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Solids — Blame Confusion

¿Qué tienen Solids que no tenga cualquier otra banda Noise Rock de maneras alborotadas tan de boga en los tiempos recientes — y no sólo en los recientes, sino en los que van mucho más atrás en el tiempo — ? Lo primero es lo primero: nada. Solids es un grupo ramplón que se maneja en las mismas coordenadas que, digamos, Japandroids. Casualidades de la vida, también son canadienses — Montreal — . Allí donde hay algarabía juvenil y un frenetismo sonoro que abarca tantos rangos como permite una guitarra y una batería aquí no hay mucho más que estribillos apañadao y guitarras brillantes.

Si Japandroids podrían y pueden mirarse en el Post-hardcore que optaba por la melodía antes que por el tremendismo, Solids tan sólo podrían homologarse a los Placebo de sus primeros años. Los dos miran a los noventa pero lo hacen con mimbres desproporcionados.

Quietos, aún es posible rescatar cosas más que disfrutables de Blame Confusion (2014, Fat Possum), el primer disco editado por el dúo — oh, vaya, otra casualidad inesperada con Japandroids — canadiense.

Empezando por el principio: puede que Ferraia haya decidido tan arbitrariamente como siempre desechar este revival porque no da la talla, porque en estas canciones el fulgor primitivo que debería impulsar al oyente a ignorar la fórmula manida no subyace sino en muy escasos momentos, sí, pero Solids se las arreglan para que esos escasos momentos siempre parezcan el mismo. Apenas hay puntos de inflexión en un disco que parece pulido hasta hacerse esférico: ni valles ni cimas, Solids optan por la monotonía hecha guitarra-en-la-que-todo-chaval-o-chavala-joven-debería-quedarse y, bueno, les funciona. No les asesina. Les permite sobrevivir.

Un rodillo simétrico

Esto quiere decir que no busquéis aquí una canción que sirva de pilar maestro para todas las demás. Para tal destino podría servir, quizá, ‘Blame Confussion’, acaso por ser la más larga y por resumir la virtud instrumental y lírica de un grupo que, por lo visto, detesta las pretensiones. En sus cinco minutos se encuentra un mimetismo Noise Rock que, al menos, es más homogéneo que el de Ovlov.

Ambos parten del mismo lugar, pero Solids entienden en el terreno del Post-hardcore y de los dramas existencialistas sus canciones se van a ir por el desagüe. Cabe aplaudirles la sabiduría: si ‘Off White’ o ‘Over The Sirens’ quisieran sonar más grandes posiblemente estarían firmadas por Bleeding Rainbow. En un mundo dominado por el tremendismo, Solids entienden que su camino, dando la espalda a otras posibles virtudes, se encuentra en el ruido blanco y ameno. Bien por ellos.

La propuesta es conservadora y no muy memorable, pero sus guitarras resultan ser un chicle pegado al zapato. Exactamente al modo de Placebo en ’36 Degrees’ o ‘You Don’t Care About Us’. Llegados a este punto de la Historia resulta casi hiriente felicitar a un grupo por jugar sus cartas con mesura y cobardía, pero a la hora de hablar del Noise Rock y sus constantes grupos clónicos de un tiempo pasado no siempre mejor es de rigor hacer lo contrario.

6/10

En Solids no hay nada por lo que deberías quedarte, y sin embargo es un disco al que se le encuentra acomodo con mucha facilidad. Porque es lo mismo de siempre presentado de peor modo, pero presentado igualmente bien. Porque no es lo mismo de siempre presentando bajo coartadas infumables. Porque a falta de nuevo disco de Japandroids, con algo deberemos acallar el inagotable espíritu del pantalón corto.

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