Primeras impresiones de Titus Andronicus — A Productive Cough

Esputos productivos catedralicios

  • 1. Number One in New York cada día me parece más preciosa y menos chapa. Deja bien claro que Patrick siempre ha sido de soltar rollacos y ni se esfuerza en convencerte de que no, ni pone interés en tener un estribillo o algo. El puto vals de Titus Andronicus, y la mejor reinterpretación larguísima del Fairytale in New York. No deja de mecerme. Un 9 y dadme dos meses más con ella para ponerle el 11.
  • 2. Real Talk es canallesca y de bareto, lo más standard de Titus en mucho tiempo. Standard como forma de acometer una canción, ciñéndote al patrón, no desde el lado peyorativo. Honky Tonk cazalludo porque iban a hacer un disco de baladas y nadie les avisó que mejor dejar la botella. Un 7.
  • 3. Above The Bodega (Local Business) y sus shupshushalala tiene groove. Patrick no mentía al anunciar que teníamos que esperar a un grupo algo distinto. No inventan la rueda, ni siquiera la destrozan a dentelladas como antes, pero, ay, les queda bien pasear por su propio Exile on Main Street. O por su revisión de cuando Lou Reed trataba de hacer todo lo que le había gustado y siempre le salía así como raruno, con un mal rollo que se veía a la legua. Un 8.
  • 4. Crass Tatto empieza como su Knockin’s on Heaven’s Door y todo el disco refleja parte de ese Dylan post-accidente. Hacer descansar la voz de Patrick sienta bien, aunque el angst que suele transmitir el grupo queda aquí sepultado por una dulzura insólita en ellos que tarda dos minutos en hacer efecto. Es el lugar más melancólico de la carrera de Titus, justo una tristeza profunda, vaga y reposada a la que Titus siempre habían cerrado la puerta para abrazar, de manera visceral, la rabia, el dolor, el grito existencialista. Un 9.
  • 5. (I’m) Like a Rolling Stone. Es curioso que Titus Andronicus decidan entrar en la canción-mito de Dylan (que no, no es mi favorita de él, como ya quedó claro) para ir destruyéndola poco a poco. Aquí ya no se preguntan cómo se siente ser un completo desconocido, estar sólo, like a rolling stone, porque Patrick lo afirma. Y, (voz rotísima, armónica perfecta, coros que parece que se chotean de él) la aventura locati que es esta versión acaba siendo el epílogo perfecto a toda la deconstrucción que de sí mismo lleva Stickles haciendo desde hace 3 discos. Es curioso: no está la última pero sería un perfecto cierre a la carrera de Titus. Un 8,5 o un 9 o un 10. Yo qué sé, pero que no se marchen.
  • 6. Home Alone es la otra gran piedra de toque, la tercera canción por encima de 8 minutos, la cuarta por encima de siete, de un disco que nadie ha sabido contener. Y va y se ponen hard. Hay que quererlos porque ahora que no están interesados en reinterpretar el punk desde la orilla del folkrock cazurro, se van a las peores orillas en las que desembarcar (las del blues, amigos), y nunca queda muy claro si se están choteando de ti, del género, de ellos o en realidad lo aman A MUERTE. Clasicotes como nunca, limpios como posiblemente no habrían querido estar y #nofilters, los muy mamones. Ésta para Cronopio, a mí dejadme en paz. 
    7. Mass Transit Madness (Goin’ Loco): No sé, en otro rato hablamos, yo sólo quiero volver ya a la 1, y a la de Dylan y a ‘Crass Tattoo’ aunque piense que igual no es tan buena como he dicho-pero-resulta-que-sí. (Ay, qué bonito el parón a mitad de Mass Transit Madness y el falso subidón final).

¿Podéis sacar otro disco mañana mismo, por favor?

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En Hipersónica | Titus Andronicus – An Obelisk, crítica

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