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Ricky Martin — A quien quiera escuchar

Cuando llegué a Hipersónica quedé advertido: en cuanto llegara EL disco tenía que ponerme manos a la obra. Hace unas pocas semanas que llegó y es hora de saldar la deuda. Hablamos, cómo no, del último álbum de Ricky Martin.

He de reconocerlo, soy un ignorante de la carrera del cantante más allá de sus los éxitos que le otorgaron la fama: ‘María’, ‘La copa de la vida’, ‘Livin la vida loca’, Sorpresa Sorpresa… Quizás por ello hasta cogí con ganas A quien quiera escuchar (Sony Music Latin, 2015). Me picaba la curiosidad de lo que fabricaba el puertorriqueño tantos años después de aquellas canciones a las que siempre estará asociado. He de reconocer también que me equivoqué, que no sé en qué pensanba cuando creí, por un momento, que podría haber algo rescatable en el disco. Me queda el consuelo de que vosotros también lo escucharéis aunque no queráis, pues tiene todas las papeletas de entrar en el repertorio de hilos musicales para piscinas municipales en la próxima temporada de verano.

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El disco lo abre el Ricky más canalla. El seductor, el que sesea, el que repite un mismo estribillo cuarenta veces en un canción. ‘Adiós’ es el clásico tema al que nos tiene acostumbrados. Aquel que creemos haber escuchado ya y que tememos que se vaya a repetir durante el desarrollo de A quien quiera escuchar. Pero no es así. Ricky ya no es un joven seductor sino un hombre con sus cicatrices y sus miedos. Aunque mantiene la indentidad. Si palabras como boca, beso o corazón no salen en alguna canción, él la descarta. Si la letra no contiene más de cinco diminutivos, descartada. Si la base sobre la que se construye no lleva tintes latinos, también. Sin embargo, renuncia a la energía que le lanzó al éxito y que acompaña al tema que abre el álbum.

De repente llega un gran bajón, una decepción. Ricky empieza a enlazar una balada tras otra, un tema de desamor tras otro. El oyente arquea una ceja en señal de desaprobación mientras en su cabeza resuena de fondo Matías Prats chillando con la vena hinchada “¿Pero esto qué es?”. El puertorriqueño juega ser el Álex Ubago latino en los cortes ‘Disparo al corazón’, ‘Isla bella’, ‘Perdóname’ o ‘Naúfrago’. Toda una decepción. Uno venía en busca de barro y se encuentra con esto. Crees que nada va a poder paliarlo pero Ricky, que lo sabe, saca su as de debajo de la manga nada más pasar el ecuador: ‘La Mordidita’. Sí, el título está a la altura de un tema que cumple con todos los requisitos para ser candidata a canción del verano. Un estribillo simple — “una mordidita, una mordidita, una mordidita, en tu boquita” — y la colaboración de un ex Orishas, Yotuel Romero. No se puede pedir más.

1.8/10

Por ello, le perdonamos que retome su lado más empalagoso en ‘Cuando me acuerdo de ti’ o en ‘Nada’, en los que vuelve a retomar esa temática de tormento y desesperación fruto de un amor no correspondido. Lo que no le perdonamos es la tortura que propone con sus falsetes en ‘Mátame otra vez’, de la que pensarás si el título tiene que ver algo con ello o es simple azar. Sea como sea nos alegramos de que encuentre su media naranja en ‘A quien quiera escuchar’, última canción del álbum homónimo. Al menos estamos ante la certeza de que su mutación hacia el Ubaguismo es incompleta, él no lo hubiera hecho.

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