Slayer — Repentless

Ya es imposible quitarle a Slayer todo lo que han sido y han significado para el metal. Su estatus como una de las bandas más grandes del thrash metal se lo ganaron bien a pulso, siendo además la más dura y más extrema de las consideradas como las cuatro grandes. Su época de los ochenta es casi imprescindible para cualquier amante del género y a lo largo de su trayectoria han ido dejando diversas muestras de calidad, algún inoportuno desvío en el camino para intentar subirse al carro de las modas imperantes y, sobre todo, canciones aniquiladoras y sin misericordia.

Su etapa reciente ya resulta más controvertida y cuesta encontrar unanimidad sobre si se puede aceptar el nivel de los angelinos durante este siglo. Yo reconozco que el regreso de Dave Lombardo sirvió, al menos para mí, para recobrar cierto interés y esperanzas en la banda, con un aceptable nivel en Christ Illusion (American, 2006) y más convincente aún para un servidor en World Painted Blood (American, 2009). Por ello he tenido cierto interés en lo que este cuarteto podría ofrecer en su décimo segundo esfuerzo de estudio, incluso teniendo en cuenta las cruciales bajas que han tenido antes de publicarlo.

Repentless, puro Slayer para bien y para mal

No puede ser fácil reponerse a la baja de un miembro tan capital como Jeff Hanneman, compositor principal desde los inicios del grupo y es cierto modo el espíritu que impulsaba el mismo. También se había marchado uno de los argumentos que hacían a Slayer todo un grupazo, su batería Dave Lombardo -éste ya fuera por desacuerdos, no por defunción-. Con todo este panorama, el peso ha terminado recayendo inevitablemente sobre Kerry King, que no ha querido amilanarse antes las dificultades que se le presentaban y ha decidido tirar para adelante para componer Repentless (Nuclear Blast, 2015).

No ofrece grandes sorpresas, lo cual para muchos ya será muy reprochable, pero si puede resultar acertado para los que estén totalmente convencidos con el estilo

Para esta ocasión, en la que la banda ha cambiado el sello de casi toda su vida y hasta de productor, King y compañía no han tenido como opción cambiar demasiado el sonido del grupo. Si acaso, el tempo se puede ver un poco más ralentizado en buena parte de las canciones del disco, pero más allá de dicho aspecto Repentless es un disco puramente Slayer, para lo bueno y también para lo malo. No ofrece grandes sorpresas, lo cual para muchos ya será muy reprochable, pero si puede resultar acertado para los que estén totalmente convencidos con el estilo.

Cabe mencionar el buen trabajo a nivel de producción en este disco, mérito sobre todo a la llegada de Terry Date que consiguen aportar más pulidez y rabia al sonido. Y a la hora de hablar de los sustitutos, Gary Holt termina cumpliendo bien su labor con la guitarra como también suena competente Paul Bostaph, que no es un novato en este puesto precisamente aunque bien es cierto que no es Lombardo -aunque casi nadie lo es-. Y metiéndonos ya a nivel de canciones, el nivel no se mantiene siempre constante, con picos -’Take Control’, ‘Cast the Fist Stone’, ‘Chasing Death’, ‘Atrocity Vendor’- y valles — ‘When the Stillness Comes’, ‘Implode’, ‘Piano Wire’-.

7/10

Cada uno verá si compra o no esta nueva entrega de Slayer que no difiere en exceso de cualquier otra. Yo mismo tengo dudas a veces de si les doy el “Sí” o me decanto por el “mmmmmmm”, pero poniendo las cartas sobre las mesa termino dando mi beneplácito a Repentless porque prevalecen los buenos momentos donde hay que poner el puño en alto por el enjambre de guitarras que nos asalta. Hay momentos más prescindibles, pero en el global encuentro un disco potente, explosivo y con el que headbanguear bien a gusto.