Que Ryan Adams es un indiscutible sí como concepto, es algo en lo que no voy a admitir discusión. Es el más cabezota, zoquete y contumaz músico con ínfulas de rock star que habríamos podido imaginar saliendo de la escena neocountry. Es su Prince, salvando las distancias del talento porque, pese a tenerlo, Adams lo ha desperdiciado más que el de Filadelfia.

Porque que Ryan Adams ya lleva más canciones de mierda en su vida que canciones buenas sí lo puedo admitir a discusión, aunque no me vais a convencer de que ando equivocado. Adoro su Heartbreaker (uno de esos discos de ruptura hermosísimos), creo que su zona media es mejor que la de otros y puedo ir salvando muchas canciones (buenas) de discos odiados por la mayoría, pero le cuesta tanto entonarse para disco largo que hay que soportarle demasiado.

De su disco homónimo, llegado a 2014 para hacernos cambiar de opinión, diría que lo primero que hay que soportarle es su vocación AOR. Tragad con eso y encontraréis algo, pero si el subgénero os da grima (como, por otra parte, debería ser lógico; el AOR es el demonio), más vale que salgáis huyendo. Como, personalmente, hace tiempo que algo me agarró del cuello y me hizo tragar con algunos de los horrendos tics del asunto para empezar a ver las canciones detrás, puedo aguantar si Ryan Adams no decide despeñarse.

Y durante un rato no lo hace: la primera mitad del disco es lo más cerca que podemos estar de un buen disco del Ryan post-explosión-nuclear-en-su-cabeza. Sí, blandito lo es, y mucho, pero también queda claro que Drive-by Truckers darían en su 2014 un brazo por la inspiración que propulsa ‘Trouble’ o ‘Gimme Something Good’. ‘Kim’ da para BSO, dad rock de serie televisiva; ‘Am I Safe’, una melodía clónica envolviendo un estribillo que, oigan, a mí me pilla siempre con la guardia baja.

6/10

A partir de ahí, la cosa se diluye. Pedirle peras al olmo ya sabemos que es mala situación, pero al menos lo que hay que exigir es que suelte dos o tres flores de esas absolutamente inservibles, que para eso es un olmo. Y Ryan Adams da al menos un puñado de ésas. Eso sí, lo de la portada-celebrities no se lo perdono.

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