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Royal Headache — High

En numerosas ocasiones, benditas todas ellas, la vida se resume a un puñado de recuerdos robados, miradas furtivas y suspiros de pura nostalgia. En otras, igualmente fabulosas, todos los días se amontonan sobre un montón de botellines de cerveza agotados, copas de vino vacías, horas desgastadas al sol y más suspiros de pura nostalgia. Ser joven es euforia, ser joven es estar siempre triste, que cantaba Ryan Adams. Royal Headache comprenden a la perfección el espíritu volátil y maleable de la condición humana, especialmente a temprana edad, y lo trasladan con tanta fiereza como delicadeza a sus canciones breves, exquisitas, iracundas, románticas. Románticas desde la ingenuidad, claro, si es que cabe otra forma de ser romántico. Naïves hasta la náusea, ideales para aquellos días en los que la mirada se pierde en el infinito pensando en ya sabes quién. O lo que es lo mismo, para todos los días de tu vida.

En este mundo alejado del cinismo y repleto de chicas y de chicos, Royal Headache casi perecen en el intento. Hace tres años nos volaron la cabeza con Royal Headache (R.I.P. Society, 2012), gracias en gran medida al talento inabarcable y exagerado de Shogun, su vocalista, un cruce profano entre Sam Cooke y Dan Auerbach, como escribía Álex en su día. Royal Headache contaban con un repertorio inaudito de grandes melodías, pero a su perorata Garage, Punk añadían el carácter puramente Soul de Shogun, abiertas las puertas de su corazón en cada estrofa, vertidas todas sus entrañas sobre el micrófono, entrelazadas de forma sorprendente y fabulosa con ideas musicales que recordaban a los Real Kids o a The Jam. La mezcla, explosiva entonces, no ha encontrado continuación hasta este verano, de la mano de High (What’s Your Rupture?, 2015), y nosotros lamentamos profundamente que hayan tardado tanto.

Nos han vuelto a encandilar por motivos evidentes: Royal Headache capturan con meridiana precisión el estado de ánimo sempiterno en el que el estómago siempre está puesto del revés y todas las canciones llevan su nombre

Por motivos evidentes. Royal Headache capturan con meridiana precisión el estado de ánimo sempiterno en el que el estómago siempre está puesto del revés y todas las canciones llevan su nombre. La sensación a mitad de camino entre lo épico y lo devastador que transforma la rutina diaria en un frenesí de emociones contradictorias, consumiendo el espíritu en una feliz espiral autodestructiva. El amor no correspondido, en suma, la imaginación disparada, aquel cúmulo de emociones que creías perdido en lo más recóndito de tu adolescencia. ‘High’, en suma: quiero estar contigo pero no lo estoy, y por eso aporreo mi guitarra con fuerza y me devoro internamente a través de un estribillo arrebatador. ‘Need You’, en definitiva: no puedo sacarte de mi cabeza y he convertido mi pasión en pura obsesión, fatal, sí, pero también narcótica.

Por todo ello y por mucho más, resulta imposible resistirse a ellos, a sus canciones monotemáticas — “baby” por doquier — , incluso cuando High sólo son diez canciones y al menos dos están por debajo tanto de lo ofrecido en el disco debut como del resto de sus compañeras de viaje. Si restamos ‘Garbage’ y ‘Love Her If I Tried’, que están muy bien pero palidecen en comparación al prodigio melódico de ‘Another World’ o ‘My Own Fantasy’, nos queda un disco inmaculado y digno de quemarse en infinitas escuchas. Sucede que Royal Headache funcionan mucho mejor cuando no coquetean con un sonido crudo y pesado, como pasa en ‘Garbage’. Véase ‘Wouldn’t You Know’ o ‘Carolina’, baladas a medio gas que no tenían espacio en la perfección redonda de su primer trabajo y que aquí ejercen de contrapunto idóneo a la velocidad de crucero de ‘Little Star’ o ‘Electric Shock’. High es un disco más corto, no tan inspirado y con más fallos.

8.1/10

Y sin embargo, sigue siendo un disco delicioso. Influye, por supuesto, el embrujo emocional, la necesidad de expiar las penas y alegrías, propias y ajenas, a través de píldoras Punk-Soul (?) donde lo más importante es la pasión. High es, otra vez, puro nervio, corazón a punto de salirse por la garganta, la traslación sonora del bombeo desequilibrado cuando se vuelven a cruzar por la mente aquellos gigantescos ojos azules, aquella sonrisa de blanco inmaculado, aquella conversación sin fin. Pom pom.

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