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Rosy Finch — Witchboro

Poco a poco va desapareciendo esa sensación de orfandad que muchos sufríamos cuando nos tocaba hablar del Rock patrio. Perdido entre clichés que no son propios y referencias a una idiosincracia que muy poco bien ha hecho a nuestra música de guitarras, nuestro Rock ha conseguido desligarse en los últimos años del dictado del indie ya no tan indie y expandirse en propuestas que van logrando mirar a los ojos a lo que se está haciendo en el norte del continente.

Black Metal experimental, Doom/Sludge, Rock Progresivo, Stoner Rock… ningún género es tabú hoy en la escena musical española, víctima como ninguna otra de la crisis del modelo tradicional discográfico, pero capaz de reinventarse en lo genérico y de aceptar la limitación económica como una oportunidad para explorar nuevos caminos sin el dictado del tiburón de turno.

La nueva alegría llega esta vez de la mano del trío alicantino Rosy Finch, un proyecto que no es el colmo de la originalidad ni lo necesita. Lo suyo es actitud punk, riffs de altos vuelos y sensualidad capaz de derribar al más estoico. Witchboro (Discos Macarras, 2015) es su debut en larga duración y es un disco que no os podéis perder.

Witchboro: actitud, actitud y actitud

Sencilla pero enigmática al mismo tiempo, la portada de este Withboro dice del álbum bastante más de lo que aparenta. Femenino, sí, pero también es un disco rabioso, furioso y compacto. Con tonalidades que transcurren entre el rojo de la agresividad y el gris de la melancolía, con planteamientos que van desde la histeria más etimológica (si me permiten la expresión) hasta la sensualidad contestataria del sostén quemado y el aquí se hace yo que yo diga.

El disco se divide en dos partes, una más agresiva y frenética y otra más lisérgica y Doom

Rosy Finch pueden parecer una banda algo conservadora en lo estilístico, pero una vez arranca ‘Úrsula’ se convierten en una grupo que no teme a ningún tópico. Huelen a esos años noventa que miraban con admiración lo sucedido dos décadas atrás, con planteamientos clásicos pero esa actitud irreverente de los que veíamos que el futuro prometía cenizas y escombros, pero a pesar de ello logran sonar actuales sin que el tiempo se haya convertido en deuda. En pocas palabras podría decirse que lo suyo es Stoner Rock con referencias al sonido Riot, pero a pesar de que la propuesta parece ser algo esquemática, la descripción y la etiqueta acaban quedándose algo cortas para lo que su propuesta encierra.

Los paisajes sonoros a visitar transitan por parajes de calma que se funden con la más enigmática lisergia, los cuales se contraponen con la furia del Punk que de pronto se torna opresiva y asfixiante en manos de un Doom que se muestra ocultista y sexualizado al mismo tiempo. Las letras hablan de melancolía juvenil y rabia contestataria, de liberación y deshinibidición que se tornan empoderamiento femenino. El vehículo son tempos rápidos y voces desgarradas, la base rítmica marca un tempo variable, el cual entona perfectamente con un mensaje creíble y que convence.

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El disco se divide claramente en dos partes que confluyen demostrando que los extremos se tocan. Los riffs aminoran el ritmo y aumentan potencia mientras la furia vocal se vuelve narración fatalista plagada de mitos y ritualidad. Las referencias nos llevan a lugares como Black Sabbath tan pronto como viran hacia Sonic Youth o hasta los Guano Apes del debut, logrando que más que en espada de Damocles se convierta en simple punto de inicio y fuente de inspiración.

Rosy Finch son una banda transparente, que llama a las cosas por su nombre sin temor a ser prisionera de sus palabras

Podría decirse que Rosy Finch han realizado un planteamiento similar al mostrado por Royal Thunder en su nuevo álbum. Sin la impostura del que quiere triunfar a toda costa, y con la certeza del que sabe cuáles son sus puntos fuertes y cómo explotarlos sin caer en ni en la referencia ajena ni en el cliché propio. La de Alicante es una banda transparente que no se guarda ni oculta nada, que sabe que el Rock es un estado de ánimo y la impostura y la ficción son sus peores enemigos.

El resultado de todas estas certezas es un disco directo pero laberíntico por momentos, sin alardes instrumentales pero muy eficiente en cada una de las cuestiones planteadas. Puede sonar algo áspero y saturado en algunos parajes por su seca producción, pero la misma construye una atmósfera donde todo lo planteado se refuerza y se torna aún más verosímil.

8.3/10

Puede que Rosy Finch no hayan roto el molde que rompieron no hace mucho Obsidian Kingdom, Quaoar o Atavismo, pero su autenticidad, su fuerza y su rabia son muy necesarias en la escena musical patria. No han inventado nada ni lo pretenden, pero una banda de su categoría era muy necesaria en nuestro país. Y desde aquí lo aplaudo. Con ganas.

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