Red Hot Chili Peppers — The Getaway

Me dispongo a afrontar esta crítica con cierta problemática, sin demasiada ilusión y casi con cierta sensación de obligación de hacerla por el nombre protagonista de la propia crítica en vez de por ser un disco del que haya que hablar, que ofrezca muchas lecturas y que dé mucho juego a la hora de hablar de él. Pero son los Red Hot Chili Peppers y, aún en pleno 2016, parece que toca seguir todavía sus pasos aunque no lleguen a cubrir como deben desde hace un tiempo esa etiqueta de banda grande que llevan a cuestas desde hace décadas.

Tampoco es un grupo que ahora mismo abra muchas posibilidades a la hora de hablar de sus álbumes, ya que desde Californication (Warner, 1999) se encuentran bastante cómodos en ciertas coordenadas sonoras y, en base a esa comodidad, han ido explotándolo ya varios discos. En mayor o menor medida, con más acierto o con menos, la versión madura de estos Red Hot se ha mantenido bastante estable y con poco cambio desde entonces, permitiéndose un último acto de “locura” con Stadium Arcadium (Warner, 2006) y retornando al constumbrismo con aquel tibio I’m With You (Warner, 2011) que tan bien comparó Gallego con el sexo tras el matrimonio.

Red Hot Chili Peppers, animales acomodados

En aquel disco, al menos, contaban con el factor novedad de Josh Klinghoffer en sustitución de John Frusciante tras su segunda marcha de la agrupación californiana. Aquí en The Getaway (Warner, 2016) la banda se presenta sin nada nuevo bajo el sol y, una vez escuchado el disco, poca novedad en su interior. Siguen sonando a los RHCP de siglo XXI, explotando aquello que más o menos les ha servido para ir tirando y triunfar entre el público y sin pulir varios de esos defectos que han ido exponiendo en este periodo.

Siguen sonando a los RHCP de siglo XXI, explotando aquello que más o menos les ha servido para ir tirando y triunfar entre el público y sin pulir varios de esos defectos que han ido exponiendo en este periodo

Es por ello que se hace fácil hablar de ellos como una cuadrilla de perros viejos que sólo saben ciertos trucos y están demasiado cansados y perezosos para ponerse a aprender otros. El que más transmite esa imagen es, sin duda, Anthony Kiedis realizando la misma interpretación vocal y manteniendo casi el mismo tono que hace más de quince años (o casi toda su carrera). Flea sigue siendo un bajista cojonudo, pero sus líneas de bajo aquí suenan más que resobadas, casi como los trucos de Chad Smith a la batería. Klinghoffer, por otro lado, parece que lleva más tiempo que sólo dos discos con la banda, pero porque tampoco ofrece demasiados matices diferentes a los de su predecesor y con bastante menos ‘groove’, todo sea dicho.

En el aspecto del contenido tampoco andan para tirar cohetes, porque el excesivo acomodamiento que muestra la banda aquí transmite demasiada autocomplacencia y pocos ramalazos llamativos. El disco parece tener un tono general bastante monótono, con ligeras variaciones que no resultan tan interesantes para que nos demos cuenta al instante de ellas, siendo el (intermitente) arranque de fuerza de ‘This Ticonderoga’ la única nota discordante con respecto al conjunto. Siendo, además, un disco donde sus piezas individuales son tan poco llamativas, la tediosidad se incrementa. Tenemos estas trece canciones como podríamos haber tenido otras trece distintas, casi no habría diferencia de igual manera que si estas mismas canciones se ponen de relleno en cualquier disco suyo de estos últimos quince años.

3.6/10

Este disco nos ofrece pocos momentos para levantarnos de la silla o, incluso, levantarnos para mirar qué tema está sonando y quedarnos con su nombre. Ni siquiera los singles llegan a ser llamativos puestos en contexto y no son especialmente memorables. The Getaway es más bien un disco de tumbarse en la mecedora y balancearse mientras vemos la vida pasar con un vasito de leche en la mano. Así de acomodados y aburridos llegan a sonar Red Hot Chili Peppers, que casi te los puedes llegar a imaginar tocando sentados. Tampoco soy un nostálgico que añora esos RHCP salvajes de los noventa, pero no puedo evitar preguntarme qué aportan estos RHCP de ahora en pleno 2016 y discos como este a su carrera.

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