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Slash featuring Myles Kennedy and The Conspirators — World on Fire

Con Slash sobran las presentaciones, porque su currículum es más que conocido por cualquier hijo de vecino que le guste mínimamente el Rock (a veces hasta ni eso). Pon una imagen de su extravagante sombrero y sus gafas de sol y rápidamente el cerebro que capte dicha imagen reconocerá al instante la referencia y la completará mentalmente añadiendo su rizada cabellera y su sempiterna Les Paul colgada a su cuello. Para desgracia de sus detractores, es parte de la historia del Rock.

Por eso mismo ahora se encuentra en un punto en el que no necesita demostrar nada como instrumentista porque su mejor trabajo ya lo realizó como guitarrista de Guns N’ Roses. No obstante, su reciente trayectoria en solitario puso en duda su labor como director de su propia orquesta, sobre todo en su flojo debut homónimo (2010, EMI) donde su excesiva variedad de estilos se conjugó con una calidad oscilante e inestable. La cosa mejoró ligeramente en Apocalyptic Love (2012, Dik Hayd International) con una formación más estable y un sonido establecido, pero muy lejos de ser un disco notable o del que se supone uno de los mejores guitarristas del planeta (no interprete, que es similar pero no es lo mismo).

Con la esperanza de que la cosa fuera a más, Slash ha decidido volver con la misma formación de su anterior trabajo. Vuelve a contar con The Conspirators como escuderos y con el talentoso Myles Kennedy de Alter Bridge para ser la voz reconocible de este proyecto a medio camino entre una banda con todas las de la ley y una auténtica carrera en solitario. Los ingredientes, en principio, deberían de gustar, pero hay que saber cocinarlos para que el plato esté bueno.

Slash ya no necesita demostrar nada a nadie como guitarrista. Con la esperanza de recuperar el aceptable resultado de Apocalyptic Love, repite instrumentistas, cantante y sonido, creyendo que así lo tenía todo hecho.

Con esa tesitura, todos sabíamos de antemano a qué iba a sonar este World on Fire (2014, Dik Hayd International) muchísimo antes de que saliera al mercado. De hecho, incluso aunque las piezas a su alrededor fueran distintas seguiríamos teniendo la certeza de que encontraríamos otro disco de Rock duro sin pretensiones mayores que la de intentar hacer disfrutar al oyente mientras oye una serie de deslumbrantes riffs y solos de guitarra. Quizá por eso Slash ya se intuía que lo tenía todo prácticamente hecho antes de trabajar en dicho disco y probablemente no se haya roto la cabeza ni en la composición de los temas.

No seré yo quien venga a hablar mal del Rock conformista y poco innovador. Siempre digo que me importa poco lo revolucionario de una propuesta siempre que me consiga hacer pasar un buen rato. Lamentablemente no puedo decir eso mismo de este trabajo de Slash, un disco tremendamente plano, falto de gancho e insustancial. Riffs que hemos escuchado hasta la extenuación, canciones que a los cuatro segundos ya sabes cómo se van a desarrollar y terminar y falta completa de inspiración para producir momentos memorables a lo largo del disco. Ni siquiera nos brinda un momento puntual de brillantez como ‘Anastasia’ en el anterior disco.

Por si no fuera suficiente por esos factores que ya hacen que un álbum se haga largo y difícil de escuchar, tampoco acompaña la maniobra de hacer un disco con 17 canciones (sin contar bonus tracks y demás movidas) que hacen que la duración se alargue más allá de los 70 minutos, haciendo que el disco se nos haga doblemente largo. Si ya algunos terminan saturados a la quinta canción, imaginaros aguantar hasta la decimoséptima. No sé qué le haría pensar a Slash que esta táctica de saturación de canciones iba a conseguir que nos convenciera más que con su anterior referencia.

Riffs que hemos escuchado hasta la extenuación, canciones que a los cuatro segundos ya sabes cómo se van a desarrollar y terminar y falta completa de inspiración para producir momentos memorables a lo largo del disco.

Quizá uno de los aspectos que más me chirrían es ver a Myles Kennedy en la tesitura de intentar levantar unas canciones tan sosas y faltas de energía. Porque las cosas como son, su voz es extraordinaria y me parece de lo mejor del disco. Para más inri, una de las más destacadas del disco, ‘Bent to Fly’, suena más a su banda que al tono general del disco. No obstante, me parece raro verle ofrecer resultados tan convincentes y espectaculares como los que hace en su banda actual y luego verle conformarse con tan poco. Claro que luego uno repasa la trayectoria de otros vocalistas geniales como Chris Cornell y todo cobra un poco más de sentido. No pongo en duda que seguramente disfrute trabajando para Slash, pero también creo que es algo que viste bastante el currículum de uno para cuando quiere presentarse al Rock and Roll Hall of Fame.

4/10

Obviamente no juzgaré a Slash por querer seguir dando guerra en el mundo del Rock porque claramente está en su derecho de sacar lo que le dé la gana, ya que supongo que estará más que convencido con el resultado. Lo mejor ya lo ha hecho y su sitio en la historia ya es difícil que alguien se lo quite. Aplaudo a todo aquel capaz de disfrutar de este World on Fire, sobre todo con una portada tan horrenda como ésta, pero yo no compro este conjunto que lo máximo que me transmite son sonoros bostezos y ganas de darle continuamente al botón de siguiente para que se pase rápido la experiencia. De ahora en adelante, mis esperanzas en los futuros trabajos del guitarrista estarán por debajo del mínimo.

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