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Red House Painters — Down Colourful Hill (1992): la palabra justa

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Seis canciones tenía el debut de Red House Painters, al que le daba cobijo un sello con pedigrí (4AD) y que pronto tuvo algunas de las más entusiasmadas críticas de la época en la que se publicó, un año 1992 en el que ya todo había cambiado para siempre y, por primera vez, la música que escuchábamos era también la que marcaba el paso del mundo. En aquellos días de grunge, alternativos-a-qué y canciones de angst eléctrico, la tristeza de Down Colourful Hill tenía mucho de isla.

Había referencias, claro: el slow-core con el que Codeine ya habían dado su primer mazazo; el post-hardcore miserable y sin desprovisto de toda velocidad de Slint o las canciones de mechero en mano (de mechero sin gas o de mechero para encender el gas que te hará explotar) de American Music Club. Pero Red House Painters tenían ya, en sus primeras canciones, la inspiración de su lado para acercarse a sus propias miserias y recogerlas en seis temas largos, de 43 minutos y medio en total.

A 4AD llegaron como llegaban gran parte de los debutantes a ese sello: con unas cuantas demos bajo el brazo que gustaron tanto a los responsables del sello que decidieron editarlas tal cual, apenas con unos toques en la mezcla para hacerlas sonar mejor. Si pasó con los Pixies y funcionó, cómo no iba a funcionar con otros, debían de pensar en el sello. Pero lo cierto es que es importante saber que Down Colourful Hill son sólo unas demos hechas disco, porque permite contemplar la solidez de aquellos Red House Painters iniciales.

Red House Painters: Mark Kozelek y más (pero no te olvides de los demás)

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prayers prayers prayers

for success

prayers prayers prayers

always die in time

Red House Painters siempre han sido Mark Kozelek, sólo él. Su voz, sus canciones, su grupo, su “hago y deshago a mi antojo”. Ha tenido todo el derecho a pasarse por el forro al resto de acompañantes, además de conseguir con ello ganarse una fama de arisco más que notable. También hay que entender que, cuando te estás abriendo por dentro para enseñarlo y confesarlo todo, lo último que te apetece es que te venga un músico, un conocido, y te diga que eso sonaría mejor así o asá. Siendo sinceros, si yo alguna vez me atreviese a tocar y grabar algo, no me tocarías los cojones con tonterías. Os pediría que me dejaséis equivocarme, caerme con todo el equipo.

Mark Kozelek son Red House Painters: es la maravillosa voz que te hunde y a la vez te hace eternamente feliz cuando, en el minuto 5:10 de ‘Down Colorful Hill’, el tema titular, sube el tono como si fuera a irse al cielo después de eso. Kozelek es el tipo que se encarga de que te sientas cómodo en un entorno brutalmente melancólico, en un lugar donde los recuerdos te hacen muy feliz porque te hacen llorar. Kozelek se encarga de desgranar cada una de sus cuitas en seis canciones donde lo único que queda, finalmente, es una tristeza reposada, que por más que sea íntima y personal no es nada exhibicionista. Simplemente, es hermosa.

https://www.youtube.com/embed/ck9XlOKaiVk?rel=0

Sí, Mark Kozelek es él, por sí solo, Red House Painters, y posteriormente emprenderá una carrera en la que se irá deshaciendo del resto de gente. Pero en Down Colourful Hill no está solo, y ahí que dar al grupo la importancia que se merece: a Jerry Vessel, siempre con un bajo que se esconde, guadianesco, pero fundamental, y a Gordon Mack, a la sombra de Kozelek. Pero, por encima de todos, hay que darle importancia a un Anthony Koutsos. Su batería, pesada y violenta, lanza las letanías ligeras de Kozelek contra la pared, las golpea allí con fuerza y las vuelve mucho más trascendentales de lo que en realidad son. Si Mark, en el fondo, sólo nos está cantando la angustia post-adolescente de quien cree que ya ha perdido todo lo mejor de la vida le puede dar (o sea, lo de todos, pero con gracia), Koutsos es quien hace que aquello suene como si un demiurgo severo nos cantase las cuarenta.

Down Colourful Hill y estar al borde del tremendismo

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Do you remember our first subway ride?

Our first heavy metal haircuts?

Our last swim on the east coast?

And me with my ridiculous looking pierced nose?

I remember your warm smile in the sun

The daydreaming boy without a shirt on

The Birmingham barfly father

Left the mother of three sons

You’re the oldest juvenile delinquent bum

My best friend

Hay algo que persigue a los discos de Kozelek, algo que sus críticos siempre se encargan de recordarle: que de tan miserable, triste y deprimido que se pone, a veces puede conseguir el efecto contrario. Que nadie se crea lo que canta, que todo sea pose, invención o simple exageración. Tremendismo para vender algo, un personaje, una idea diferente. No hay nada que soportemos peor que aquellos que fingen y nos mienten y luego descubrimos que sus penas, las que tratamos de consolar, eran todas falsas.

Siempre me ha parecido una queja innecesaria respecto a Red House Painters. Me da un poco igual que sus depresiones fuesen fingidas cuando conectaban con las mías. Claro que hay mucho de tristeza tonta en bastantes de sus líneas: de eso se trata cuando eres joven, de pensar que cada cosa mala que te pasa podría hundirte, de lamerte las heridas, de escuchar música sobre estar triste para estar triste. De ser feliz cuando llueve y suenan estas canciones. De que, bah, en el fondo nada es tan grave y los discos, las canciones, han vuelto a ayudarte a pasar el mal trago. “La vida es injusta”, cantaban Black Box Recorder, “mátate o supéralo”. “Mátate o ponte un disco y supéralo”, creo que podrían haber dicho.

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Sabemos que lo que Mark Kozelek canta es real, por más que a ratos parezca increíble. Pero incluso aunque no lo fuese, seguiría siendo magnífico: incluso aunque la historia de ese amigo perdido en la delincuencia y la locura que es ‘Michael’ fuese mentira, sería una narración estupenda. Porque Kozelek es un cuentista, uno de relatos sentimentales cortos. Y si no, fijaos en cuando Mark cuenta que en uno de sus conciertos en Atlanta apareció el propio Michael, el verdadero, después de años sin verlo… y alguien le gritó “toca Michael”… y la tocó mientras el verdadero rompía a llorar. Da igual si no es real: es una gran historia, y es una gran canción sobre la amistad, sobre por qué la perdemos, cuántas personas importante vamos dejando atrás y cómo nos acechan en los recuerdos.

¿Que un tipo que cumple 24 años no puede romperse sólo por eso como Kozelek lo hace en ‘24’? Llegó un momento en el que cada cumpleaños parecía poner punto y final, decir adiós a la juventud. Una vez que te entra al miedo a hacerse viejo nunca te lo vas a poder quitar de encima. Y claro que puedes plantarte año tras año sin que tengas muy claro hacia donde vas, aunque a los 15 parecía obvio que, a lo mejor, con 16 ya sí que se te descubrirían los misterios del mundo (o, al menos, las puertas de las discotecas). Y sí, la vejez siempre aparece en casa con una sonrisa, como un amigo al que no te apetece una mierda ver. En esa frase también acertó Kozelek.

It’s all in your head she said

Morning after nightmare

You’re building a wall she said

Higher than the both of us

So try living life

Instead of hiding in the bedroom

Show me a smile

And I’ll promise not to leave you

Reconozco que no me gusta demasiado ‘Lord Kill The Pain’, porque su electricidad lo rompe todo en este disco, porque no es como la de ‘Shock Me’, inapelable, rotunda, poderosamente triste. Pero, claro, que el tono de la letra sea abiertamente paródico ayuda a echar por tierra los argumentos de que Kozelek, especialmente el primer Kozelek, no tenga sentido del humor. Que, por otra parte, son lógicos: lees y oyes ‘Medicine Bottle’ y sabes que sin metáforas ni juegos lingüísticos Mark ha conseguido relatar la depresión como pocos. Y ‘Japanese to English’ es una de las canciones donde mejor se refleja la sensación de no poder entenderte con nadie, o de vivir en una relación en la que jamás vas a conectar.

‘Down Colourful Hill’: always die in time

https://www.youtube.com/embed/SobsSrCmMoo?rel=0

Por eso, porque éste es un disco de canciones incómodas (no sólo en las letras, la estructura musical de la propia ‘Medicine Bottle’ es complicada de tragar hasta que te rindes), tiene aún más valor la canción titular, para mí la realmente imprescindible. Su ritmo marcial está tocando con más suavidad que ninguna otra cosa en este disco. Kozelek la canta con una dulzura que contrasta mucho con algunos otros pasajes del álbum. Su letra es escasa y es llamativo que así sea en la canción más larga del disco, pero Mark parecía no necesitar mucho más:

out of the box

down colorful hill

wind lifting tired feet

skin sensing challenge ahead

prayers prayers prayers

for success

prayers prayers prayers

always die in time

losing the dream

face to face sleeping

losing the dream

open mouth breathing

where unadmired beings

dread the due changes ahead

like empty roofs above

life for poor doves

like empty roofs above

rid of our love

‘Down Colourful Hill’, la canción, es a la vez un chute de optimismo en el disco como una letanía sobre hacerlo tan mal que sea imposible arreglar nada. Hacerlo tan mal que te quede la duda de si que te vengan malos momentos es porque era inevitable o porque te lo mereces. Son once minutos de sensaciones contrapuestas y repeticiones. Básicamente, lo mismo a lo que Kozelek acabará dedicando su carrera.

“No es tan simple”, canta Mark en ‘Japanese To Engligh, “este diccionario nunca ha tenido la palabra justa para describir cómo me siento”. No, a veces las palabras fallan, pero sí que nos quedan las canciones. Y Down Colorful Hill es un disco para describir cómo te sientes cuando crees que tu mundo se está construyendo sobre arena.

Red House Painters — Down Colourful Hill

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* 1. 24 (6:47)
* 2. Medicine Bottle (9:49)
* 3. Down Colorful Hill (10:51)
* 4. Japanese to English (4:42)
* 5. Lord Kill the Pain (6:03)
* 6. Michael (5:23)

Red House Painters y Mark Kozelek en Hipersónica

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