Radiohead — The King of Limbs (2011): culpable de existir

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Las listas son seres crueles. Si uno se propone hacer una lista de los mejores discos de Radiohead, es muy probable que The King of Limbs (autoeditado, 2011) vaya directo al fondo de la misma, en una dura pugna con el inocente Pablo Honey (Parlophone, 1993) por librarse del puesto más deshonroso de todos. Y claro, lo encontramos ahí, tan abajo, e inevitablemente podemos vernos tentados de darlo por caso perdido, como el clásico disco menor que llega tarde y mal a la discografía de un grupo que ya no será capaz de volver a su máximo nivel. Las listas son crueles, no cabe duda, porque hay casos en los que una posición no es fiel reflejo de la calidad que ostenta el elemento por sí mismo.

Sí, lo admito, The King of Limbs se merece la etiqueta de trabajo menor para el conjunto, especialmente empequeñecido en el uno contra uno con cualquier álbum de Radiohead que llegara a partir de The Bends (Parlophone, 1995), y posiblemente es también el indicativo más claro que ha dado el grupo británico de que su talento no volverá a mostrar picos históricos, pero basar todo el análisis del disco en esos detalles sería cargar todas las tintas sobre sus más evidentes puntos débiles y no hacer justicia a sus más discretas virtudes. Que ya os digo yo que las tiene.

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The King of Limbs es a mucho niveles una contrapartida a lo que supuso In Rainbows

Es a mucho niveles una contrapartida a lo que supuso In Rainbows (autoeditado, 2007): a nivel comercial, representó una vuelta a un modelo más tradicional olvidando las probaturas del “paga cuanto quieras”, aunque sin dejar de lado la independencia total en la publicación, y a nivel creativo apostó por un proceso de concepción más centrado y menos incendiario, dejando atrás las sesiones de grabación a salto de mata que llegaron a poner en peligro la integridad misma del grupo. Sin con su séptimo disco forzaron en muchos sentidos la maquinaria y eso llegó a pasarle cierta factura, para este trabajo optaron por sentarse tranquilamente a experimentar con samples a modo de piezas de puzzle con las que ir construyendo un disco que, en la práctica, suena efectivamente mucho a unión de retazos.

El mismo arranque de ‘Bloom’ ya pone alta la apuesta por el bucle sonoro, machacona y repetitiva, con aires de mantra posmoderno para una generación de desapegados emocionales. El aficionado que consideró la aparición de guitarras complacientes en su anterior disco como una señal de vuelta a los orígenes se dará pronto un golpe con la realidad, al sustituir éstas por cantos de pájaros en la mañana y teclados ambientales. Las cuerdas ganan algo de presencia en temas como ‘Morning Mr Magpie’ por el lado animado o ‘Give Up The Ghost’ por el pausado, pero envueltas siempre en una maraña de bucles y sintetizadores que entierran la melodía entre un pulso constante de ritmos.

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Es apropiado decir que estamos ante el disco de Radiohead en el que pasan menos cosas; también lo hacen en el menor tiempo, al ser el primero de su colección en bajar de los 40 minutos, lo cual reforzará aún más los argumentos de quienes quieran ver en él un disco para salir del paso. No lo es, y en su poca dosis es capaz también de apostar por el tono misterioso en ‘Little By Little’, de recuperar el cubismo más agresivo de Kid A (Parlophone, 2000) en ‘Feral’ o de invitarnos junto a Yorke a una suerte de baile imposible en ‘Lotus Flower’, lo más parecido a un single que un disco tan poco inmediato podría dar.

El grupo buscaba un sonido más atmosférico, tan frío y distante que pone difícil la tarea sentir algo de apego por él

Si In Rainbows tenía ‘Videotape’ como intensa balada a golpe de piano, The King of Limbs presenta ‘Codex’ como principal candidata en esa categoría, y es posiblemente en la comparación entre ambas donde mejor se aprecia lo que buscaban hacer aquí los británicos: un sonido más atmosférico, tan frío y distante incluso en los momentos más emocionales que pone difícil la tarea de sentir algo de apego por él, producido muy deliberadamente con la intención de sonar contradictorio al buscar un acabado natural mediante el empleo de elementos claramente artificiales. Aun en su condición de disco menor, es una de las muestras más claras de por qué Radiohead son lo que son, y por qué sus vicios les han llevado a ser vanguardia de la música moderna en una época donde casi todos han apostado ya por rendirse al continuismo.

7/10

Si durante años la banda se ha dedicado a ir añadiendo influencias y propuestas exóticas al núcleo sonoro del que partieron en los noventa, lo que hicieron aquí fue desprenderse de dicho núcleo rockero y quedarse con lo que había a su alrededor, que resultó ser ante todo electrónica abstracta y texturas alienígenas. Paso lógico en su carrera o paso a un lado, eso ya lo puede valorar cada uno a su antojo, pero pasados cuatro años ya de su estreno lo cierto es que el disco sigue cumpliendo perfectamente su cometido, siendo fácil de escuchar a pesar de todo y efectivo en su obvia intención de ser diferente, aun a riesgo de caer no pocas veces en lo insustancial. Posiblemente, nuevos discos que lleguen tras éste traerán nuevos golpes de timón que seguirán dejando desorientados a sus seguidores, pero he ahí buena parte de la gracia en lo que vienen haciendo desde hace tantos años ya. ¿Les vais a culpar por ello?

Especial Radiohead en Hipersónica