“Ringo Deathstarr — portada, crítica del disco Mauve” src=”http://img.hipersonica.com/2012/09/criticas Ringo Deathstarr.jpg” class=”centro” />

Tiene gato encerrado este segundo disco de los texanos Ringo Deathstarr. A priori está tan delimitado en su campo estilístico que si la crítica me ocupase más de un párrafo estaría siendo reiterativo. La despacharía con un 6 por las buenas canciones; nunca más, por el saqueo a los mundos ajenos. Pero “Mauve” deja una sensación rara, a la que hay que volver, estrujarla, pensarla y discriminarla, no sea que estemos siendo injustos.

Para ello hacen falta muchas escuchas, siete, ocho, no sé, porque en todas las anteriores no podremos concluir otra cosa que que esto ya está hecho por un mismo grupo y además en un solo disco: los My Bloody Valentine del “Isn’t anything”. La recreación es perfecta, es innegable. Las guitarras rotas, esa centrifugadora de feedback y las baterías en destacado primer plano; pocos grupos habrán clavado tanto el concepto.

Mauve is the color

En algún momento, tras muchas escuchas (pasa con tantos discos…), uno empieza a sentir algo distinto. Se revela el carácter único del grupo, por fin, en alguna melodía, algún arreglo o en la misma producción. Reconozco que esta vez he hecho por encontrarlo. Un grupo que se llama Ringo Deathstarr ha de tenerlo, han de ser especiales. Y lo cierto es que acaba apareciendo.

La portada y el nombre. “Mauve” significa malva; para los tíos, rosa pálido. Aunque no exactamente. La portada monocromática de “Mauve” es un rosa con mucho gris, una tonalidad que me hipnotiza, que no es alegre ni es triste. ¿Es melancólica? Algo de eso hay, como si se hubiese querido cubrir de bruma un paisaje que, despejado, habría sido precioso.

La portada del “Snowball” de Field Mice (1989) era también un solo color, muy parecida. En este caso un rosa casi chicle. Su contenido era prístino como una mañana de verano, su producción limpia y sus melodías cristalinas (‘you’re kidding aren’t you’). Como a su portada, Ringo Deathstarr le vuelcan por encima, a canciones similares, un bote de gris, un filtro difuminador.

Nueva rabia para una nueva generación

Incluso las canciones más alegres y enérgicas (‘Slack’, ‘Rip’ y ‘Do you wanna’ valen de hits underground para este 2012) se restriegan en cierta melancolía rabiosa, canciones de cerrar los ojos y chillarlas mucho en el pogo de las primeras filas. A Ringo Deathstarr les da igual que ya nos conozcamos el truco, están hablándonos de ellos, del ahora, su ira aún es joven y el pasado es una losa con la que los nuevos públicos no tienen por qué cargar. Ya casi nadie está alimentando con guitarras el angst de la juventud, las frustraciones se liberan en otros pagos y, la verdad, los Pains estuvieron bien en 2009, pero se antojan ya cosa timorata para todo lo que 2012 nos pide gritar.

Por muy apreciables que sean (seguramente entre lo mejor del disco), no puedo evitar pensar qué habría resultado de extirparle a “Mauve” su núcleo central, más etéreo y deudor de Slowdive, y haber dejado el disco en 9 canciones directas a la mandíbula, como unos Mission of Burma del shoegaze, como el disco de Mudhoney que tu colega enterado te grababa en la cara B del cassette para que te lo flipases sin tú conocerlo y que acababa siendo tú favorito, en vez del “In Utero” que le habías encargado para la cara A.

 

 

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