Punk y periodismo no son fenómenos tan lejanos: ambos desearían bregarse en el frente, ambos deberían ser sucios y ambos deberían contar con amplias dosis de desencanto, crítica y mucho carácter. De lo ideal a lo real versa un espacio demasiado grande, está bien, pero no puedo evitar imaginar la labor diaria del periodista como un trabajo de trincheras similar a la música primitiva y belicista del auténtico punk. La idea es estupenda para introducir este breve, pero no único, homenaje a Wire, que este mes publican un nuevo disco. ¿Es ‘Reuters’, una oda al periodismo y al apocalipsis bélico, la canción punk definitiva? Y yo os digo que sí.

Dicen, o más bien gritan, que tanto el punk como el periodismo están muertos. Que el primero nació finado, sin futuro, corrompido al segundo día por la industria discográfica, el entierro de los ideales y el éxito comercial; y que el segundo ha sucumbido al poder de Internet y la palabra ciudadana, tocado de muerte por sus propios vicios y por la megalómana industria de intereses y magnates que orbitan a su alrededor. Y no les falta razón, pero cuando llegue el fin del mundo sólo el punk y el periodismo os contarán lo que está por venir. Sólo en el cinismo desatado del punk, fruto de toda desesperanza, y en la suicida y heroica obsesión de los periodistas la humanidad encontrará el relato de su deceso.

‘Reuters’ es mucho de ambas cosas. Por un lado, es un pistoletazo punk a la altura de las canciones más célebres de los Ramones o de The Clash, y por otro es un sardónico canto a la guerra, el descontrol del frente interno y el caos. Los propios Wire lo gritan con voz gutural hasta el fin de la canción: “Rape, rape, rape, rape, rape”. La violación como exponente absoluto del caos de posguerra, algo de lo que podrían hablar mucho y bien las miles de mujeres alemanas que sufrieron el crimen sistemático de los soldados soviéticos a partir de 1945. Los saqueos se multiplican, arden los edificios, las ratas y las moscas se han apoderado de todo.

Parece como si la sombra de lo que pasó en el este de Europa durante la Segunda Guerra Mundial se adueñara de cada una de las líneas de ‘Reuters’. Tarde o temprano el fin llegará, tras la subida de precios, tras el aumento de las bajas, tras el avance de los proyectiles enemigos. ¿Y quién estará allí, al filo del abismo, contando los minutos para dejar de vivir, perversamente empeñado en contar hasta el último detalle? Nuestro corresponsal, “running out of tape”, quedándose sin cinta. ¿Quién iba a contar si no el auténtico punk, el verdadero “no future”? Hay movimiento en las fronteras, aumenta el hambre, crece la delincuencia. Todos desaparecéis, pero el punk y el periodismo siguen ahí.

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