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Royal Thunder — Crooked Doors

La estrategia llevada a cabo por Royal Thunder en su segundo disco es lógica. Quizás no les haya salido todo lo bien que esperaban, quizás el resultado se haya ido disolviendo poco a poco como azucarillo en vaso de agua caliente, pero es lógica. Podrían haber seguido el camino marcado por su debut CVI (Relapse, 2012) perfectamente, y es posible que la jugada les hubiese salido bien, pero cuando una banda tiene un activo de las posibilidades de Mlny Parsonz, es normal rendirlo todo a su talento.

El problema llega cuando el resultado es tan desigual como el mostrado en Crooked Doors (Relapse, 2015), cuando lo que por momentos apunta a ser uno de los discos del año acaba perdido en una maraña de desarrollos que no van a ningún lado y cuyo único objetivo es dejarle la pelota a Mlny para que la empuje a gol. Claro, la voz de la bajista es de tal envergadura que uno tarda mucho en verle las costuras al álbum, pero una vez asoman la cabeza el mismo cae en picado, se desploma como cae el interés en ver una película cuando ya te la ha destripado el trailer.

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Hasta que llega ese momento la cosa funciona, qué duda cabe. La curiosa mezcla entre Stoner, Post Grunge y Rock marca 70’s acompaña perfectamente a una garganta que recuerda a un híbrido entre Janis Joplin, Gwen Stefani y Sandra Nasic. ‘Time Machine’ fluye con naturalidad y supone un comienzo de álbum asombroso, valiente y terriblemente efectivo. Parecido sucede con los temas que siguen a la apertura, la sobriedad instrumental funciona porque la garganta de la vocalista funciona, la potencia de los riffs y la elocuente base instrumental mantiene el equilibrio a pesar de un par de sustos.

Apostar por la voz de Parsonz era la tentación, rendirlo todo a la misma es el pecado de Royal Thunder

El problema llega cuando la banda se pierde, cuando la elocuencia de ‘Floor’ da paso a temas en los que la banda echa el freno y todo queda en manos de la verdadera protagonista de la función. Royal Thunder cambian la potencia del debut y la energía de los primeros temas del álbum por un aspecto más introspectivo, asfixiante, que supone un laberinto del que a duras penas logran salir. El objetivo es claro, pero la banda se pierde en el camino escogido, desorientada en progresiones que no son más que una repetición de estructuras y una falibilidad que echa por tierra el brillante trabajo realizado hasta entonces.

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Y a pesar de todo no es descabellado decir que el segundo álbum de los de Atlanta está siendo todo un éxito, uno de los hypes de la temporada. Público y crítica parecen rendidos a una voz rompedora y minusvaloran lo que instrumental y compositivamente la banda ha venido a ofrecer. Comprensible pero algo entristecedor y muy esclarecedor, constantación de lo que realmente se necesita para obtener éxito y aviso de que es probable que, de no enderezar su carrera, Royal Thunder acaben siendo devorados por el propio monstruo que acaban de crear más pronto que tarde.

6.2/10

En cualquier caso, como decía al inicio, era la jugada lógica y no es este momento ni lugar para juzgar a la banda por jugar esta baza. El problema de Crooked Doors no está en qué es sino en el precio que Royal Thunder han pagado para obtener el éxito y lo mal que lo han gestionado. La verdad, me apenaría mucho que una banda con unas bases tan sólidas como la presente lo echase todo a perder por tomar el camino fácil, habrá que esperar al maldito tercer álbum para saber si Mlny Parsonz y compañía se deciden entre el revirado camino de la consolidación o la sencilla ruta hacia el olvido. Veremos.

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