Rebecca Ferguson — Lady Sings The Blues

Casi sesenta años desde la publicación original y cien del nacimiento de la estrella, ‘Lady Sings the Blues’ (Clef/Verve, 1956) catapultó a Billy Holliday a otro estadio de su carrera, uno más íntimo e introspectivo, donde público y crítica advirtieron que estaban ante un punto culminante en la carrera de este icono del jazz. Sobre esos mimbres, Rebecca Ferguson ha grabado una reinterpretación lúdica pista por pista de la obra clásica, rodeándose de enormes sesionistas junto al productor inglés Troy Miller, en los prestigiosos Capitol Studios — aquella cámara mágica que, curiosamente, fue erigida el mismo año que la publicación del citado disco — .

Era obvio que Ferguson perseguía altas metas cuando se presentó con apenas 23 años a la sexta edición de X-Factor. Allí se plantó con su marido y sus dos hijos dispuesta a hacer un sueño realidad, llevándose los tres síes del jurado. Las nuevas divas ya no nacen en barrios bajos sino de orejas astutas monetizando sus apuestas. De aquel programa salió segunda y con un contrato discográfico bajo el brazo. Por suerte, dos álbumes después y varios platinos colgando por casa, Rebecca Ferguson es un nombre propio con suficiente independencia para elegir sus proyectos. De hecho, tan en serio se ha tomado esta réplica con su mentora que hasta han montado pases de firmas y conciertos estéticamente idénticos a los originales.

Diría que en Ferguson se dan los dos tics que hicieron de Eleanor Harris una leyenda: un dominio de sus frugales capacidades vocales, nunca hacia el virtuosismo sino tendiendo a una diestra mesura, y la facultad de entrar hasta el origen de cada frase y hornear cada palabra hasta bruñirla. El tracklist abre con la grácil ‘Get Happy’, uno de esos momentos de sonrisa entre tanta oscuridad, una oda compuesta por la propia Holliday al alimón con el pianista Herbie Nichols. Desde ahí salta a ‘Fine and Mellow’, un standard que habla de separación necesaria, de desamor por las malas, de dolor sin penitencia. En ‘Embraceable You’ encuentra las simas más personales y en ‘That Ole Devil Called Love’ volvemos al blues melancólico y timorato. Si el original ya era un cuidado viaje donde entroncar géneros bajo una pátina de astucia, la fuerza renovada que aporta una grabación tan limpia y actual resulta en uno de los trabajos más elegantes de lo que llevamos de año.

En su voz se apela a la belleza a través del dolor, en una alquimia que permuta el cinéreo plomo en oro prelado

La versión de ‘Blue Moon’, especialmente colorida y consecuente con la época, se esfuma como un capricho pasajero y ‘I Thought About You’ sirve de cinturón entre el primer bloque de canciones y el segundo. Volver sobre sus pasos de chiquilla inquieta haciendo un libreto de covers no hubiese sido lo más inteligente de ignorar el resultado: hace falta mucho arrojo para asumir piezas como ‘Summertime’ y salir indemne, porque la comparativa está ahí, nublando cada paso. Todas y cada una de las canciones tiene una razón de ser; jazz vocal de alta factura. Mención especial merece la pieza que da nombre al disco, soul secular al servicio de la orquesta rompiendo con el amante más fiel: aunque ella canta el blues como nadie, nunca más lo volverá a hacer; el blues es dolor hasta cuando se piensa en él.

8/10

Del mito se han construido varias películas, y no pocas llantinas de crítico trasnochado y bueno, una cosa nos queda clara: si no se puede resucitar a Billy, empapada en whisky y condenada por sus excesos con la heroína, nos quedamos con la vehemente voz de Rebecca y tan contentos. ‘Lady Sings The Blues’ (RCA Records, 2015) nos recuerda lo que es amar y perder, nos habla del sentimiento trágico de una juventud perdida, los matrimonios imposibles y la clase media de una América misógina y caníbal; una bomba testimonial, el emporio de emociones que recogieron voces como Ella Fitzgerald o Sarah Vaugham. Ferguson no imita, interpreta, y cumple en todos los papeles, retrotrayendo a su modelo y encarnando con suficiente distancia como para valorar aún más la contrapartida. Las grabaciones se añejan y las vidas caen, pero sus voces son eternas.

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