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Soda Stereo — Signos (1986)

Tus ropas caen lentamente
soy un espia, un espectador
y el ventilador desgárrandote
sé que te excita pensar hasta donde llegaré

Cuando quedaban solamente unas horas para que Soda Stereo entrasen al estudio a grabar el que sería su tercer álbum, Gustavo Cerati solamente tenía escritas las letras de dos de las canciones que compondrían el álbum. Una ruptura amorosa era la causa de una dejadez momentánea que amenazaba con echar por tierra una carrera que parecía pasar de prometedora a desaprovechada a tenor de los tópicos dos álbumes anteriores. La ruptura como fuente de inspiración, y una bañera caliente y una importante cantidad de cocaína como combustible, formarían una conjunción que no sólo supondría un punto de inflexión para la banda de Buenos Aires, sino que marcaría el futuro de lo que a partir de entonces se conocería como Rock Latino.

El tiempo convertiría a Signos en el, probablemente, mejor disco del Rock Sudamericano en la década de los 80, una década convulsa en lo político para Argentina y de nacimiento de un sentimiento, o espíritu, continental que aún hoy se encuentra en proceso de gestación. Curiosamente el nacimiento del concepto de Rock Latino vendría de la mano de un disco totalmente británico, claramente marcado por el Post Punk desarrollado por Joy Division o el Rock Gótico en el que desembocaría el legado de Ian Curtis de la mano de The Cure. Aunque reducir Signos a la envergadura de sus influencias sería subestimar sobremanera el icónico trabajo realizado por Cerati y compañía.

De impactos y tragedias

Aparte de ser el primer álbum de la historia de la música argentina en ser editado en un formato, novedoso entonces pero ya en desuso, como el CD, Signos sería considerado de inmediato como el primer gran álbum del Rock Latino, con impacto en países como México, Chile, Colombia o Venezuela, impacto que permitiría a Soda Stereo ser la primera banda capaz de traspasar realmente las fronteras de su país llegando a girar por todo el continente y hasta de sonar en las ondas del viejo continente.

La envergadura de gran álbum, de disco con un fuerte impacto en su generación (más adelante hablaremos de por qué) la obtendría desde su propio lanzamiento y anteponiéndose a un inicial aura de álbum maldito, primero por acabar Cerati hospitalizado por sobredosis por esa loca noche en la que compondría la mayoría de las letras del álbum a base de cocaína y de despecho, y por un concierto de presentación en el que fallecerían 5 de sus seguidores y 100 acabarían heridos mientras presentaban ‘Persiana Americana’, su primer éxito y quizás su mejor canción en 15 años de carrera.

Días después volverían a subirse al escenario (8 y 9 de Mayo de 1986), apesadumbrados y con ganas de homenajear a los fallecidos, sabiendo que el disco que tenían entre manos no era un disco más, sino que sería su trampolín hacia el éxito, un vehículo de emotiva pasión juvenil que conectaría con jóvenes de todo el continente sudamericano y cuyo poso aún continúa siendo el espejo en el que se miran la mayoría de bandas de esta zona del globo.

Conectando con toda una generación

La vida de Gustavo Cerati hasta ese momento, mucho antes de convertirse en el galán caza modelos de finales de los noventa y la década pasada, era como la de cualquier hijo de vecino, una sucesión de pequeños éxitos y grandes fracasos sentimentales, de síes ínfimos pero magnificados y de noes resonantes pero que de inmediato eran olvidados.

Eso sí, el ‘no’ recibido antes de comenzar la grabación de Signos no debió ser un ‘no’ cualquiera pues, como he dicho antes, cerca estaría paralizar la grabación del álbum. ‘… sin embargo fue uno de nuestros discos más profundos, quizás porque no lo estábamos pasando bien’ dijo Cerati en una entrevista en 1997 refiriéndose indirectamente a esa noche, aquella en la que gracias a un cocktail formado por fracaso y cocaína le llevarían a describir la vida de miles de jóvenes de su generación.

A pesar de que considerar a Signos un disco brillante en lo lírico sea un acto descabellado, no podemos ocultar la potencia de líneas como las que encabezan este repaso al respecto de la masturbación furtiva, lo trágico de la llegada de la rutina y su relación con el comienzo de los conflictos en las relaciones de pareja, la devastación sentimental que supone una ruptura o el relato de una adicción, historias que cuentan con potencial empático de por sí, potencial hecho realidad gracias a la gallarda pero ingenua interpretación de un Cerati que más que cantar actuaba con su voz, desplegando la artificiosa virilidad y el tormento sentimental del amante al que se le van las fuerzas por la boca.

El exhibicionismo emocional que Gustavo Cerati practicó, acompañado de una interpretación única, sentida y elegante a pesar de rozar el histrionismo que años después sería marca de la casa, sería la clave, el factor que convertiría a un álbum sólido y correcto en lo musical en un disco referencial a pesar de ser tan imperfecto como imperfecta era la vida del genio que lo compuso.

Signos: años 80 100%

Quizás la mayor de las sospechas que Soda Stereo levantaron entre sus detractores en la época es que la propuesta ejecutada en Signos, deudora de lo ofrecido en los dos álbumes anteriores, bebía en exceso de la banda sonora propuesta por un país odiado aquel entonces en Argentina como era el Reino Unido. Con la Guerra de las Malvinas aún en la memoria de una sociedad acostumbrada tanto al varapalo y la inestabilidad como al fervor, la resurrección y, herencia mediterránea, la envidia, muchas lindezas se dedicaron a Cerati y compañía por desplegar una apuesta que bebía de forma clara del Post Punk de Echo and the Bunnymen o la New Wave de Tears for Fears.

En cualquier caso el paso adelante que los argentinos dieron en 1986 fue impactante, no ya tanto por alejarse de lo mostrado en sus dos discos anteriores, sino porque supieron utilizar sus referencias solo como punto de partida, aprendiendo que el éxito no estaba tras la fotografía sino tras la pintura, tras la recreación en vez de tras la radiografía.

Prueba de ello es como Soda Stereo jugaron con los límites de la New Wave y el Post Punk adaptándolos al universo que Cerati recrearía en la bañera, logrando el vocalista que sus letras encajasen con comodidad en entornos sonoros como la festiva ‘Sin Sobresaltos’, el Punk desarrollado en ‘No Existes’ o el dramatismo existencial de temas como ‘Final Caja Negra’ o ‘El Rito’. En cualquier caso ‘Persiana Americana’ se convertiría en el tema que definiría el álbum, con su homenaje a Doble de Cuerpo de Brian de Palma, las disimuladas menciones a la masturbación y un sonido que a los mal pensados recordó a ‘Close to Me’ de The Cure.

8.6/10

Cerati a la guitarra eléctrica y Zeta Bosio al bajo componían un dúo sólido e imaginativo, que sabía repartirse el protagonismo en la sección instrumental y que recreaba atmósferas suficientemente versátiles para que el vocalista diese rienda suelta a su aplastante y única personalidad. Soda Stereo habían logrado al fin sonar crípticos y envolventes, más maduros y mucho más versátiles que nunca, incluso si nos retrotraemos a tiempos en los que compartían banda con un tal Andrés Calamaro. Pero eso, probablemente sea una historia que alguien os cuente en otro momento.

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