Pensemos por un momento en Sivert Høyem como en un talentoso futbolista por el que todo el mundo bebe los vientos gracias a su portentosa habilidad con el esférico (en el caso del noruego hablamos tanto de su labor compositora como de su carismática voz). Su etapa de Madrugada sería su temporada de explosión en un equipo que ya contaba con buenos jugadores, pero él conseguía marcar la diferencia y que el plantel alcanzara cotas estratosféricas. En definitiva, el jugador que todo el mundo desearía tener en su equipo.

Si en este símil futbolístico hemos asociado el Høyem como un hombre de equipo que ayudaba a impulsar a éste, su etapa como artista en solitario la podemos asociar a cuando el futbolista es plenamente consciente del talento con el que cuenta y decide aprovecharlo en la medida que el quiera. Le dice al entrenador que ya no quiere jugar en banda y que prefiere jugar en el centro y, a ser posible, que no tenga que bajar a defender mucho para no cansarse, reservando oxígeno para ser mortífero en los últimos metros ante la portería. Y lo hace porque sabe que nadie se va a oponer. Y si el míster tiene alguna queja, tiene tanto a la hinchada como a la directiva de su parte, por lo que todo el mundo sabe quién acabará haciendo las maletas en caso de quedarse con uno de los dos.

Sivert Høyem, cuando el talentoso se conforma

Ese futbolista elevado hasta los altares balompédicos se sabe el mejor, pero también sabe que le es suficiente con estar fino en los metros finales cuando reciba el balón, por lo que no se molesta en aportar mucho más a nivel colectivo, perdiendo progresivamente su frescura y parte de las grandes maravillas que era capaz de hacer en su época de esplendor, aunque también suelta alguna de manera ocasional cuando lo ve conveniente o cuando alguno empieza a arquear la ceja con respecto a él. Cuando uno lleva un sistema de juego como ése tanto tiempo, tarde o temprano empezará a resquebrajarse y vérsele las costuras.

Y así podría definirse al Høyem de Endless Love. Aunque es cierto que el noruego ha mostrado que en solitario podía mostrar un nivel notable, ninguno de sus trabajos alcanza la entidad, brillantez y frescura de su época con Madrugada. No obstante, conviene aclarar que ninguno de los otros cuatro trabajos firmados podríamos calificarlo de prescindible porque contiene los suficientes aciertos y virtudes para hacer que su escucha merezca la pena. Entre ellos, la magnética voz de Sivert, aunque también muchos otros.

Una voz magnética, pero sin canciones con chispa

Sin embargo, Endless Love no presenta esos otros ciertos. La voz siempre está, por supuesto, y eso le da un pequeño plus a estas canciones, pero también es cierto que por sí sola no es suficiente para mantenerlas. Prueba diferentes cosas, pero no todas son acertadas. Canciones como ‘Handsome Savior’ o ‘Free as a Bird / Chained to the Sky’ suenan a tópico, a un estilo que has escuchado cientos y miles de veces en otra infinidad de artistas, pero carecen de la suficiente chispa o carisma para hacer que eso nos de igual.

No obstante, ya he dicho que aunque carezca de la grandeza y frescura de antaño, Høyem aun sabe como dar coletazos de genialidad que nos atrapen, aunque en este caso sean menores. El arranque con el tema homónimo posee ese feeling que no se aprende, sino que se tiene o no se tiene. Probablemente sea el jitazo de este conjunto junto con ‘Görlitzer Park’. Curiosamente, ambos son temas que se salen más de los esquemas clásicos de la música de cantautor, pero también están ‘Inner Vision’ o ‘Ride on Sisters’ que, sonando más típicas o encorsetadas, saben emocionar lo suficiente para que les demos el sello de aprobación.

Sin embargo, tales momentos reseñables no consiguen compensar al resto de temas que suenan más anodinas e insustanciales, lo que genera que Endless Love tenga un conjunto descompensado, irregular y algo conformista. Aunque vuelvo a aclarar que, pese a que haya canciones que no me transmiten demasiado, ninguna es mala, por lo que tampoco podemos calificar este disco con un suspenso. Pero es cierto que esa falta de magia hace que tampoco lo podamos valorar más allá de lo mínimamente aceptable y tampoco motiva mucho a rescatarlo una vez pase la novedad. Y eso hablando de un artista como Sivert Høyem sólo puede traducirse en decepción.

6/10

Sigue siendo un álbum aceptable y que se puede escuchar, sobre todo por algún que otro tema, no invita mucho a engancharse a él por culpa de unas cuantas canciones anodinas y faltas de chispa que ni la asombrosa voz de Høyem puede levantar.

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