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Siempre es otoño cuando suena Panopticon

Cuesta pensar escenarios más propicios para generar un discurso propio como el black metal, a pesar de la intransigencia de buena parte de su público. Actuando como eje vertebrador de un sonido, las posibilidades son casi infinitas como hemos podido descubrir con muchas propuestas salidas en los últimos tiempos, muchas con una enorme identidad propia y altamente estimulantes. Todo ello, además, apuntalado por la alta carga emocional que se puede imprimir en un estilo metálico como este y que muchas de las bandas más excitantes del género en este siglo han explotado con enorme acierto.

Vayamos a un caso concreto. En una zona con una escena muy fortalecida y prolífica como es Estados Unidos, que cuenta además con una subetiqueta propia -la discutida USBM-, nos encontramos con un proyecto que rompe casi radicalmente con el resto, usando un lenguaje principal idéntico pero enriquecido de manera distinta. No sólo esta particularidad le hace destacar sobre el resto, también lo hace por el exquisito gusto con el que combina todo y también por el vibrante discurso emocional que articula.

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¿Hablar de Panopticon puede ser hablar de una de las propuestas más diferenciables y excelsas en el black metal de este último lustro? Yo os invito a despejar la duda y eliminar el puede. Sólo con tres de sus discos lanzados estos cinco años hemos podido ver como Austin L. Lunn no sólo ha alcanzado un nivel de élite en un género acostumbrado a ofrecer los esfuerzos más brillantes en cada año desde hace un tiempo, sino que encima es capaz de mantener con bastante solvencia ese mismo nivel sin necesidad de ir repitiendo el discurso cada vez. Pequeñas variaciones en cada disco que consiguen mantener una línea coherente y que refuerzan la identidad del proyecto.

Empecemos fijándonos en Kentucky (Pagan Flames, 2012), posiblemente su obra cumbre y, por extensión, una de las cimas del metal de esta década. A un abrumador black metal se incorporan sonidos como el folk o el country bluegrass que le dan un colorido más especial al paisaje. La habilidad de este músico, que toca casi la totalidad de los instrumentos en este disco con colaboraciones justas aunque necesarias, termina de hacer el resto en un álbum prodigioso y magnífico, que conquista tanto por lo sublime las piezas, muy bien construidas y desarrolladas con sus elementos complejos, como por el concepto de la obra, centrado en el desprecio político y la cruda situación de los mineros de su país. Para más inri, parte de los beneficios del disco fueron donados a Kentuckians for the Commonwealth.

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Era lógico, por tanto, sobresalir en el panorama con una obra redonda tanto por lo bien interpretado que es el contenido como por su alto grado de compromiso social. La réplica a semejante joya no es sencilla, pero el talento de Lunn no parece conocer límites, por ello el resultado de Roads to the North (Bindrune, 2014) es, como poco, para levantarse y aplaudir. Las partes del sonido de Panopticon encuentran un término medio en el que coexistir mejor y también abren la puertas a pinceladas de black/death metal melódico y post-rock que dotan a este disco de un toque más particular. Uno que le permite mirar casi de tú a tú a su hermano mayor, incluso sin tener tantos highlights en su global.

Con un escenario y un contexto así de satisfactorio, cómo no esperar lo máximo o, al menos, una continuación a la altura en Autumm Eternal (Bindrune, 2015). Y no nos dimos a nosotros mismos ni un sólo momento de duda al respecto, Panopticon está en un estado de gracia que le convierte casi en un seguro de vida. Por ello mismo el resultado de su nuevo álbum vuelve a ser magnífico y deslumbrante, cautivando tanto nuestro interés como nuestra sensibilidad y que continúa bastante bien todo lo andado hasta el momento por Austin Lunn. Visto con cierta perspectiva, la sucesión parece bastante clara, mostrando una estupenda evolución hilada por una calidad compositiva como pocas en su estilo.

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Esta no es una crítica del nuevo álbum de Panopticon, que llegará más tarde. Simplemente es un buen momento para detenerse, poner en perspectiva y alabar todo lo avanzado por este músico y qué posición ocupa o terminará ocupando su último movimiento discográfico. Un servidor, por lo menos, se declara rendido a los pies de este sublime Autumm Eternal.

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