En la calle llueve a cántaros, tus botas no son todo lo buenas que pensabas y no te gustan los paraguas. Llegas a casa empapada, la calefacción todavía no funciona en tu comunidad y la cocina de leña de la casa de tus padres no tiene cabida en tu pequeño apartamento compartido. Son las seis de la tarde y el día empieza a oscurecer. El otoño ya se ha asentado por completo. Tienes mucho por hacer y muy poca disposición, así que te animas con un buen disco, porque sabes que la música puede darle la vuelta al día. ¿Y qué escoger? Pues yo tengo dando vueltas en mi cabeza un clásico, Sounds of Silence de Simon & Garfunkel,un álbum de otoño, una razón de por qué ésta aún puede ser tu estación favorita.

La sentida voz de Art Garfunkel y las admirables composiciones de Paul Simon hicieron que estos dos viejos amigos pasaran a la posteridad y revolucionaran la música con tan solo seis discos publicados. El último data de 1970, pero desde entonces siguen en la memoria de todos, siendo uno de esos fenómenos irrepetibles que la historia nos regala de vez en cuando. Y no estoy diciendo que la de Garfunkel sea una de las mejores voces de la historia, ni que Simon esté entre los mayores virtuosos de la guitarra, pero sí digo que juntos crearon algunas de las composiciones más ricas y vivas de la música folk-rock. Y eso fue gracias a su talento.

Las sencillas melodías del folk más puro se mezclan perfectamente con los matices de rock y el groove que baña algunos temas.

Este disco, publicado en el año 1966 de la mano de Columbia Records, lleva por título una referencia al primer gran éxito de Simon & Garfunkel, el tema ‘The Sound of Silence’ publicado en el que había sido su anterior álbum, Wednesday Morning, 3 A.M.(Columbia Records, 1964). En un principio este álbum pasó desapercibido entre el público, hasta que los sonidos del silencio se empezaron a escuchar en las radios y consiguieron alejarles del anonimato. Tras esta sorpresa, el dúo se puso a trabajar en el que sería uno de sus grandes álbumes, Sounds of Silence.

Se trata de un disco que crece a lo largo de los minutos de música que lo forman. Las sencillas melodías del folk más puro se mezclan perfectamente con los matices de rock y el groove que baña algunos temas y los vuelve muy rítmicos, contagiosos para los que estamos escuchando. Es la alegría y la tristeza en un mismo cuadro, el frío y la calidez a un tiempo, tal y como hace el otoño cuando llega.

Once canciones, once poemas

Con un ya famosísimo ‘Hello darkness, my old friend…’ nos adentramos en el ambiente de cualquier ciudad actual. Y es que por mucho que hayan pasado unos cuantos años desde que esta letra apareció, el reclamo que hay en ella deja ver que no en todo hemos cambiado tanto como creemos. Con ‘The Sound of Silence’ Simon le hablaba a la multitud insensible, esa que camina impasible y encomienda su vida a un dios creado por y para ella, esa que no se atreve a interrumpir los sonidos del silencio aun sabiendo que la verdad se esconde allá donde nadie quiere llegar.

And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more.
People talking without speaking,
People hearing without listening,
People writing songs that voices never share
And no one dared
Disturb the sound of silence

Un animado patrón de piano y pandereta acompañando a la guitarra es lo que encontramos en ‘Leaves That Are Green’. Una historia que deja entrever una metáfora al amor no correspondido, al que se esfuma y pronto se marchita, que pasa de verde a marrón, como hacen las hojas cuando el otoño pasa por ellas. En ‘Blessed’, un canto a la hipocresía, nos invade un sonido más eléctrico que pronto deja paso a una delicada ‘Kathy’s Song’. Unos acordes de guitarra y una hiriente confesión de amor son suficientes para que este tema se convierta en uno de los más emocionantes. De mis favoritos.

El animado ‘Somewhere They Can’t Find Me’, el sobrecogedor ‘Anji’ con la guitarra como única protagonista, la festividad de ‘Richard Cory’ a pesar de lo trágico que en ella cuentan o la dureza de ‘A Most Peculiar Man’ son solo algunos de los adjetivos que se le vienen a una a la mente escuchando estas canciones que por momentos se vuelven poemas.

8.8/10

Es el turno de ‘April Come She Will’. Una pieza de menos de dos minutos que se convierte en la pequeña gran obra del álbum y en la que la melodía y la voz se vuelven una contando el paso de las estaciones y llamando al amor. ‘We’ve Got A Groovy Thing Goin’ es el frenesí después de la calma, es el día frío pero soleado del otoño. Y con ‘I Am Rock’ se despiden devolviendo el protagonismo a la guitarra y a los estribillos ascendentes que Simon & Garfunkel dominaban tan bien, contando la historia de un chico que escapa del amor y la amistad y alaba la soledad y el refugio en sus libros.

I am a rock,
I am an island.
And a rock feels no pain;
And an island never cries.

Sounds of Silence es el refugio para este otoño. Para escuchar en soledad, cuando los días se vuelven oscuros pero un disco se vuelve un sitio con luz.

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