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En la histórica Illa de San Simón viene celebrándose en los últimos veranos una de las citas ineludibles de la escena musical gallega, el Sinsal Son EG (estrenaba nombre este año, tras cuatro ediciones). Seguramente, uno de los festivales más particulares que se me vienen a la cabeza. Muchos de vosotras ya conocéis la fórmula, pero para los que no: el público se compra su entrada, y no tiene puñetera idea de quién va a tocar hasta que, en el día del festival, y salvo que te hayas rendido a la rumorología popular (que a menudo acierta), te encuentras con el cartel en sí. A eso, sumémosle que para llevar a la isla, obviamente, no tienes otra forma que acudir en barco desde uno de los puertos marcados en el festival.

Ante eso, llegas poco después de las 12:30 para disfrutar (a menudo en familia, no son pocos los padres que hace años empezaron a acudir a conciertos, y que ahora buscan un temprano relevo generacional con sus enanos pasando un día de sol con música de fondo) de la pintoresca apuesta de una agrupación, Sinsal, que se ha ido labrando con los años el merecimiento de apostar por ellos, incluso con un cartel a ciegas. Ciertas novedades con respecto a una edición anterior que sufrió de varios contratiempos, al tener que cambiar de fecha y cartel por motivo del trágico accidente de tren de Santiago. Una de ellas, la principal, un casual cambio de ubicación de uno de los escenarios. El motivo fue el derrumbamiento de uno de los muros de la isla, que hizo obligatorio ese traslado, pero lo cierto es que la zona elegida gozaba de muchos más espacios de sombra que la del año pasado, por lo que de la casualidad, seguramente, debería nacer un cambio que perdure.

En cuanto al cartel, la programación se abrió con Bel Bee Bee, el proyecto de la canaria Belén Álvarez, con Still Unstirred, su reciente debut, como tarjeta de presentación. Las melodías, con guitarra y sintetizadores como hilo argumental sólido, merecen ser degustadas con tranquilidad, tomándose su tiempo. Piezas como ‘A tu rareza’ o sobre todo ‘Astrays Sculpture’ hacen creer en un futuro prometedor, en que hay materia prima de lo más interesante dentro del formato de cuarteto que adoptó la banda en San Simón. Como contra, quizás esas idas y venidas vocales de Belén, que en directo tanto recordaron a Russian Red (siempre el yugo de la puñetera comparación). Mucho más de lo que pueden parecer en disco, donde la semejanza no es tanta.

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Entre las apuestas de Sinsal Son EG siempre hay cabida a lo pintoresco. A los terrenos alejados de lo común. A las apuestas arriesgadas. Este año, obviamente, no iba a ser diferente. Ahí estuvieron Jambinai (잠비나이, en realidad, pero permitidme la occidentalización), un quinteto surcoreano que apuestan por mezclar el post-rock de vieja escuela con sonidos tradicionales de su país. Antes de nada, hablemos de los contras: formato quinteto que, en primer y último tema, se queda en trío. Pues bien, los dos que se bajan del escenario en ese momento son guitarrista y batería, quedando en él el trío de hombre con flauta y guitarra, y chicas con instrumentos tradicionales surcoreanos, llamados Haegeum y Geomungo, para que veáis que vengo estudiado, que serían algo así como lo que vendríamos a conocer como un violín y un tronco con cuerdas bien gordas que hay que tocar sentado y con una minibaqueta, que hace el sonido similar a un bajo. En fin, digo, pues, que se van los dos buenos mozos de guitarra y baterías, para que, mientras tocan los otros tres… suenen unas guitarras y percusiones grabadas!!. No, hombre, no. Así no. Que sabemos que estáis allí, que no es que no hayáis podido venir. Dicho lo cual, Jambinai se largaron lo que viene siendo un conciertazo. De largo, la mejor noticia de esta edición del Sinsal. Nombre apuntado para escuchar en casa, con temas absolutamente sublimes, como ‘Connection’, y discos agotados en su stand de merchandising, tras su extensa gira europea, con parada en Glastonbury. Dejando aparte el inconveniente comentado, fantásticos.

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Tras parada para comer, comida de verdad, no os creáis, su buen pulpo regado con cerveza autóctona (otro toque de distinción, eso de poder comer y beber de verdad en un festival), llegaba uno de los supuestos platos fuertes. A Chelsea Wolfe la conocimos tras colar su ‘Feral Love’ en la banda sonora de Game of Thrones. Californiana poco dada al espíritu colorista, Chelsea Wolfe dio un concierto excesivamente sobrio y oscuro para el lugar en el que nos encontrábamos y, sobre todo, para la hora en la que fue programada. Demasiada calma para el momento de la siesta, concierto aburrido. Por momentos pareció que la sensación no iba a mejorar, al llegar el turno de Ginger and the Ghost. Dúo australiano que viste el escenario con florecitas y trapos varios. Que entran en silencio y, a modo de performance, se sientan sobre la tarima y comienzan a maquillarse, vestida ella de forma realmente particular. En fin, el horror asomaba. Pero mira, no. La propuesta sonora Ginger and the Ghost (que apenas había salido de su Australia natal hasta ahora) fue más allá de la anécdota inicial, y, con apenas un single y un EP en el mercado, muestran grandes detalles como ‘One Type of Dark’, cuyo videoclip invita a pensar que también se tratan de un grupo ideal para colocar en un ambiente de sala, con mayores opciones técnicas y visuales que las allí dispuestas. Más nombres apetecibles para apuntar en la agenda.

Para cerrar el Escenario San Antón New Balance, estaba la banda que acompañaba al holandés Jacco Gardner. El suyo fue un concierto quizás no digno de ser recordado durante años, pero sí muy disfrutable. Venían, como decimos, de Países Bajos, si bien tanto su sonido como su estética estaba más cercano al pop psicodélico de la california de los ’60. Cortes tan preciosistas como ‘Clear the Air’ o ‘Summer’s Game’ parecían diseñadas para esa hora y ese lugar en el mundo. La banda sonora perfecta a una tarde de sol en la isla, y la confirmación, cuando todavía quedaba un buen rato, de que el nivel medio de las bandas de 2014 parecía superar al del 2013.

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El secreto peor guardado de esta edición del Sinsal Son EG era, precisamente, el del cabeza de cartel. El nombre de los británicos Wire había corrido como la espuma entre los mentideros de los foros del festival. Se había dado la pista de que acudía un grupo que había lanzado grandes discos en las últimas cinco décadas. Si a eso uníamos la presencia de la banda días antes en Donosti, todo cuadraba. Cuando no los has visto en directo antes, y, echando cuentas, te sale que su debut cuenta ya con 36 primaveras, que te entre el miedo porque no te imaginas a un tipo con la edad de tu padre dando un buen concierto punk es una salida razonable. Pero, lejos de ello, los de Colin Newman soltaron un recital preciso, honesto y en el que se les percibió un grado de implicación muy de agradecer. Tanto es así, que en lo que se supone una jornada de tranquilidad familiar con agradable banda sonora, los de Londres acabaron montando un pogo en primeras filas. Muy por encima de las expectativas. Al menos, de las mías.

Casi finalizando la jornada, llegaba, desde Níger (ojo), Mdou Moctar, que, a diferencia del resto de bandas, sólo realizó su concierto en la jornada del domingo. Enfundado en traje típico, y con el apoyo de otra guitarra y batería, el Tuareg confeccionó un recital de pop africano disfrutable y bailable, ideal para cuando la jornada empezaba a pasar mella. En su debe quedaba la sensación de un tono algo monocorde y repetitivo, del que cree que esta ya la han tocado. Y eso en un concierto de tres cuartos de hora abre ciertas dudas sobre su recorrido real. Quedaba sólo una cita. La de los jiennenses Blam de Lam, que se definen a sí mismos en su bandcamp como “trovadores cósmicos” y que la prensa acreditada apenas tuvimos la opción de poder ver, ya que la organización decidió desalojarnos de la isla antes de que llegase el ecuador de su concierto. Que no se repita. Pero sólo esa sombra entre tantas luces, entre el lujazo en lo que se ha convertido un festival tan minoritario (700 entradas por día) y tan mágico a la vez. Volveremos, sin duda.

**Fotos: Paula Rico

Sinsal en Hipersónica

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