Primavera Sound 2015, sábado: el soberbio dominio de la psicodelia

Último día del Primavera Sound 2015 y la actuación del que, posiblemente, fue el concierto más multitudinario del festival: The Strokes. Junto a ellos, poco antes, Interpol, también repleto de gente hasta la bandera. Al margen de ellos, un puñado de grupos que a lomos de la psicodelia encandilaron en diversos escenarios, durante toda la tarde y toda la noche. El sábado fue un fenomenal día de conciertos, una jornada donde saltar de artista en artista implicaba pasar de alegría en alegría. Sin más, vamos con la última crónica (aquí viernes, aquí jueves).

Swans

Black Gallego: Aquí otro de mis motivos principales para ir al festival y ellos mismos se encargaron de justificarlo haciendo todo suyo el Auditor durante dos horas. Michael Gira activó el modo jefe indio y nos hipnotizó con su completa y visceral instrumentación, desde la sublime percusión hasta las líneas de bajo más gruesas y punzantes imaginables. Nada estaba hecho al azar y cada pieza era tocada con rabia, a dolor, dispuesta a ponernos al límite sin importar nuestra lejanía. Quizá el punto más negativo sea un Gira con bajo nivel vocal, pero con una interpretación casi excelsa y rompiéndonos los esquemas con ‘Frankie M’ o ‘A Little God in my Hands’ sólo se puede hablar de unos de los conciertos más increíbles de todo el festival. (9,9)

American Football

Mohorte: Era complicado imaginar de qué modo American Football iban a trasladar la delicadeza de sus canciones al contexto de un festival masivo como el Primavera Sound. Pese a ello, fueron muchos los que desearon acercarse al Escenario Pitchfork a comprobarlo. Poco antes del inicio del concierto apenas cabía un alma: cuarenta minutos después, todos los que aún quedaban por allí habían ganado cinco metros más cerca del escenario. Lo cierto es que American Football ahuyentaron de forma progresiva a los menos incondicionales. Conforme sus paisajes instrumentales se alargaban, conforme la compleja estructura de sus canciones se hacía más pesada, conforme su intimidad de dormitorio quedaba más al descubierto, el público se esfumó. Y muchos se perdieron la maravillosa ejecución de ‘Never Meant’, que por sí misma valió el festival.

american-football-primavera-sound

El resto del concierto, bien, correcto, notable alto. Instrumentalmente perfecto: vocalmente algo más deficiente. La actitud distante del grupo tampoco contribuyó a que muchos se sintieran dentro del concierto. Para quienes acudíamos allí con la esperanza de reproducir en vivo canciones que han definido nuestra existencia, el premio fue más que suficiente. Un concierto bastante original (reestructurar canciones en dos, como ‘The Summer Ends’, cambiar sustancialmente la parte final de ‘Honestly’) y tan especial como imaginábamos. (8)

Foxygen

Black Gallego: Esa loca primera parte con más ganas de dejar a la gente descolocada que por querer conquistarlos tocando y una ausencia casi total de jitazos podría ser la condena de cualquier grupo random. Pero hablamos de Foxygen, estas bizarradas están en su ADN y hay que quererlos tal y como son. Y cuando se pusieron a tocar de verdad, fue una auténtica delicia. (7,5)

Ferraia: Algunos empezamos la última jornada con uno de los platos fuertes del festival, Foxygen, bastante esperados para bastantes. Preveíamos que iba a ser algo histriónico, acorde con la personalidad de Sam France, que estuvo todo el rato haciendo de su personaje, corriendo de aquí para allá, sembrando el desconcierto entre sus propios compañeros de escenario y del público. Sobre todo cuando lo abandonaron en un ¿improvisado? bis en la cuarta o quinta canción. Vamos, que fue un concierto como lo esperábamos, un desastre en algunas ocasiones y muy divertido cuando ejecutaban fielmente algunos de sus mejores temas. En ese sentido, me recordaron un poco al concierto que vimos de Titus Andronicus, con momentos muy polarizados en el concierto. Pero esas sensaciones tan contradictorias, y con un Sam France que no llegaba a las canciones al principio, fueron las que definieron su concierto. (WTF) (6,7)

Gallego: ¿Maravilla o majadería? Cuando terminó el concierto, ninguno de los allí presentes éramos capaces de determinar si habíamos visto un gran espectáculo o una auténtica tomadura de pelo. De lo que no hubo duda es del enorme talento del grupo y de que, cuando se lo proponen, son capaces de tocar como los ángeles. El resto del tiempo se lo pasan perdidos en sus propias locuras. (7)

Mohorte:

giphy

Natxo Sobrado: Tienen talento, juventud y buenas referencias de las cuales han aprendido todo lo que intentan hacer (parte de las oscuridad psicodélica de los Doors, el desparpajo afilado de los Rolling, el glam y la actitud de Bowie y T-Rex), pero luego se dedican a hacer un show a la altura de José Luis Moreno si este encontrase rentable el negocio del Indie. Patochadas a lo Pimpinela, cantando son fuerza, con el bombo y los graves estropeando todo el conjunto y así tantas cosas. Cuando quieren lo bordan, clavan las baladas más melosas y afloran el talento que sí tienen en estudio. Solo que esto es cuando quieren, antes es de ser unos gilis por no aprovechar su calidad e irse por la vía más tonta. Pese a todo, hay que confiar en ellos. (0)

Interpol

Black Gallego: Demasiado lejos para poder apreciarlo en toda su extensión, pero no podemos hablar de un mal concierto por parte de uno de los cabezas de cartel de este año. Tampoco uno memorable, a pesar de que a nivel de repertorio no estuvo nada mal. Al final queda una sensación agridulce, como en The Black Keys, pero me esperaba cualquier cosa y no salí del todo desagradado. (6)

Gallego: Sí, eso de que “el primer disco era mejor y tal” es el tópico por excelencia del cuñadismo hipster, pero Interpol son una muestra tan evidente de ello que en conciertos como el de ayer quedó sobradamente patente: qué gusto da oírlos cuando tocan las buenas y qué aburridos se hacen cuando se ponen con las nuevas. Aun con todo, tanto unas como otras las clavan con profesionalidad, eso se lo tenemos que conceder. (7)

Mohorte: Es posible que no hubiera ni momento ni lugar para Interpol en el Primavera Sound. Un grupo cuyo mejor momento pasó hace más de una década, que jamás fue lo suficientemente grande como para recurrir a la nostalgia generacional, que tampoco es tan bueno como para mantenerse en la misma línea tanto tiempo después, frío, dada la naturaleza de su música. Un grupo, en definitiva, descontextualizado. ¿Sonaron mal Paul Banks y el resto de sus compañeros en el Escenario Heineken? Difícil decirlo, pero desde luego lo hicieron rayando una preocupante mediocridad, a la altura de sus últimos discos. Eso sí, cuando cosas como ‘Say Hello to The Angels’ salieron a relucir (sorprendentemente pronto), lo bordaro. Aquel disco lo aguanta todo. (5)

Natxo Sobrado: Podrán vivir de las rentas y haberse asentado en un sonido y personaje soporífero, pero Interpol saben cumplir con un sonido profesional para su repertorio. Otra cosa es que este pueda aburrir, algo fuera de cuestión quitando algún hit de los buenos inicios. (5)

The Strokes

Ferraia: Otras de las citas importantes, una de esas que no sabes si sortear tras escuchar los últimos trabajos, pero allí que nos plantamos para ver el fascinante pelo rojo de Casablancas. El sonido no era el mejor porque en ocasiones había demasiada distorsión que impedía escuchar todo nítidamente, pero desde luego fueron a sacar la artillería pesada, y cuando sonaron clásicos como ‘Someday’ o alguna perla del Room on Fire como ‘I Can’t Win’ nos engancharon a todos los presentes. (7,4)

Gallego: Saltaron tarde al escenario y tardaron todavía más en arrancar realmente, aunque por suerte para ellos el público puso mucha más energía cantando y consiguió disimular la desgana que por momentos mostraban. Sonaron bien al final, a la hora de los temas imprescindibles, y con ello conquistaron a quienes ya iban convencidos de antemano. El resto pasamos por allí como ellos mismos: sin tener nada mejor que hacer. (5)

Natxo Sobrado: El grupo generacional de un público que bajó la edad media de la última jornada del festival se permite el lujo de salir 15 minutos tarde sin tener pitos en su contra, con todo el cartel girando a su favor, congregando a una gran masa ante el espectáculo de Casablancas. Este tiene menos vida que un cerdo camino al matadero, la desidia con la que canta no la salva ni el filtro del micrófono, pese a que sus canciones precisen de pocos juegos. La primera mitad fue lamentable, las nuevas canciones hasta lograron vaciar parte del público. Estas necesitan ser salvadas por una traca final de hits perfectos, con las guitarras mínimamente sucias y ofreciendo el repertorio esperado por todos. Hace tiempo que da igual su bajada creativa, si suenan sus dos primeros álbumes la gracia sigue y se disfruta, hasta con Casablancas en estado sólido. (5)

Earthless

Earthless-PS-1

Black Gallego: Alejado ya del agobio en The Strokes, se llegó justo a tiempo para ver a este power trio soltando espectaculares riffs de Stoner/Space Rock. Todos tus grupos favoritos de psicodelia y hard rock de los setenta en un mismo escenario y repartiendo caña de manera desenfrenada. Ni los solos de guitarra se hacían interminables ni la batería sonaba blandita. Y justo cuando ya se habían ganado nuestro aplauso, cuando tras casi una hora de desgastarse tocando ya parecía que no podían con su alma, sacaron fuerzas para terminar de volarnos la cabeza con una potente versión del ‘Foxy Lady’ de Jimi Hendrix. En definitiva, un pasote de inicio a fin. (8,1)

Mohorte: Craso error hubiéramos cometido algunos si hubiésemos aguantado todo el concierto de The Strokes. A la tercera canción abandonamos el, sin duda, concierto más abarrotado del festival, con la enésima promesa de no volver a pisar Mordor ni un cabeza de cartel así por nuestra vida. Fallaremos, claro. Entre tanto, andamos el largo camino para plantarnos en el Escenario Adidas, el más especial de todos cuantos dispone el Primavera Sound cada año. Dónde si no se podría haber visto a Earthless, un grupo que es básicamente un gigantesco solo de guitarra absolutamente colocado que mezcla referencias a Hendrix, Page y otros tantos ilustres guitarristas de psicodelia y Hard Rock primitivo. Una delicia, una barbaridad. Treinta minutos de éxtasis instrumental continuado (guitarra, bajo, batería), sin apenas momentos de bajón. Para colmo de bienes, fin de concierto con versión de ‘Foxy Lady’. A sus pies. (9)

Dan Deacon

Ferraia: Cualquier persona que no haya visto a Dan Deacon debería apuntárselo en rojo para cuando tenga la oportunidad de verle. No defrauda nunca. Lo suyo es divertimiento puro, y más si empieza tan fuerte con uno de los mejores temas de su último álbum, ‘Sheathed Wings’. Mediante vocoders, sonidos tribales de teclados y mucha potencia, lo suyo fue un espectáculo de luces y color. Y más majo que las pesetas, claro. La vida. (8)

Mohorte: Entre el impás que separaba a Earthless de Thee Oh Sees me acerqué al Escenario RayBan, en busca de Dan Deacon. No era parada prioritaria en mi camino por un motivo: ya le había visto hace dos años, en un concierto divertidísimo. Allí, entre la alegre algarabía de todos los reunidos frente a Deacon, descubrí lo tremendo de mi error. De ahora en adelante prometo no perderme cualquier concierto de Dan Deacon. Siempre son una fiesta, la gente mantiene una sonrisa sempiterna, hay bailes colectivos, buen rollo, performances grupales orquestadas por Deacon, ¡dragones-globo sobrevolando a la audiencia!, y un batería descomunal. Ritmo, colores, alegría y una sensación de pura, honda felicidad. Dan Deacon es un músico maravilloso y si alguien no revive por dentro con un concierto suyo es porque no tiene alma. (8,4)

Shellac

Gallego: No haber visto a Shellac en el Primavera Sound a estas alturas de la vida debería ser un delito, pero por suerte para quienes se dedican a retrasar el momento, cada nueva oportunidad de disfrutarlos en directo es tan buena como la primera. Lástima que el bullicio que llegaba desde HEALTH, tocando en el escenario contiguo, consiguiera cubrir en determinados momentos la primaria propuesta del trío. En cualquier caso, una vez más, no fallaron. (8)

Thee Oh Sees

thee-oh-sees-primavera-sound

Gallego: A una hora en la que muchos están ya pensando en el serrucho de la electrónica, el cuarteto de San Francisco demostró que una buena dosis de Garage a toda pastilla puede ser tan buen motivo para la fiesta como el que más. Sonaron perfectos, tocaron lo que tenían que tocar y fue imposible pasárselo mal. El mejor concierto del último día sin discusión. (8,5)

Ferraia: Huimos de Underworld al ver cuál era la propuesta para el concierto, y llegamos a mitad de los Thee Oh Sees, que estaban dando un recital en el escenario que mejor suena, el ATP. Con dos baterías y una ferocidad tremenda, la banda es cada vez mejor en directo, y lo suyo el sábado fue brutal. Todos sincronizados a la perfección y golpeando a la vez con ese garage pesado y esa psicodelia vuela cabezas. Muchas veces en el Primavera, pero cumplidores como siempre. (8,5)

Mohorte: Y continuando la improvisada ruta psicodélica del sábado noche, Thee Oh Sees. Marcados en rojo en el planning, en el Escenario ATP. A estas alturas de la película, nadie debería sorprenderse al descubrir que el grupo es John Dwyer y un ocasional y no siempre esable grupo de fantásticos músicos acompañándole en sus idas y venidas. El rey anoche fue él, una vez más. Salvaje pogo en las primeras filas, extendido mucho más allá que en cualquier otro concierto del festival. Ejecución a la guitarra impecable, un muro de sonido atronador y la sensación, otro año más, de estar ante el grupo de Rock americano más grande de nuestra generación. Optaron por la versión salvaje y radical de su repertorio de canciones. El resultado, una tralla brutal, una máquina de triturar, pam, pam, pam, sin descanso. Inmejorables, unos fenómenos. (9)

Hookworms

Hookworms-PS

Black Gallego: Tras ir pasando entre varios conciertos, finalmente tenía que acabar en el que se estaba convirtiendo en uno de mis escenarios favoritos (con permiso del ATP y su sonidazo) y, como era de esperar, lo que allí había sólo podía tener mucha calidad. Hookworms salieron para arrasar y deslumbranos con su raca raca psicodélico que sonó de lujo. Me consiguieron conquistar mucho más que en disco y me rendí irremediablemente a sus impresionantes recursos lisérgicos. (7,9)

Ferraia: Y después de los bestias de Oh Sees, a ver a otros bestias, estos no con tanta trayectoria, pero que ya empezaron a despuntar con su debut de hace un par de años. Sólo tienen dos discos y su directo no es que fuera muy largo precisamente, pero fue muy intenso. La locura en los gritos que emitía su vocalista y la fiereza psicodélica que tienen gracias a sus riffs y el uso de sus teclados nos doblegaron a los pocos que estábamos en el escenario Adidas. Que por cierto, es otro para lucirse, pues suena de maravilla. Muy grandes. (8,3)

Gallego: Tan jóvenes y sonando tan fabulosamente, los de Leeds fueron el broche final perfecto para un festival donde, una vez más, los pequeños vinieron al rescate de la cita y demostraron mucho más que gran parte de los cabezas de cartel. Duró poco, pero con cada canción los allí presentes nos mirábamos incrédulos, preguntándonos cómo podía ser que lo estuvieran haciendo tan bien. (8)

Mohorte: Era complicado imaginar cómo en los estertores del sábado noche, cuando el festival se encaminaba a su final, una propuesta tan densa como la de Hookworms podría funcionar. Parecía, a priori, tan sencillo salirse de sus canciones, de su psicodelia a mitad de camino entre las canciones de juguete y el Space Rock de altos vuelos. Nada de eso: el grupo bordó su actuación, ejecutando de forma magnífica las canciones tanto de Pearl Mystic como del soberbio The Hum (especialmente de este último). De modo que, por más que en el Escenario Adidas, a esas alturas de fin de semana, todos perteneciéramos más al reino de los no-vivos que al de los vivos, Hookworms nos atraparon. Lanzaron la red, nos colocaron en una nube y nos arrastraron hacia una fértil playa donde era tan sencillo disfrutarles como vaciar nuestra mente. Exactamente lo que se necesitaba en ese momento, una inhabilitación total de nuestras tareas cognitivas y una explotación inmisericorde de nuestra naturaleza sensitiva. Cuando terminaron, nos fuimos a casa. Era imposible dejar el pabellón más alto. (8,5)

Natxo Sobrado: La psicodelia más densa de un grupo joven que realizó el viaje como si llevasen veinte años en esto. Perfectos. (8,5)

Anuncios