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Sónar 2014, sábado: la fiebre del Disco, el trip hop y compañía

Turno para la última jornada del festival, con grandes nombres (y borrascosas sorpresas) por delante, el momento de la pelea por el taxi para llegar al Sónar Noche y la sensación de querer ver el máximo para despedir al festival como es debido. En líneas generales, los grandes nombres no fallaron, y los que a priori no tenían tanto cartel también se comportaron debidamente.

Como reflexión rápida, el año que viene volveremos, porque no es para menos: ambiente, propuestas escénicas, los nuevos juguetes tecnológicos… Probablemente más interesante el Sónar Día por las propuestas que allí llevan, ya que a pesar de que por la noche también hay pesos pesados, está más enfocado a los dj sets y la fiesta. Es cierto que la cervecita del césped durante el día pesa mucho. En cualquier caso, un evento imprescindible para cualquier acérrimo de la electrónica y propuestas de vanguardia.

  • Sónar Día (un koala pinchando y qué bien el Sónar Hall)

Roll The Dice

Los suecos venían a presentar su flamante nuevo álbum, Until Silence, y la verdad que funciona muy bien en el engranaje que crean en sus directos. Si bien había tenido la oportunidad de verlos el año pasado, sus proyecciones visuales, llamativas, y acordes con sus desarrollos progresivos, la experiencia fue bastante mejor. La inclusión de nuevos matices no tan eminentemente drones en su nuevo álbum hace a su live mucho más interesante. Y otra vez, de nuevo, la gran acústica del Sonar Hall, permitiendo que disfrutáramos de una gran actuación. Eso sí, para acabar sí se enrollaron en un drone más potente y largo, como debe ser. Ideal para empezar la tarde con ganas. (7,5)

Kid Koala

Pocas cosas hay más enamoradizas en la vida que ver a un tipo pinchando vestido de koala con plena solanera, asándose, pero meneando al personal rotundamente. Y más si es de raíces asiáticas. Aunque sea canadiense. La sesión de Eric San fue uno de esos previos a la noche que alegraron la tarde. Ataviado con el disfraz, estuvo entre el público con un chisme electrónico, después pasaban bailarinas a subir sobre el escenario. Y mientras que se dedicaba a hacer scratches y poner electrónica efectista para la aclamación del público, te metía a White Stripes o Franz Ferdinand. Una sesión divertidísima en las que se podía ver a la gente alrededor bailando y sonriendo al mismo tiempo. Amor. (7,7)

Audion

Palabras mayores. Había ganas de ver a Matthew Dear con su reverso oscuro y technoide, y fue bastante bien. Más de lo esperado quizá. Sobre todo por la caña que metió desde el minuto uno con bases de bastante cuerpo y por el aspecto visual. Qué decir de la cabina marciana ovalada en la que estaba pinchando y de los visuales enajenados que le acompañaban. Si a eso le sumas su fluideza entre el techno más canónico y ritmos más moviditos en la órbita del tech house, tienes como resultado una sesión que podría haber encajado igualmente bien de noche. Como con Kid Koala. Pero enorme su set, de lo más interesante del festival en cuando al aspecto visual y sonoro, sin duda. (8)

James Holden

Uno de los momentos más esperados (quizá el que más) para mí en este festival. Ver al genio de Exeter interpretando acompañado de batería y saxo el mejor disco del pasado año, The Inheritors. Y no decepcionó, como esperaba. Quizá algunos se acercaron en Audion para hacer sitio (no hizo falta tampoco), si es así, suerte por el premio por partida doble. En cualquier caso, hay que apreciar como es debido propuestas como las de Holden, Henry Saiz o Caribou, al llevarse al directo una propuesta que podrían haberse encargado de poner solos con un teclado o portátil. Pero el tocarlo en directo permite la improvisación, la inclusión de nuevos matices, y eso fue lo que por ejemplo ofrecía el saxofonista, que se volvía loco en algún final de canción, retorciendo su instrumento al tiempo que Holden hacía lo propio con sus cacharros. Momentazos cuando sonaron Renata, la inmersiva Inter-City 125 o Gone Feral. Locura esta última. Eso sí, se escuchaba demasiado al público (quizá también falta de intensidad), no soy de los que se suele quejar del resto en los conciertos, pero en ocasiones rozaba la falta de respeto. Hablando en las primeras filas, importándoles un pimiento, mientras el resto intentábamos que no nos sacaran de la sinfonía de sonidos retorcidos. Esa parte del público, biomasa. La actuación de Holden, chapó. (8,8)

  • Sónar Noche (diluvio massivo)

Massive Attack

Uno de los momentos ineludibles del festival, con un SónarClub hasta la bandera para ver a Robert del Naja y Grant Marshal con su nuevo show: grandes efectos visuales que combinaban imágenes impactantes y mensajes en catalán, unas veces políticos como ‘cada vot suma’ y otras en un toque más humorístico (‘Shakira i Piqué, el sexe prohibit al Mundial?’). La mayoría de veces arrancaban aplausos, pero los momentos intensos, como se preveía, en sus clásicos. A nivel general, fue un conciertazo: sonido espléndido, un suelo que temblaba (vale, en la parte de prensa) y esa atmósfera densa y contagiosa propia de los de Bristol. Impresionante ‘Angel’ y sus estallidos de guitarra y emocionantísima ‘Unfinished Simpathy’. Un concierto que dejará huella en el Sónar. Lo pusieron todo sobre el escenario, teclados, bajos, guitarras… El resultado fue inmejorable. Soberbios. (9)

Chic feat Nile Rodgers

El riff funky, las versiones, el sonido disco, el buen ambiente que transmitían a todos los presentes… Lo de Chic y Nile Rodgers está también entre lo mejor del Sónar 2014. Divertidísimos se mire por donde se mire. Se comieron el SónarPub. Mucho movimiento de cadera en clásicos como ‘Le Freak’ y sorprendentes cuando empezaron a ponerse a tocar versiones, entre los que podríamos resaltar el Lady de Modjo, el Get Lucky de Daft Punk (momento “vale, nos han dado el coñazo, pero aquí es Disco de verdad y mola mucho) y para mí la sorpresa, un renovado ‘Let’s Dance’ de Bowie. Chic y Nile Rodgers, el sinónimo de las buenas sensaciones y el divertimiento absoluto. Conquistó a las diversas generaciones allí presentes. (8,5)

Rudimental

Aunque fuimos picoteando de aquí para allá entre sesiones, viendo fragmentos como los de Matthew Dear (también en modo techno) y el mano a mano entre Holden y Caribou, donde más tiempo nos quedamos fue en Rudimental, al que había que ir alejado de los prejuicios dubstep. Y aunque te los llevaras, ibas a acabar medio rendido, por la potencia de sus ritmos rotos y la presencia de su vocalista femenina, totalmente entregada. Podrán resultar más o menos efectistas, pero pegan buenas sacudidas y el público lo vive. (7,3)

Tiga

Ya nos pasó en el Primavera Sound. Comentarios del estilo “no llueve nunca y tiene que llover ahora”. Es lo que pasó, no es que lloviera, es que cayó un diluvio, lo que ayudó a hacer más épico el cierre, con un cielo anaranjado y público que se iba repletando a los lados, al centro, según apretaba o dejaba de apretar la lluvia. De nuevo Tiga dejó patente su capacidad para levantar al público, para meter caña lo mismo a la 1 que a las 6. Electro, amagos techno y zapatillismo para el populacho, para irse con una sonrisa y una buena sudada. Como tiene que ser. Lástima por el tiempo, pero él estuvo más que correcto, como suele estarlo. A esas horas, en las que muchos pueden apostar por lo mismo (Brodinski, Boys Noize y más djs de la rama), él sigue destacando por su buena lectura y sesiones que siguen atrayendo a cualquiera que quiera un poco de ritmazo a altas horas. (7,5)

Crónica del viernes | Sónar 2014, viernes: un Sónar Día tremendo y dispares sorpresas en las sesiones de la noche
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