Radiohead — Kid A (2000): debates estériles, realidades impactantes

El síndrome de la página en blanco. Tantas cosas que decir y no saber ni por dónde empezar. Tantas cosas como las que ya se han escrito sobre un disco como Kid A (Parlophone, 2000): alabado por muchos, incomprendido por otros tantos, considerado con tibieza por muy pocos. Un disco muy hijo de su contexto a pesar de haberlo cambiado radicalmente. Concebido, precisamente, con Thom Yorke en medio del síndrome de la página en blanco, el temor a que lo que vas a decir no esté a la altura de lo que el resto quiere leer o escuchar.

La respuesta de Radiohead al, probablemente, mayor hype de la historia de la música reciente, fue intentar aislarse del contexto-público pero con el contexto-creación muy presente en la mente, dejando que el mismo marcase el proceso pues de su influencia y su legado dependería el lograr estar a la altura. Un proceso de composición, grabación, edición marcado por la inestabilidad psicológica de Yorke, una bipolaridad creciente que en manos de los cronistas parecía por momentos estar abocada a un trágico desenlace. Nihilismo material podríamos llamarlo, repulsión hacia lo que es, a lo que fue y quizás a lo que será, un desprecio hacia el sí que desembocó en una alteración estructural, paradigmática y formal de lo que hasta el momento habían sido Radiohead, una banda que a partir de entonces no fue la misma y que estuvo muy cerca de hacer lo propio con su entorno.

Kid A: la última ruptura

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La tozuda actualidad sitúa a Kid A como uno de los mejores discos de lo que llevamos de siglo, inmenso en su concepto y en la sombra que ejerció sobre el resto de obras de la época. Trangresor de forma sutil, rupturista desde la devoción y ejercicio del detalle y elocuente a pesar de que la voz en él es más melodía que el vehículo de la palabra. Todo en Kid A parece premeditado aunque sea fruto de una gran improvisación, una transformación que acabó borrando las fronteras que hasta el momento existían entre la música electrónica y el Rock utilizando al marciano Jazz como algo más que una coartada. La fusión entre el lado más orgánico de la concepción clásica y una tecnología que evoca conceptos ajenos al gran público como el IDM o el Ambient convirtieron a Kid A en un disco anticomercial, situado en las antípodas de lo que The Bends (Parlophone, 1995) venía de significar solo un lustro antes. Resulta paradójico, pero tan importante como la influencia a posteriori fue la realizada con la obra anterior, engrandeciendo aún más a OK Computer (Parlophone, 1997) a pesar de quedar éste en medio de las dos mareas.

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Kid A fue un superventas a pesar de su marcado carácter anticomercial. De ahí su grandeza

Entendido el recuerdo como el reflejo de una realidad que ya ha pasado, de la minuciosodad y claridad en el ejercicio del mismo depende la perspectiva con la que podemos hoy valorar lo que entonces quedó atrás. El soporte físico es una celda que nos permite viajar atrás en el tiempo pero sin la posibilidad de mirar por la ventana, quedando en los brazos de la memoria el que la experiencia abandone lo sensorial y llegue a la esfera de lo sentimental. La escucha hoy de Kid A se “empobrece” algo con esa deuda, pues la actualidad y su opinión es un altavoz que ensordece la sensación de entonces, desdibujando el sentimiento de incomprensión o sorpresa que en el momento fueron factor determinante.

El ansia que tenemos todos de sentirnos partícipes de algo grande, de permitirnos el orgullo de haber vivido un momento fundamental en la historia de la música parece hoy valer más que lo que en realidad sentimos cuando escuchamos Kid A hace 15 años. Por supuesto, fue un disco impactante y disfrutó de una acogida inimaginablemente mayoritaria, pero el propio empeño mostrando en engrandecerlo ha acabado ocultando alguno de sus defectos, escondiéndolos bajo un alud de miradas inquisidoras y del desdén de una superioridad moral de la que hoy puede hacer gala cualquiera en un foro o en una red social.

Con el recuerdo (des)dibujando una realidad pasada

Como decía unas líneas más atrás, la relación entre el paso del tiempo y la memoria dibujan la realidad a la que acudimos. O la borran. La presencia del recuerdo nos permite ser conscientes de la existencia, mientras que el olvido constata lo contrario, quien no es recordado no ha existido. En medio queda el recuerdo desdibujado, el diluído que nos ofrece un pasado distorsionado, influenciable al dime y al direte, vulnerable frente a la opinión mayoritaria y su intención. Kid A queda encerrado en esta órbita, sobredimensionado sin mala intención pero dotado de una perfección irreal, una perfección que no le pertenece y a la que no aspiró en ningún momento.

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Es tan estéril el debate al respecto del mejor disco de lo que llevamos de siglo como molesto resulta el empeño en dotar de perfección a algo que no la tiene y que no la ha buscado. La importancia de Kid A no depende de lo alto que lo sitúen los rankings ni de la vehemencia con la que se oculten momentos tan insípidos como ‘Treefingers’, ‘In Limbo’ o ‘Motion Picture Soundtrack’. La virtud se encuentra una transformación modal que a ojos de muchos se convirtió en la última revolución, opacando el qué con el cómo desgarrando la garganta.

8/10

Y a pesar de todo este debate al respecto de percepciones, perfecciones e imposiciones, Kid A sigue siendo (y me sigue pareciendo) un disco magnífico, sugerente, un libro concluso pero con las líneas más importantes aún pendientes de escribir. La interpretación propia y ajena lo completan hoy que el recuerdo no parece tan claro, no regresa tan nítido como debería. Sigue siendo tan prisionero de sus virtudes (ay, ‘How to Disappear Completely’) como de sus defectos, y ha demostrado que la perfección es tan ostentosa como innecesaria. La verdad, me es indiferente si es considerado el mejor disco de lo que llevamos de siglo XXI, lo realmente importante del cuarto disco de Radiohead es como en su improvisación ha logrado dibujar lo mísero que es el presente y lo desesperanzador que se asoma el futuro. Será la náusea, supongo.

Especial Radiohead en Hipersónica

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