Parece que antes de su debut no había chicas folkies con guitarras que hiciesen pop acústico, con canciones deliciosas y sonrisas que conquistasen a un personal poco acostumbrado al término “cantautora” (no digáis Rosana, por favor). Parecía, igualmente, imposible que una debutante en una discográfica independiente pudiese superar ampliamente el disco de oro, y sin embargo lo consiguió (junto con Vetusta Morla o Manel), con una constancia y una seducción progresiva (círculo maquetero, anuncio de helados… y la final, aunque ajena a ella, sobreexposición) que, visto con la distancia adecuada, tiene un mérito tremendo.

Parece, igualmente, que su aspecto de marisabidilla y su tremendo éxito ha transformado algunas simpatías en recelo. Y que la ruptura con su discográfica anterior y su fichaje por una multinacional para algunos rebaja su pedigree. Personalmente, sólo puedo agradecerle a esta nueva discográfica que le haya posibilitado grabar con Tony Doogan como productor y músicos de Belle & Sebastian, y felicitarla personalmente por la decisión: este disco suena infinitamente mejor que su debut, deliciosamente arreglado e interpretado.

Y además, empieza sorprendiendo. No habríamos imaginado unas dos primeras canciones tan desenfadadas, poppies, enérgicas. ‘Everyday everynight‘ tiene un espíritu jovial, pero la genialidad de ‘The Sun the trees‘, tan Belle & Sebastian que tan sólo por esta canción hubiese merecido la pena este nuevo disco, sitúan el álbum en una dimensión nueva: Lourdes no siente la presión, y se dedica a entretener, al igual que hace después con ‘Fuerteventura‘. Incluso la sonoridad que aportan las guitarras eléctricas a ‘January 14th‘ o a la final ‘Mi canción 7‘ (cuán Sterlin es este tema, madre mía) se convierten en agradables sorpresas, y demuestran una confianza y una seguridad en sí misma que no esperábamos que alcanzase estas cotas artísticas. Por tanto, esta ligereza, inaudita hasta ahora, es un reverso brillante al que no estábamos acostumbrados, que aporta nuevas perspectivas que evitan que caiga en la previsibilidad de la repetición de fórmula.

https://www.youtube.com/embed/L4eEVUK8BwE

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Para muchos, la muchacha lánguida y bucólica que esperaban puede empezar en el corte 3, con ‘I hate you but I love you‘, una canción que poco a poco me ha ido convenciendo (eso sí, el vídeo no ayuda), y a la que sigue una ‘Braver Soldier‘ que le saca el máximo rendimiento al binomio piano-acústica, y que junto con ‘Tarantino‘, son unas baladas sobresalientes, y los momentos más destacados y evocadores de este nuevo álbum, un paso por delante de la nostálgica ‘The memory is cruel‘ y de la íntima y minimalista ‘My love is gone‘, tremendamente sofisticada. Quizá sea la producción que impregna al resto lo que desnuda todavía más ‘A hat‘ y ‘Nick Drake‘, más cercanas a su debut, sólo a acústica y voz, que aún siendo magníficas interpretaciones, acaban por resultar las más discretas del lote. Quizá a estas alturas de disco, hasta hubiese hecho bien en ahorrárselas, sin dar explicaciones, y en dejar sin ningún puente claro este disco con el anterior.

Que no os supere la desidia que arrastréis de su sobreexposición, ni la pereza de escuchar otra vez a “esta niña bonita y tristona”. Se trata de un disco fantásticamente producido e interpretado, deliciosamente primaveral, genialmente enfocado para evolucionar sin abandonar su esencia, para dar un paso adelante sin tener que justificarse ni repetirse. Mirad que me gustaba el nuevo disco de Christina Rosenvinge, pero éste no se queda atrás; congratulémonos del buen momento de ambas y recemos para que algún promotor les ofrezca realizar una gira conjunta.

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