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Seether — Isolate and Medicate

Pocos casos podemos encontrar en los que el paso del tiempo desnude más carencias que el que compete a los sudafricanos Seether. Quiero pensar que Shaun Morgan y cía nunca creyeron en realidad que eran capaces de convertirse en cabeza visible o adalides de nada, pero la dureza del devenir de los acontecimientos acaba haciendo pensar al más pintado que era posible que la orquesta la manejasen ellos, lógicamente sin cerebro al volante.

La prensa de la época (la rosa y la ruidosa) se empeñó en que todo hijo de vecino debía conocer a un trío de sudafricanos que se había mudado a Los Ángeles para emular a Kurt Cobain y hacer dinero en el empeño, y fue complicado resistirse a un empacho en el que el lagrimeo fácil convivía con una fingida pose malota, con una voz desgarrada que sonaba tan falsa como una sirena de ambulancia en un pueblo de sordos. El golpe maestro llegó de la mano de un matrimonio de conveniencia con el producto discográfico de la época, un remedo de Nightwish sin sopranos pero con rapeos y corsés para aburrir (y hablo de corsés por no hablar de camisas de fuerza). Hasta llegaron a engendrar un feto juntos, y muchos lloraron sin saber que eso no era un nudo en el estómago, simplemente eran gases.

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Como todo lo que sube al final baja, se acabó la magia, se acabó el matrimonio y se acabó el martirio. Bueno, realmente no se acabó, simplemente la prensa, las plañideras y los sordos nos fuimos con la música a otra parte. Seether seguían emulando a Kurt Cobain con mucho rimel y una cara de pan que daban ganas de sobarlo a golpe de puñetazos, pero ya nadie parecía querer enterarse, ya nadie parecía reconocer presente a una banda que venía de zafarse con Nickelback por hacerse con el título de la banda más odiable (u hostiable) para nuestra generación.

Y en esas seguimos hoy que toca enfrentarnos a Isolate and Medicate, un disco para el que el paso del tiempo es el principal obstáculo, un disco que llega con su público objetivo alejado del mundo del skate, de los pantalones cagados (como decía mi madre) y de las rastas que más que rastas parecían nidos de golondrina. Tiempo han tenido Seether para entender que lanzar un disco como Karma & Effect en pleno 2014 es ponerse encima de una tarima a recibir tartazos, pero cuando la cabeza está solamente para llevar pelo grasiento pegado a la frente y rimel corrido que llega al mentón suele pasar estas cosas.

https://www.youtube.com/embed/oKq8nYkvrQM

Lo peor de todo es que si alguna vez hubo gancho, si alguna vez hubo punch en las canciones que Seether eran capaces de presentar, hoy en pleno 2014 esto parece algo tan lejano como el cretácico. A inicios de la década pasada la falta de ideas no era un problema para los sudafricanos pues contaban con la nostalgia como trampa para ratones, su pose engañaba incautos y algún que otro estribillo resultón se incrustaba en la memoria como se aferra una sanguijuela a una herida supurante. Hoy el mundo ha cambiado radicalmente, ya nadie compra sus líneas vocales sacadas directamente del Nevermind ni sus fachas sacadas de un programa de la MTV, hoy Seether tienen que defender sus discos con el simple valor de sus canciones, y lógicamente sus carencias no quedan al descubierto, se han vuelto exhibicionistas.

Los esquemas siguen siendo los mismos, los punteos siguen siendo los mismos y, obviamente los riffs siguen siendo los mismos. Hace años disimulaban el hurto de ideas que hacían a las estrellas del grunge de los años noventa, hoy no se cortan un pelo en clonar líneas a bandas que van desde Tool hasta Tears for Fears, demostrando que cuando no hay talento uno tampoco tiene filtro. Seether evocan la parábola del cuarentón que una vez de regreso a la soltería se cree que el mundo es el mismo que cuando tenía 25 años, y la realidad les pega la misma hostia que la que recibe el crápula al recibir su primera cobra, olvidándose de que sus congéneres toman gintonics en vez de kalimotxo.

https://www.youtube.com/embed/dOTYtyKomCI

Y como sucede en el caso del cuarentón desubicado, Seether son capaces de hacer el mayor de los ridículos con tal de llamar la atención, con el único propósito de dar a conocer su soltería y su disponibilidad a hacer o darlo todo a cambio de un arrumaco. Así el cuarentón es capaz de decir que le gustan la Habitación Roja y Seether son capaces de cantar un despropósito como ‘Same Damn Life’, canción a la que me gustaría cambiar el nombre añadiendo una ‘h’ en determinado lugar y prescindir de sus dos últimas palabras.

3.3/10

Dice el dicho popular que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su lugar y, la verdad, es que pocas veces el tiempo ha hecho tanto daño como a los sudafricanos Seether. Parecía increíble, pero son hoy mucho más hostiables de lo que eran entonces. Primero porque parecen no haberse dado cuenta de que han pasado ya 10 años, y segundo porque en todo este tiempo no han aprendido absolutamente nada, ni siquiera de las hostias que les ha propinado la vida

Valga esta crítica como un sopapo más. Aunque no tengo la menor esperanza de que capten el mensaje.

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