El año pasado ya nos ponían sobre aviso Vladimir, aquí mismo en Noctamina, y los informativos televisivos y los periódicos, haciendo gala del amarillismo habitual, aunque no era un fenómeno nuevo: el SalouFest se lleva celebrando desde el año 2002, cuando comenzaran con tan sólo 300 asistentes. Ahora está volviendo a suceder.

No creo que a estas alturas haga falta que os explique de que va el asunto, pero básicamente se trata de una excursión de estudiantes británicos que vienen a tierras españolas, a Salou, concretamente, como indica el nombre del “evento” a “practicar deporte” durante el día y a pasarlo bien durante la noche, gracias a nuestro excelente clima (al lado del de ellos) y a la permisividad del ayuntamiento de aquella localidad.

El evento está organizado por una empresa turística que se encarga de vender el paquete a los estudiantes en colaboración con el ayuntamiento de Salou y unos cuantos hoteles de allí que llevan ya varios años prestándose al evento.

Como es de suponer, la polémica está más que servida. Si por un lado tenemos un aporte de dinero al sector turístico de la ciudad durante una semana, (se habla de unos 7–8 millones de euros) adelantándoles su agosto particular, por otro lado tenemos a los sufridos vecinos que no pueden hacer otra cosa que mirar para otro lado, aguantar borrachos y esperar a que el ruido cese bajo sus ventanas para poder dormir.

En otros sitios ya se ha comprobado que promocionar una ciudad a base de turismo de mala calidad como este, conlleva más gastos que beneficios, ya que el gasto en limpieza y mantenimiento del mobiliario urbano termina saliendo más caro que el dinero que se ingresa, que por otra parte ingresan sólo unos pocos mientras el gasto lo paga también gente que no se beneficia de este turismo de borrachera.

Por supuesto, de deporte poco, a no ser que se pueda llamar deporte a montar un carnaval fuera de fechas. Ya podéis imaginar que, durante la mañana, para lo más que dan los cuerpos de estos 5000 británicos, es para tumbarse al sol en la playa cual lagartijas y coger algo de color… rosa.

Lo que no se comprende bien es como los padres de estos chicos permiten que realicen tal “viaje de estudios”. Solemos tener a la gente de otros países europeos por muy civilizados, pero en ocasiones como esta, demuestran que para nada podemos fiarnos de los estereotipos. Gente como esta son los que nos ponen verdes en sus periódicos si abucheamos a Hamilton en el circuito, llamándonos racistas y tantos otros apelativos, si bien en ocasiones no parecen tener espejos en los que mirarse.

Pero dejando a un lado este tipo de polémicas: ¿es realmente esto por lo que queremos que se nos conozca fuera de nuestras fronteras? ¿Se merecen este desprestigio el resto de organizadores de eventos respetables (y no son pocos los que tenemos)? ¿Se merecen que, con tan poco esfuerzo, tiren por tierra el encomiable trabajo de promoción que realizan para que otros ganen un puñado de euros? No sé que pensaréis vosotros, yo, esperaré a ver el balance final de este año, pero de antemano, pienso que así no se hace.

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Foto | Daquella Manera en Flicker