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Sinsal Son EG 2015 (domingo): el día equivocado

Del Sinsal ya os hemos hablado en numerosas ocasiones, e incluso este es el tercer año que llevamos cubriéndolo in situ. Pero para los que lleguen tarde, explicamos que se trata de un festival que se celebra a finales de julio en la Illa de San Simón, muy cercana a Vigo. Hasta allí llegas en barco, y solo allí conoces el cartel (más allá de algunas pistas que da la organización en días previos). Esta edición, por primera vez, contaba con un concepto de festival más al uso durante las jornadas del viernes y sábado, en las que no se repetían grupos (antes el festival estaba pensado para que fueses en sábado o domingo, ya que tocaban las mismas bandas). En esta edición el domingo se denominaba como el día familiar, ya que los menores no pagaban entrada.

La cuestión es que Hipersónica, por aquello de los compromisos sociales, tan solo pudo presentarse en la Illa durante la jornada del domingo. Corrijo: Javimetal fue el sábado. Pero esperar a que Javimetal nos cuente algo sobre esa jornada es como presumir que algún día hará la crítica del segundo disco de Foals, que lleva años prometiendo. En todo caso, lo gordo del cartel, admitámoslo, nos lo perdimos. A saber: Michael Rother con sus NEU! Harmonia Solo Works, Maika Makovski, Jolie Holland, Owen Pallett o Deerhoof entre otros. O sea, que el cartel no te lo sabes hasta que llegas, y cuando llegas te das cuenta de que vuelve a ser un cartelazo (en otras ocasiones han tocado Dominique A, Alt-J, Wire o Arien Pink, por poner algunos ejemplos). Nos cuentan que el tiempo no acompañó excesivamente el viernes, pero que el sábado fue espléndido.

Nosotros, insisto, asistimos a la jornada del domingo. Con leve lluvia durante la misma, algo que se está convirtiendo en una incómoda costumbre en las últimas ediciones de los festivales gallegos a los que acudimos. El menú del día contaba con nombres, a priori, menos reconocidos que los de días previos y, efectivamente, que se tratase del día familiar quedó plasmado desde el mismo momento de coger el barco. Pero bueno, todo sea por encontrarle relevo generacional al tinglado este.

Empezamos. 13:00, cita con los ingleses Champs. Un dúo formado por los hermanos Champion, que llegaron a San Simón en formato cuarteto para directo. El suyo, para mi gusto, fue el concierto del día. Traían el hasta ahora desconocido Vamala (Play it Again Sam, 2015) bajo el brazo. Viene a ser ya su segundo disco, y merecerá la pertinente reseña. Folk pop con vocalista tirando de falsetes. De esos recitales que es casi imposible que no le gusten a todo aquel que está presente en ese momento. ‘Running’ consiguió que un sol ficticio brillase por minutos, y ‘Forever Be Upstanding at the Door’ los acercó en mi memoria a enormidades como Simon & Garfunkel. Una preciosidad.

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Siguiente cita. Sumrrá. Únicos representantes gallegos de la edición de este año. El resultado del concierto fue sorprendente. Al menos desde la perspectiva de alguien que no tiene el jazz como recurso habitual cuando enciende el tocadiscos. En este caso no hablamos, precisamente, de unos desconocidos, ni de una banda emergente. El trío gallego lleva funcionando más de una década, y la convicción y el empaste que muestran en directo es incontestable. Percusiones con toque showman pero sin perder de vida una calidad excelsa, y varios momentos de esos que arrancan aplausos a medio tema, por ver que el que está encima del escenario consigue contagiar su pasión a los que está sentados sobre el césped.

La tarde empezaba con el funk y el hip hop de las estadounidenses THEESatisfaction. Venían con la presumible garantía de editar sus discos bajo el sello Sub Pop, pero el suyo fue el concierto más decepcionante del día. Catherine Harris-White y Stasia Irons cayeron de lleno en el odioso cliché de los “aprietabotones”. Lo llevaban absolutamente todo grabado. Y aunque la logística en un festival tan peculiar como el Sinsal debe tener sus dificultades, no consigo entender en base a qué no pudieron contar con la ayuda de un pinchadiscos, cuando menos. Darle al play y ponerse a cantar. A cantar y a rapear bastante bien, e incluso a hacernos bailar en no pocos momentos, pero eso de la magia del directo tuvo que quedar para mejores ocasiones (tanto es así que incluso escogieron algún que otro tema exclusivamente instrumental. O sea, darle al play y bailar un par de minutos sin más). Temas meritorios, como ‘Planet for Sale’ o ‘Recognition’ no les faltan. El resto era otra historia.

Para finalizar, doble cita chilena. En primer lugar la ecléctica propuesta de Camila Moreno. Folk, canción de autor, bases electrónicas y rock en tres cuartos de hora de mucha actitud y no poca calidad. Mala madre (Soundmachine, 2015) es su última referencia, y un (lo reconozco) escepticismo inicial acabó mutando en convicción de la mano de canciones como ‘Tu mamá te mató’, probablemente mi favorita del recital. Letras oscuras y luctuosas, contrastando por momentos con melodías mucho más optimistas. ‘Sin mí’ consiguió conducir la intensidad del concierto por derroteros mucho más acertados que el histrionismo que también apareció en ocasiones. En todo caso, el resultado final fue notable, y el nombre de Camila, de esos que intentas tener en mente para volver a escucharlos de cuando en cuando.

Fin de fiesta con Astro. También desde Chile. Para entendernos, una suerte de El Guincho de allí, aunque la electrónica casi exclusiva del inicio dejó paso progresivamente a las guitarras y unas percusiones que definían el discurso de la banda. Consiguieron hacer bailar a un público que, a priori, había ido allí a observar tranquilamente. Fueron de más a menos. Bien al principio, divertidos, con algún cambio de ritmo interesante y con esas percusiones consiguiendo animarte una tarde que se presentó menos lluviosa que la mañana (un besito desde aquí a las web de predicción metereológica), pero fueron desinflándose, invitando a la gente a ir desalojando la isla de forma escalonada, sin prisas. Los que nos dejamos seducir por ‘Caribbean’ aguantamos un ratito, pero poco más. Al llegar, la cola que esperaba el barco de vuelta delataba que, o bien las familias necesitaban ir recogiendo bártulos, o bien a unos cuantos el concierto se les hacía largo.

Incluso a pesar de no poder haber acudido al festival completo, nos queda la sensación de todos los años. Al Sinsal Son EG hay que volver. Siempre.

*Fotos: Paula Rico.

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