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Prurient — Frozen Niagara Falls

Que Dominick Fernow esté trabajando constantemente en producciones con sus diferentes proyectos no es nada que nos vaya a sorprender ahora. Y que saque disco ni siquiera es noticia, nos ha acostumbrado a un ritmo que muy pocos en la escena internacional tienen. Publicar un puñado de referencias cada año podría gastar a cualquiera, sobre todo cuando esos lanzamientos se hacen como churros, sin pasar ningún tipo de filtro. Sin embargo, en los proyectos de más calibre de Fernow, como Vatican Shadow o Prurient — el que hoy nos atañe — , siguen hoy siendo esperados como agua de mayo. Es más, este Frozen Niagara Falls (Profound Lore, 2015) nos lleva poniendo los dientes largos desde enero, cuando se anunció.

Cuando el binomio calidad y cantidad no es excluyente

Frozen Niagara Falls ha sido uno de los álbumes más esperados del primer semestre del año, y con razón. Si bien en los últimos años en Vatican Shadow se ha visto un bajón progresivo en la agresividad de sus canciones, Prurient sigue siendo el otro gran aka de Dominick Fernow, en el que sigue dando rienda suelta a sus experimentaciones más incómodas — a pesar de una notoria bajada de atmósferas más extremos — , con brillantes ráfagas de noise y a veces un extenuante industrial. Cuando escuchamos el teaser en el pasado mes de enero, con esa atmósfera oscura pero bastante evocadora, no quedó duda, iba a ser uno de los discos en los que íbamos a pasar mayor tiempo. Porque es lo que hay en las publicaciones de Prurient, unas veces por la extensión, otras por la propuesta, y en este caso, por las dos, siempre hay que invertir bastante tiempo para digerirlas.

Es llamativo que a pesar de tener tanto material, cada uno de sus discos, al menos como Prurient, tengan un discurso propio. Es una de sus virtudes, ser exigente consigo mismo y no enfrascarse en un sonido o idea

Fernow tiene la imperiosa necesidad de satisfacer sus impulsos musicales, los cuales son el motivo por los que se le conocen cerca de 150 producciones — una cantidad de la que no está satisfecho por el desorden — , pero es llamativo que a pesar de tener tanto material, cada uno de ellos, al menos como Prurient, tengan un discurso propio. Es una de sus virtudes, ser exigente consigo mismo y no estancarse en un sonido o idea. De ahí llega este doble CD en el que hay momentos para sintetizadores analógicos, spoken word, sus recurrentres gritos y pasajes de música acústica. Noventa minutos de universo Prurient en los que encontrarse con su versión más oscura, con la más incómoda y con momentos más melancólicos y evasivos, quizá casi autobiográficos por los tumbos que ha dado por el mundo. De hecho, empezó a trabajar en Frozen Niagara Falls hace un par de años en Italia.

Condensar tu trayectoria con el mejor disco hasta la fecha

Un álbum que ha tardado tiempo en salir y del que se desprende ese cuidado en cada tema, todos cohesionados entre sí a pesar de las diferentes vertientes que ofrecen individualmente. Desde temas tan fascinantes como la sobrenatural ‘Myth of Building Briges’ hasta los cortes más experimentales como ‘A Sorrow with a Braid’, hay un hilo conductor que atraviesa transversalmente cada una de las canciones. Ese interés del estadounidense por inmiscuirse en territorios oscuros, unas veces con intención de retorcer el sonido de sus artefactos, y otras de dar rienda suelta a ese escapismo existencial, vía spoken word o vía atmósferas bucólicas, que parecen la banda sonora de un mundo abandonado de la mano del hombre.

Se trata de un trabajo que recoge algunas de las mejores cualidades de Fernow, en mayor o menor medida — hay menos peso de las más incómodas y abstractas — , de acuerdo con su condición de unos de los productores más brillantes en el ámbito de lo industrial y las ambientaciones tan inquietantes. Un doble CD en el que los acérrimos del compositor encontrarán perlas siniestras con spoken word como ‘Shoulders of Summerstones’; sintetizadores básicos, ornamentadas con sampleos y Fernow desgañitándose como en ‘Dragonflies to Sew You Up’ (con una elegante simbiosis entre clasicimos e industrial); o combustible corrosivo para las mentes más perturbadas con ‘Poinsettia Pills’.

En un principio podría parecer en la siempre superficial y poco fiable primera escucha, que se trata de un trabajo que se te hace cuesta arriba por el excesivo minutaje, pero cada vez sientes más atracción por él por el magnetismo que desprenden sus sintes, por su emoción y sus neblinosas capas de angustia existencial o esos samples que evocan a la naturaleza en parajes sonoros de un futuro desolador (‘Christ Among the Broken Glass’).

8.2/10

Podía parecer una osadía la concepción del álbum, doble y con noventa minutos. Pero lejos de parecer una osadía, se trata de un proyecto valiente, pues se trata de la cantidad necesaria para desplegar toda su narrativa en condiciones. Quizá le sobran dos temas, pero dejarlo a la mitad hubiera sido dejar a medio desarrollar la idea de este último trabajo. Sin duda, uno de los mejores LPs de lo que va de año, y de lo mejor que ha hecho Fernow últimamente. Admirable su capacidad de presentar lanzamientos diferentes, teniendo en cuenta la ingente cantidad de estos. Probablemente su disco más completo con Prurient. Que no es poco.

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