Lo había avisado en varias ocasiones y por fin lo consiguió tras ingerir una dosis letal de relajantes musculares que le mantuvo en coma varias horas. Vic Chesnutt se suicidó en Navidad sin hacer ruido y en silencio, un poco como fue su vida desde que a los 18 años un accidente de automóvil le dejó postrado en una silla de ruedas.

Lo de en silencio es un decir porque Chesnutt nos deja un legado discográfico como poco inmenso que todavía no ha sido reivindicado. “Se ha ido uno de los grandes”, dijo Michael Stipe, productor de sus dos primeros álbumes, Little y West Of Rome, cuando supo del triste desenlace.

Vic Chesnutt no pasaba por su mejor momento. Su amiga Kristin Hersh (Throwing Muses) dio la voz de alarma en su Twitter hace tres días y ha colgado un comunicado en una web destinada a recaudar fondos para su familia, pues el cantautor ha dejado una deuda de 50.000 dólares en medicinas que no cubre el sistema sanitario norteamericano.

Fue sobrehumano de lo que este hombre fue capaz. Vic era brillante, divertido y necesario. Desarrolló un estilo guitarrístico que le permitía tocar el bajo, la rítmica y la solista en la misma canción, con sólo mover dos dedos. Su ágil coordinación era inimitable, su poesía impermeable a las influencias. Era mi mejor amigo. Nunca vi la silla de ruedas, era invisible a mis ojos, pero para él no. Cuando para acceder a nuestro camerino había que subir una escaleras, el oportunamente me decía que nos encontraríamos en el mar. Cuando contraímos la misma enfermedad, le dije que era el peor dolor que había sentido, pero él me dijo yo ya no siento dolor. Cuando le invité a dar un paseo bajo la lluvia el me contestó que sus manos se mojarían. Estando en el escenario con él, le pedí una canción y me respondió: éste dedos no trabaja hoy. Vic era inexpugnable, enorme y maravilloso, pero creo que el se veía a sí mismo como pequeño, roto. Y triste.

Vic Chesnutt acababa de publicar At The Cut (Constellation Records, 2009), su última alianza con la gente del sello canadiense y con el ex Fugazi Guy Picciotto; una joya de folk de autor que no dejará insensible a quien tenga sangre en las venas. ¿Es el tema ‘Coward’ premonitorio? Descanse en paz.

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