En la mayoría de las ocasiones crecer es dejar atrás la inocencia, abandonar la ingenuidad en un sótano para solo rescatarla cuando las arrugas pasan de impedimento al “n’importe quoi”. Por el camino suele quedar el talento, o la constatación de que su combinación con la ingenuidad hubo un tiempo que nos hizo únicos. El tiempo pasa y lo normal es añorar esa puerilidad que dotaba de frescura a todo lo que hacíamos, lo normal es entender como peaje obligado la domesticación y rutina, despreciando los factores positivos que el conocimiento y la estabilidad aportan.

La madurez no llega a todos en el mismo momento ni lo hace con la misma premura. Los hay que no la alcanzan nunca, y los hay también que consideran que llegar a ella demasiado pronto significa haber malgastado la juventud. A esta última dicotomía se enfrentan Ruby The Hatchet con su flamante Valley of the Snake (Tee Pee Records, 2015), un álbum que ha ido mucho más lejos de lo que pudimos llegar a imaginar los que disfrutamos con su debut, con una propuesta que se aleja del frenesí adolescente de entonces y que se enfanga en un Doom en el que es complicado moverse con soltura.

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Ahora bien, complicado no tiene por qué significar imposible, máxime si la cuestión revolotea alrededor de una de las bandas más interesantes surgidas recientemente, un combo que tiene la suerte de contar con una voz tan magnética como la que se escapa de la garganta de la mágica Jillian Taylor. A kilómetros de lo que algunos califican como virtuosismo, con limitación de potencia y tono, pero que se adapta como un guante al toque Hard Rock de temas como ‘Demons’, al Doom opresivo de ‘Tomorrow Never Comes’ o al hippismo algo naif de la final ‘Valley of the Snake’.

Ruby the Hatchet han madurado de golpe, sumergiéndose en un Proto-Doom que solo era un matiz en su debut

Sin embargo la prueba de madurez que es este segundo álbum de los de Philadelphia no se encuentra en el trabajo vocal de Taylor, sino que nos remite a la labor de composición, arriesgadísima si la analizamos comparativamente, y al impresionante trabajo realizado por Johnny Scarps a las cuerdas, construyendo riffs que no desmerecen frente a la antología creada por Iommi durante los dorados años 70, acompañando a Taylor por un paseo que nos lleva por aquello a lo que hoy llamamos las raíces del Hard Rock.

Evidentemente la originalidad es una barrera que el segundo álbum de Ruby the Hatchet no es capaz de superar, pero también es cierto que ni siquiera se lo propone. Lo que muestran los norteamericanos en el ejercicio es un acto de madurez algo inesperado por la radicalización de cuestiones que eran solamente insinuadas un par de años atrás, es un arrebato de heroicidad alejándose de sendas más llevaderas para el paseante para perderse en un laberinto de riffs, atmósferas opresivas y alegatos lisérgicos como es el proto-Doom al que hoy nos remiten.

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7.9/10

Es comprensible que la apuesta aleje a más de uno por la ausencia de frescura y del impulso de la sorpresa, pero todo aquel que persevere encontrará en Valley of the Snake un disco estimulante, que recompensa en el largo plazo y que sumerge en una escena inmovilista pero atrayente como es la del Occult Rock, una escena que era solo un matiz en Ouroboros pero que hoy es una realidad que llega a emparentar por momentos a Ruby the Hatchet con bandas Doom como Pallbearer, lo cual son palabras mayores. Y es que madurar de pronto no siempre es un error.

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