“Sic Alps” src=”http://img.hipersonica.com/2012/10/Sic Alps 2012.jpg” class=”centro” />Los nombres que vertebran la siempre excitante revitalización de la psicodelia garagera terminan confluyendo con frecuencia en una catarata de lugares comunes. San Francisco, Woodsist, los artefactos psicodélicos de la primera era. Sic Alps han transitado a la sombra de otros grupos con mayor proyección, pero desde su cierto sigilo han construido un relato consistente sobre su identidad musical, que les ha llevado desde grabaciones lo-fi ruidosas y difusas hasta este Sic Alps homónimo, un compendio de las mejores virtudes melódicas y acústicas de los años sesenta en la costa oeste.

Sic Alps: porque había que dar un paso más concreto

Sic Alps son de San Francisco, como Thee Oh Sees, The Fresh & Onlys o The Spyrals, y con ellos ha colaborado en alguna que otra ocasión Ty Segall, que también es de allí. Y nada parece casual en el salto repentino que tanto Sic Alps como Thee Oh Sees como The Fresh & Onlys como Woods, que no son de San Francisco pero cuyo lider, Jeremy Earl, es el responsable de Woodsist, el sello que ha acogido a todos o casi todos los grupos del palo, han dado hacia lo acústico. Porque son tangibles los vasos comunicantes que unen este Sic Alps con el Putrifiers II, el Long Slow Dance o el delicioso Bend Beyond: adiós, baja fidelidad; hola, arreglos de cuerda y frugalidad acústica.

La coincidencia no es premeditada, seguramente. Obedece, con mayor probabilidad, a la propia perspectiva evolutiva de los cuatro grupos: una necesidad artística casi imperiosa de saltar hacia lo concreto. Dejar atrás el garage y las guitarras difusas y mirar más que nunca hacia The Kinks. No es el caso de Woods, cuya letanía campestre y generacional siempre parece optar por otros caminos. Pero sí el de Thee Oh Sees. Putrifiers II y Sic Alps son dos discos muy semejantes en concepción, aunque notoriamente diferentes en ejecución, como no podía ser de otro modo.

Ese salto hacia lo concreto se traduce, en el caso de Sic Alps, en un disco de diez canciones. Su predecesor, Napa Asylum, fue concebido al modo Hüsker Dü o Wire: un doble disco de veintidós canciones que en realidad es uno, con aires conceptuales y canciones de menos de un minuto en cada esquina. Napa Asylum no era demasiado punk, en todo caso. Allí las canciones seguían ancladas en el garage más elemental, muy deudor de los nuggets, pero con tintes más deprimentes y oscuros que sus compañeros de generación. En el fondo, Napa Asylum era un U.S. EZ el doble de grande.

Sic Alps han ido tocando distintas teclas y han encontrado la Bomba H en este álbum homónimo, quién sabe si con objeto de reafirmar su identidad redescubierta. Lejos del ruido depresivo y angustiante de sus discos predecesores, Mike Donovan, el líder del grupo, ha optado por condensar su universo deprimente y desesperanzado en torno a arreglos de cuerda, pianos y medios tiempos elegantísimos. Y el resultado es un disco mucho más consistente. Sic Alps nunca han tenido canciones tan estupendas como ‘Moviehead’, que es garage, folk y psicodelia, siempre desde la moderación.

A la altura de todos los demás

Y por primera vez Sic Alps parecen estar a la altura de todos los demás, e incluso por encima. Porque ‘Lazee Son’ es la canción que White Fence ha estado buscando en su mesiánico disco doble sin tanto éxito (a excepción de ‘It Will Never Be’). Y porque no hay ningún grupo en la escena actual que, moviéndose en las coordenadas de Sic Alps, sea capaz de acercarse al rock clásico con la elegancia y sencillez de ‘Rock Races’. Justo donde The Soft Pack no han podido reafirmarse con la misma seguridad, pese a que Strapped es un disco divertido, Sic Alps han encontrado su identidad.

Es cierto que Sic Alps suenan ahora más clásicos que nunca, y que sus referencias profundizan aún más en los sesenta, pero no por ello dejan de sonar contemporáneos. La banda ha madurado, y eso les sienta genial, porque Sic Alps nunca quisieron sonar jóvenes, frescos o veraniegos. Su garage rock siempre ha estado ligado a la tristeza, a la melancolía o a las emociones hundidas en el derrotismo. A eso sonaban y a eso suenan aún más, puesto que su viraje estilístico se adapta mucho mejor a un mensaje así. Hay más lucidez, pero es como el sol de invierno: no calienta, languidece.

Siguen sin tener hits demasiado evidentes, pero eso es igual. ‘Glyphs’ puede que sea algo parecido a un single, pero es demasiado errática. ‘God Bless Her, I Miss Her’ suena más amable y el falsete ahogado de Donovan es bien. ‘Polka Vat’ podría pasar por unos Beatles post-Revolver, más o menos como ‘Thylacine Man’ o ‘Wake Up, It’s Over II’. Canciones que quieren ser alegres pero suenan tristes. Canciones nubladas. Canciones que son muy diferentes, pero que en el fondo son iguales. Sic Alps han pasado muchas horas escuchando el White Album.

“7,85” src=”http://img.hipersonica.com/2012/10/7,85.jpg" class=”derecha” />Ni siquiera un cierre tan lacrimógeno y empapado en alcohol como ‘See You on the Slopes’ puede empañar un conjunto tan atractivo, tan lúcido y sincero. Porque las emociones que empapan este Sic Alps son auténticas, y no parecen manoseadas hasta lo burdo. Puedes sumergirte en este disco y creer en él, como ya podemos creer en Sic Alps para siempre, porque esta vez se lo han ganado a pulso.

Sic Alps — Sic Alps tracklist

  • 01) Glyphs
  • 02) God Bless Her, I Miss Her
  • 03) Lazee Son
  • 04) Polka Vat
  • 05) Wake Up, It’s Over II
  • 06) Drink Up!
  • 07) Thylacine Man
  • 08) Moviehead
  • 09) Rock Races
  • 10) See You On the Slopes

Sitio oficial | Sic Alps
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