Rosendo — A veces cuesta llegar al estribillo: el padre del rock urbano sigue fino

Tenía curiosidad de lo que nos iba a ofrecer Rosendo en este nuevo trabajo de estudio, por cierto, A veces cuesta llegar al estribillo es el decimocuarto de su carrera en solitario. El de Carabanchel siempre lo ha tenido claro, lo suyo es el rock & roll sin tapujos, sin tonterías, directo y quien lo quiera bien y el que no pues tan amigos.

Rosendo Mercado sigue en Dro y a su lado siguen como fieles escuderos el bajista Rafa J. Vegas y el batería Mariano Montero, con quienes ha recorrido más de doce años de carretera. Y en esta ocasión ha cambiado El Cortijo del Aire de Almería por los Estudios Du Manoir en Las Landas donde hizo Veo, veo…mamoneo!! y la mitad de Lo malo es no darse ni cuenta, grabando a las órdenes de su habitual productor Eugenio Muñoz.

http://www.youtube.com/v/020ChY4V3AM&hl=es_ES&fs=1

Me ha dejado un tanto descolocado que el primer sencillo elegido ha sido ‘Tú que…yo que’, un tema de esos que Rosendo ha ido colocando en cada disco, un medio tiempo que yo llamo especulativos, de los que hay que prestar atención para hacerte con el mensaje, y sin un estribillo pegadizo. Casi es mejor el vídeo que la propia canción.

Puestos a elegir yo me hubiera quedado con ‘Mala tiña’, el corte que se filtró semanas antes de la salida del álbum, retrasada hasta el 29 de junio; con ‘Amaina tempestad’, un auténtico himno de directo, y una letra de esas rebuscadas marca de la casa; Angelitos, en el que como los anteriores Rosendo hace un gran ejercicio de guitarras y un estribillo que te queda a la primera, o A veces cuesta llegar al estribillo, poco más de dos minutos y medio que condensa la filosofía musical de este clásico del rock & roll estatal.

En el otro lado de la balanza está ‘Amenaza desastre’, tema raro, raro, raro, que diría el difunto doctor; ‘Rompe la cadena’, una balada con acústica, como si Rosendo se hubiera pasado al territorio cantautoril, que me ha espantado.

A medio camino se quedan ‘Contigo mismo’, un medio tiempo guitarrero, guasón y quedón; la balada ‘La cera que arde’ que nos trae a un Rosendo relajado pero procaz; ‘A moco tendido’, un tema a dos velocidades, la lenta es intragable y la rápida menos; ‘Ni gozo ni calvario’, que podríamos haberla encontrado en un disco anterior del madrileño. Por último, recomendar bien las edicione en vinilo, sí, hay un precioso vinilo, y en libro-disco.

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