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Run The Jewels — Run The Jewels 2

A Run The Jewels los tienes que querer, incluso aunque no te importe en absoluto lo que se cueza en los fogones de la escena hip hop. Porque la pareja formada por Killer Mike y El-P ha vuelto a demostrar en su segundo álbum que lo de su debut (Fool’s Gold, 2013) no fue una afortunada coincidencia de factores, sino el primer momento de gloria en una discografía que se hace más grande, más explosiva y más imprescindible con esta continuación que ahora por fin disfrutamos.

De hecho, no es descabellado decir que Run The Jewels 2 (Mass Appeal Records, 2014) supera en todos los planos posibles a su antecesor: su producción está mejor afilada, sus bases se aplican de forma más contundente, sus dos protagonistas se entienden aún mejor y los colaboradores elegidos para la ocasión aportan aún más riqueza a la mezcla. Amigos y compañeros complementan a la perfección sin forzar su presencia, como así demuestran un Zack De La Rocha genialmente repetitivo en ‘Close Your Eyes (And Count To Fuck)’, un Travis Barker sorprendentemente comedido en ‘All Due Respect’ o una Gangsta Boo muy metida en su papel en ‘Love Again (Akinyele Back)’.

Gran parte de la gracia está en que los protagonistas de la función siguen sin tomarse nada en serio, ni a ellos mismos, ni a su música

Por supuesto, gran parte de la gracia está en que los protagonistas de la función siguen sin tomarse nada en serio, ni a ellos mismos, ni a su música, y precisamente por ello pueden romper las convenciones sin miedo a las consecuencias como lo hacen en ‘Oh My Darling Don’t Cry’, que suena a heredera bastarda de Death Grips, o en la genialmente movida ‘Lie, Cheat, Steal’, que condensa como ninguna otra en tres minutos todas las virtudes de ambos músicos. Las letras, claro está, no hacen concesiones a la prudencia, a la lógica argumental o a la elegancia, y se recitan con tanto descaro que cualquiera se atreve a discutirles algo.

Lo que este grupo hace, ya lo decía probertoj, es droga pura, y en este disco se refina para volverse aún más adictiva, más dominadora de las funciones nerviosas del oyente, que se ve sometido por completo al poder del ritmo. Que todo se ejecute bajo los preceptos del hip hop es realmente irrelevante, en primer lugar porque los convencionalismos del género son mínimos, y en segundo porque todo queda tan rematadamente bien resuelto que hasta el mayor detractor de la rima tendrá que reconocer la calidad del producto.

9/10

Por si todas las virtudes del álbum no os parecieran suficientes para darle una oportunidad, sus creadores han tenido a bien regalarlo directamente a través de su página web, así que pocas excusas os quedan para sortear uno de los mejores trabajos del año. Tal cual os lo digo. Intentar resistirse a Run The Jewels es un esfuerzo inútil porque todo ser humano que conserve plenamente las facultades de audición está condenado a caer rendido a su forma de dominar las ondas sonoras. Y si no caéis ahora, ya lo haréis cuando salga a la luz Meow The Jewels.

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