. Por cierto, entre tanto olivo en el público ondeaba una bandera de Corea del Norte. #QueridoLíder está presente. (8)

Haim

(Nota de probertoj: cogimos a un fan de Haim para ver qué pasa, ya que nosotros no íbamos ni a acercarnos)

Markus Steen: El cielo de Barcelona se abrió tras un diluvio vespertino que llenó Instagram de arco iris y el Parc el Forum de charcos inoportunos. Danielle, Este y Alana, las hermanísimas Haim, llegaban con la tarea de convencer al público más escéptico (y pendiente de la raja de la falda de la hermana alta), de que lo suyo va más allá del “hype”.
Danielle, enérgica y con individualidades de nivel a la guitarra, puso empeño en que su propuesta músical, pop-rock ochentero de Los Ángeles que baila al ritmo de Shania Twain, saliera con la cabeza más alta que el Cholo en la final de Lisboa. Y lo logró en una segunda parte muy vibrante (“Let’s get this party started!”, gritó hasta 3 veces) donde sonaron las irresistibles Don’t save me, Forever, The wire y Let me go.

Que alguien le diga a Buzzfeed que internet necesita “21 movimientos de mandíbula en directo de Este Haim”.

(Nota de probertoj: y esto es lo que pasa. Y luego nosotros somos los sordos)

Etiquetas que nos salen de esta segunda jornada:

* Hardcore punk socialdemócrata
* Drone Windows Media
* Rompe-espinillas de peluquería
* Rock adulto de la biomasa
* Cebollazos catedralicios de ciberpunk
* Headbanging autista
* Punk Metal para búhos eslavos
* AOR Hiperventilado

Indicaciones del equipo de Hipersónica para encontrarse en el recinto

(y que no debéis repetir si queréis encontraros con alguien)

* “Cerquita” (sic) del escenario
* Delante pero sin pasarse
* Escenario bajona, carpitas del centro
* Donde el palo
* A medio camino de todo
* Donde antes, pero más adelante (n.e: y estaba más atrás y en otro lado)
* Poco probable que nos veáis, ya os lo digo

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