Tras un descafeinado primer día, el viernes trajo por fin una serie de grandes actuaciones para justificar la visita a Barcelona un año más. Siendo quizás la jornada con los nombre menos atractivos sobre el papel, el resultado llegó cargado de diversión y del bendito problema de tener que elegir entre dos o hasta tres conciertos atractivos en muchas ocasiones. Así lo vivimos nosotros.

The KVB

Ferraia: A priori era uno de los conciertos shoegazeros que tenían interés en el festival. De hecho, se congregó cierta gente a pesar de la hora intempestiva. No fue desde luego uno de esos conciertos que perdudarán en la memoria colectiva, pero cuando apelaron a algunos de sus temas más redondos, mantuvieron un buen muro de sonido, necesario para disfrutar del género. Con todo, también tuvieron sus instantes de monotonía producidos por la distorsión de la guitarra y un teclado que tampoco ofrecía muchas alternativas para romper esa sensación de bucle continuo. Nos quedamos con las mejores partes de distorsión. Pero mejorable. (6)

Ex Hex

Ferraia: La veterana Mary Timony capitaneando Ex Hex para un concierto que congregó a bastante gente en el escenario Pitchfork. Estuvieron presentando su debut juntas, Rips, bastante entonadas. Sacando a relucir su talento y trayectoria indie rock. Un directo disfrutable como aperitivo para el largo día que venía. Buenas formas para un grupo de chicas con amplia trayectoria a sus espaldas. Lo demostraron. (7)

Patti Smith

Black Gallego: Qué gran lástima haber podido llegar sólo ha mitad de concierto, me hubiera noqueado definitivamente. Se me ocurren muy pocos ejemplos de artistas de una veteranía tan amplia y que sean capaces de desplegar la actitud y la garra que desplegó la jefaza de Patti Smith allí en Calahorra. Valía la pena el desplazamiento de la muerte sólo por verla sacarle tanto juego a las joyitas del Horses. (8)

Ferraia: Tuve la ocasión de ver a Patti Smith en un auditorio en acústico, muy emotivo y con mensajes en honor al 15M, pero había que verla en eléctrico, y no perdimos oportunidad de verla tocando Horses íntegramente. Con un público ya rendido desde el principio, cuando empezó con ‘Gloria’ todos se volvieron locos, lo que continuó con exhibiciones como la de ‘Free Money’. A pesar de la edad, sigue desprendiendo una energía tremenda en directo, y levantó los puños y aplausos del público en varios momentos. Cómo no, tampoco faltó la carga contra la corrupción y ese emotivo speech que acabó con el “we are free people!”. Puro rock n roll. (8,5)

Belle & Sebastian

Mohorte: Pasábamos por allí, dirección a otros lugares, y Stuart Murdoch se topó en nuestro camino. ¿Cómo? Fácil de explicar: el Escenario ATP estaba abarrotado de gente, hasta el punto de que cualquier intento de rodearlo tornaba en una ingrata experiencia. La misma que, a priori y en cuatro canciones, parecieron destilar Belle & Sebastian. Tan sólo la confirmación de que el último disco es, posiblemente, la peor idea que ha tenido Murdoch en toda su carrera como músico. (-)

Black Gallego: Admito llegar totalmente virgen con este grupo a su concierto, aunque los comentarios sobre su última referencia de gente de confianza sumado a la advertencia de la voz en off de Dr. Chou sobre ellos en directo me pusieron el miedito en el cuerpo. Pero desde luego no me esperaba esa gala de horterismo mal entendido, de repelús continuo y un gesto torcido en mi cara todo el rato que no descansó hasta que tocaron ‘Another Sunny Day’. Definitivamente mi lugar no estaba allí. (2)

belle-seb

The Hotelier

Mohorte: A las 21.50, hora de inicio del concierto de The Hotelier en el Escenario Adidas (el antiguo Vice) aquello parecía el desierto, un desolado y entristecedor desierto. Es cierto que es rara la ocasión en la que más de dos centenares de personas se congregan aquí, pero en el caso de The Hotelier era especialmente doloroso. Más aún cuando el concierto empezó de forma espectacular, como no podría ser de otro modo, con ‘An Introduction To The Album’, prácticamente a capella. Y a partir de ahí rodados: intensidad, un sonido impecable, canciones soberbias como las depositadas con delicadeza en Home, Like Noplace Is There. Sensacional de principio a fin, casi privado para los pocos que andábamos allí, con una sola pega: no tocaron ‘The Scope of All This Rebuilding’. Pese a lo excelente de la actuación, salí con cierta amargura. Caprichos de las canciones favoritas de cada uno, no siempre las de el grupo que las crea. (8,5)

The Church

Mohorte: Siete canciones, todas ellas espléndidas, y una actuación sobria, elegante y muy, muy intensa. A ratos, sin embargo, The Church pecaron de frío, algo lógico dada la naturaleza de su música. Quizá el setlist no contribuyó demasiado, demasiado espeso por momentos. En todo caso, un placer y una maravilla observar a una de las bandas más especiales de los ’80 tocar delante de tus narices. Ya fuera en primera línea o al fondo del Escenario RayBan, donde el espacio invitaba a la conversación y a disfrutar de The Church con cierta distancia, en compañía, como elemento secundario de la experiencia, The Church cumplieron. (7)

Sleater-Kinney

Black Gallego: Segundo viaje completamente justificado a Casadios, otra vez protagonizado por mujeres. El trío salió a comerse el escenario por completo y triunfaron sin ningún tipo de duda. No hacía falta tirar demasiado de su época clásica, sobre todo con una última referencia tan notable como la que sacaron recientemente. Guitarrazos sublimes, energía por doquier y un no parar de moverse al son de sus riffs. No hace falta decir más, tremendas. (8,7)

Ferraia: Uno de los momentos más esperados del festiva. Empezaron presentando su último disco, al que dedicaron algo más de media hora. Muy entonadas en directo, con el impresionante despliegue de voz de Carrie Brownstein, dejaron muy claro que no han perdido un ápice de actitud (Carrie Brownstein tocó desde el suelo en algún momento). Después de presentar su LP de regreso, lo dejaron todo para los clásicos y su época más antigua, bastante más cruda y directa que las nuevas canciones. Faltaron algunos temas importantes, pero después escuchas ‘Dig Me Out’ y se te pasa. Muy bien. (8)

Natxo Sobrado: A Sleater.Kinney les falta cantar “Hey, Bo Diddley, Oh Bo Diddley” para acabar de poner la guinda a la fiesta. El country más rápido y vivo que dejó paso al Rock and Roll, mezclado con tantas referencias bluseras, décadas más tarde sigue funcionando en los mejores temas. Sin descanso, directo y divertido, con la batería y los riffs sin dejar concesión alguna ni para los aplausos. Empezaron arriba y terminaron siendo el mejor concierto de hasta ese momento en el Primavera Sound. La fuerza punkarra de un trío joven, da igual los descansos que se tomen si hay vueltas así. (9)

Gallego Sr: Impecables en sonido y actitud, como si el tiempo no hubiera pasado por ellas, se ganaron a todos los asistentes con un concierto de lo más divertido. (8,5)

Ride

Ferraia: Eran uno de los reclamos del cartel y se notó. Con clásicos del Nowhere, guitarrazos shoegaze y bastante distorsión, lograron levantar a muchos de los que estaban viendo el concierto sentados. Es lo que tiene cuando suenan canciones como ‘Vapour Trail’. Incluso desde la distancia, sonaban con bastante potencia, algo que no se puede decir de otros grandes que tocaron en el festival. Siempre suele estar en el aire la incertidumbre de cómo sonarán los clásicos que vuelven tras años de parón, pero Ride y sus explosiones y abusos de pedal no decepcionaron. (8)

sleater

Run the Jewels

Natxo Sobrado: Run the Jewels son al Hip Hop actual lo que Killer Mike a un salto al vacío hacia el público desde el escenario. Si intentas cogerle en brazos, date por muerto. Sus álbumes homónimos numerados suenan con la eficacia del espíritu rock que El-P ha sabido camuflar por las bases más oscuras. A la hora de traducirlo en directo las sensaciones no son tan perfectas. Trackstar the DJ se queda a los platos para acompañar a la pareja de MC tras el micrófono y la parte musical vuelve a dejarse de lado, como tantos hiphoperos que se esfuerzan en molarse ellos mismos con sus rimas pero ignoran que el circo tiene más actores. El juego entre ellos funciona, sus dardos y mensaje también, pero falta un grandmaster que aporte la otra pata. (7)

Gallego Sr: Si tenía un concierto obligatorio en mi agenda de este Primavera, ese era sin duda el de Run The Jewels, y los hechos demostraron que no me equivocaba. Estoy dispuesto a sostener ante quien quiera discutirlo que la pareja formada por Killer Mike y El-P son el acto musical del momento y lo de anoche fue el mejor argumento posible a mi favor, clavando cada una de sus canciones y organizando una de las grandes fiestas del festival. Fue duro renunciar a Ride, pero nadie allí les echó de menos. (9,5)

Mohorte: ¿Qué decir de un grupo con el que no conecto para nada en los álbumes y que, de la nada, surgen con tanta energía, con tanto carisma, con tanto buen rollo sobre el escenario? Te encante o lo que hacen Run The Jewels, y en mi caso quedo lejos de pertenecer al primer grupo, el desempeño de El-P y Killer Mike en vivo es impresionante. Ya conocía la naturalidad y la alegría de Killer Mike gracias a otra actuación bastante memorable en el Primavera Sound, hace dos años, y ayer volvió a arrasar a base de sonrisas, bailes y un estilo inigualable, brazo en cabestrillo incluido. Este hombre podría salir al escenario, cantar Black Metal nacionalsocialista y encandilar a todo el público con su buen rollo. Un amo. (8)

Black Gallego: Hay conciertos que justifican plenamente la presencia de uno en un festival, ese imprescindible que sabes que sí o sí va a petarlo sin remisión. En mi caso, el combo de El-P y un lesionado Killer Mike era el concierto que más ganas tenía de presenciar y que se presentaran con ‘We Are the Champions’ fue toda una declaración de intenciones. No venían a hacer prisioneros, venían a ganar, ganar y volver a ganar y no cabe duda de que lo hicieron. Dominaron por completo, fueron apabullantes, divertidísimos y excelentemente certeros. Podría rebuscar en mi memoria para buscar alguna pega en las bases, pero al final lo que cuenta para valorar un concierto es la propia experiencia, y el pogo continuo, la retahíla de temazos que despacharon y su manera de aplastar con los micros dieron lugar a uno de los conciertos más increíbles que he visto. Pero de lo que no cabe duda es que se pasaron el festival. (10)

The Juan MacLean

Natxo Sobrado: John MacLean es muy listo. Mucho. Sus nulas dotes como cantante fuera de un estudio aparecen al quedarse él con la parte principal de algunos de los singles que más sufren en vivo, de ahí que Nancy Whang, la otra mitad del proyecto asociado a DFA, sea quien logre estar al frente de casi todas las canciones, con una voz agradable y suave. El estilo de Electro-Disco que MacLean toma prestado de los 70 precisa de su intento de diva y a falta de la negra de grandes pulmones en busca de una alternativa para alcanzar el éxito pues tiene a la inocente Whang. La eficacia de MacLean pasa por vender sus actuaciones en vivo con un intento de banda que también recuerda a aquella época en la que los bateras estaban aún en las discotecas marcando el ritmo por la noche, por más que con él toquen aún menos, después de que este dé al play a la siguiente base preparada. Ahora, tiene sus hits, divertidos y alegres que aportan movimiento. (5)

Ariel Pink

Mohorte: Al fondo del escenario Pitchfork existe la nada: baños portátiles y una dársena del puerto del fórum. Nada más. Es zona de tránsito relativa, ya que el escenario a su vera, el Adidas, es el más pequeño y minoritario de todo el festival. De modo que desde la distancia, a varios metros de distancia del escenario, siempre es fácil observar a un pequeño grupo de héroes bailando con una intensidad (y un colocón) muy feliz. Siempre. Ayer, el concierto de Ariel Pink no supuso ninguna excepción. Allí estaban las cuatro chicas y los tres chicos en cuestión, bailando en círculo, moviendo su cuerpo de forma lenta y celestial, poco armónica pero muy segura de sí misma, en un estadio mental diferente al del resto de asistentes. Hippies, en otro tiempo, quizá. La alegría de la huerta anoche, también con Ariel Pink. Por allí pasaba yo, después de Run The Jewels, apenas con tiempo para ver tres de sus canciones, dos de pom pom. Qué decir: me arrepentí mucho de no haber acudido al Escenario Pitchfork a ver algo que, en sólo dos suspiros, me pareció maravilloso. Aquel ‘Picture Me Gone’ me enamoró, y ahora sufro al no saber lo que me perdí, pero sí intuirlo. (-)

dfa1979

Death from Above 1979

Black Gallego: No debería ser constitucional tanto conciertazo seguido. Estaba claro que igualar la epicidad de RTJ era imposible, pero el dúo canadiense salieron a hacer su concierto y fue otra animalada. La mayor pega que se les puede poner es que a Sebastien Grainger le cuesta un poco rendir como cantante mientras aporrea como un animal su batería, pero nada que no compensaran repartiendo caña de sus dos únicos discos, más del último que del primero como es lógico. Otra miniqueja es que me faltó ‘Blood in Our Hands’, pero luego pienso en el sonido del bajo de Jesse Keeler y cómo se la sacaron con ‘Romantic Rights’ y ya se me pasa por completo. (8,5)

Gallego Sr: Desprendidos de los artificios del estudio, la propuesta de Death from Above 1979 en directo se vuelve más sobria y sorprendentemente más rotunda, capaz de sacar lo más potente incluso de sus canciones más sosas (que, afortunadamente, son las menos). Ellos dos se bastaron para llenar el importante escenario que les había sido asignado y hasta el más despistado se vio obligado a bailar al ritmo que marcaron. (8,5)

Earth

Mohorte: Cinco minutos frente a Earth. Un riff. El mismo riff. Tocado lenta, parsimoniosamente. Tres horas después probablemente hubieran seguido tocando el mismo riff. (-)

Veronika Vasicka

Mohorte: Espantados ante la idea de pasar un segundo más de nuestra vida frente a los seres inanimados que tuvieron a bien llamarse Earth, agarramos las mochilas y nos plantamos en el Escenario Bowers & Wilkins, presas de la incertidumbre pero también de cierta excitación juvenil ante lo desconocido. Allí estaba Veronika Vasicka, pinchando zapatilla, a mil revoluciones por minuto, o al menos así parecía en mi cabeza, en un ejercicio de baile hedonista fenomenal. Qué maravilla, qué pena que nos durara tan poco. (8)

Ferraia: Muchas sesiones de techno o tech house y derivados pecan de abusar de los mismos sonidos, los mismos tempos y la misma estructura. También pasó en lo que conocemos como ‘la carpita’ (Bowers & Wilkins). Pero hubo algunas excelentes como la de la estadounidense Veronica Vasicka. Una sesión que huyó de lugares comunes para meter mucho músculo techno de forma secuencial y más tarde se puso a trastear ‘Numbers’ de Kraftwerk para jugar con ella mientras nos metía pequeñas bombas. Una gozada. (7,7)

Jon Hopkins

Ferraia: El señor de Immunity no defraudó y metió los mejores temas de este, y el que estrenó en el último Sónar, el mix de Wild Beasts, Two Dancers. Midió muy bien los tiempos de su directo, acompañado puntualmente por unos tipos que llevaban unos hulla hops de colores que hacían más atractiva su propuesta visual, más allá de las proyecciones. Pero indistintamente, muy bien en lo musical, deformando sus propios temas, aguantando los momentos de pogo y dejando de relieve el talento que atesora. Con un sonido muy definido, el que vertebra Immunity, Hopkins fue de lo mejor de la noche y del propio festival. (8.9)

Mohorte: Celestial, quizá el mejor concierto de anoche y posiblemente entre mi top cinco de este año en el Primavera Sound. Jon Hopkins me enamoró en su anterior disco, uno de mis predilectos de 2013, y anoche me volvió a seducir entre descargas eléctricas de ruido blanco, bajos pesados y un manejo de las subidas y las bajdas de intensidad absolutamente maestro. Nada que reprochar, me puso en una nube. (9)

pallbearer

Pallbearer

Mohorte: Y de nuevo al Escenario Adidas, a disfrutar de otro grupo para paladares sólo habituados al género. Se trataba de Pallbearer, Doom Metal de altos vuelos, rival directo de Electric Wizard en la particular competición “la mejor actuación Metal de cada año en el Primavera Sound”. ¿Veredicto? Para mí ganó Electric Wizard, más profundos y sensoriales, pero por poca diferencia. Pallbearer es un grupo de una elegancia soberbia, de unos fundamentos artísticos fenomenales y de una puesta en escena perfecta. Todo salió a pedir de boca en su breve concierto, y no se hizo largo en absoluto. Canciones ejecutadas al milímetro, con el punto exacto de virtuosismo, emotividad y agilidad (dentro de lo que permite el género, claro). Un concierto más que memorable. (8,1)

Gallego Sr: Jóvenes pero sobrados de ganas, los de Arkansas sacaron el mejor sonido posible del escenario Adidas y conquistaron a los pocos asistentes que acertaron al darles una oportunidad. Una de las grandes promesas para el doom de los próximos años demostrando que tienen mucho de realidad. (8)

Black Gallego: El Metal nos volvía a llamar, esta vez a horas más intempestivas. Si ya triunfaron Electric Wizard en la jornada anterior, Pallbearer también hicieron suyo el que está cerca de convertirse para mí en el Escenario Doom. El cuarteto sacó brillo a sus guitarras y nos obsequiaron con una serie de potentes y poderosos riffs. Abrir con la estremecedora ‘Worlds Apart’ fue el primer aviso de que nos esperaba un concierto monumental y así fue. Para remarcar la monstruosa interpretación de ‘The Ghost I Used to Be’. (8,6)

Objekt

Natxo Sobrado: Bajos británicos, oscuros, destruyendo la ciudad por el subsuelo para hacerlo vibrar, cogiendo la vida que más tarde acabará por trasladarse al resto de escenas. Los primeros años del 2000 nos dejaron una de las mejores escenas cocinadas a fuego lento que aún hoy sigue ramificándose en distintos proyectos que funcionan para una sesión como la de Objekt. El productor alemán es uno más de los que ofrecen culto al bajo con la etiqueta de turno que esté de moda. Buenas mezclas, buen viaje y buen cierre. (7)

Ferraia: Después de presentar Flatland, su debut en largo del año pasado y que incluimos en la lista de los mejores discos electrónicos de 2014, no defraudó en la carpita. Techno cerebral y más comedido al principio, marcando los tiempos y aumentando la intensidad progresivamente para pegar los reventones finales. Y el populacho volviéndose loco, entregando su alma a la pista de baile y al techno de Objekt. Quizá lo mejor que había pasado hasta el momento por dicho espacio. Un gustazo la destreza y la potencia suya. (8,3)

Black Gallego: Tras un estruendoso concierto, lo que tocaba a esa hora de la noche era petarlo con la zapatilla. Lo que nos falló durante la madrugada del jueves lo tuvimos en la Bowers & Wilkins con la riconuda sesión de Objekt y pudimos terminar de redondear una jornada estupenda llena de tremendos conciertos, entre los que se incluye este. (8)

Mohorte: Y qué mejor modo de terminar la noche que volviendo a ponernos en manos de la electrónica, otra vez en el Escenario Bowers & Wilkins. Allí estaba Objekt: yo, ni idea de quién era. Me llevaron allí. Por fortuna, claro, les estoy muy agradecido: fue una sesión ideal para aquellas horas de la noche. Especialmente dado el particular ambiente, a mitad de camino entre lo decandte, lo narcotizado y lo fraternal, imperante en la pequeña carpa dedicada sólo a la música electrónica. Miradas perdidas, bailes espasmódicos, sonrisas y, en términos genéricos, la sensación de estar en familia. Y todo ello gracias a Objekt, a quien volvería a ver ya mismo en cualquier situación. ¿Qué más podíamos pedir a las 4 de la mañana? (8)