Sónar 2015, viernes: el terrorismo del Sónar Car y los breaks de la felicidad

La cosa se ponía seria y el viernes ya había versión ‘completa’, con el Sónar Día y el Sónar Noche, donde en esta edición nos esperaban sesiones abrumadoras, de esas de lesionarte el cuello de tanto moverte al ritmo de las bombas que caían. De hecho, el viernes puede que fuera el día más completo, con grandes e interesantes actuaciones durante el día y sesiones poderosísimas durante la noche. Desde el Sónar Complex del día hasta el delirante Sónar Car de la noche, fue un día para fumar en pipa y disfrutar. Es más, había algunos solapes muy dolorosos, pero es lo que hay cuando te enfrentas a una programación tan amplia y excitante.

  • Sónar Día (joder qué guapo Kiasmos — ¡eh mira es Ada Colau!)

Mans O

Uno de los puntos fuertes del Sónar es el de poder disfrutar de los nuevos talentos que van surgiendo en la escena patria, y uno de ellos es indiscutiblemente el barcelonés Mans O, que ha debutado en el festival catalán con sólo 19 años. Era la segunda actuación del día pero ya había unos cuantos en el Sónar Village, al aire libre pero debajo de la carpa, no se fueran a chamuscar, esperando a una de las sensaciones en auge de la electrónica nacional. Una sesión orgánica y llena de sonidos ensoñadores, en los que el glitch hop y buenas líneas melódicas fueron las protagonistas. Una primera toma de contactos para muchos con su música. Y no fue nada mal. (7,3)

LCC

Era una de las actuaciones que tenía marcadas como imprescindibles. Su álbum de debut en Editions Mego, d/Evolution, quedó en una buena posición en nuestros mejores discos de electrónica de 2014. Y su ambient con poderío podía relucir de forma especial en el auditorio del Sónar Complex. Y así fue, a pesar de que parecía que podían hacerse un Lee Gamble cuando se cortó el sonido durante un par de segundos. Pero tras la falsa alarma, continuaron con su set, que fue en progresión. Primero con líneas ambientales que tardaban más en desarrollarse, con capas finas, que tras la primera sección — dividieron su sesión en tres partes — empezaron a engrosar para interpretar los temas más punteros de su debut, como ‘Adámas’ o ‘Titan’. Mientras tanto, una puesta en escena austera, como le gusta a Merkel, con uno pocos pero efectivos focos y luces detrás de la mesa, que cambiaban de colores, marcando contraste con la oscuridad del recinto. Viendo los aplausos y silbidos después de cada una de esas secciones, el público acabó aclamándolas en pie con un fuerte aplauso. Lógico después del apoteósico final, donde se salieron del ambient para dejar paso a bombos tribales y contundentes, mucho más potentes que el resto de la actuación, que ya de por sí fue muy buena. (8,6)

LCC

Vessel

Había escuchado de todo sobre sus directos, en no pocas ocasiones que sólo había sido ruido ininteligible, pero Punish, Honey bien merecía y su sonido bien merecían ir a ver qué tal. Otra actuación que no había que perderse. Y menuda actuación se marcó a base de noise, distorsiones retorcidas y sobre todo mucho peso del industrial. Toda una exhibición en la que tiró por el sonido de su último trabajo, potencia de arrastre que se veía favorecida por la buena acústica del Sónar Hall. Cuando apretaba el acelerador era tremendo, con embestidas que dejaban sorprendidos a los presentes. Una capa de ruidismo que iba deformando a su gusto y sobre la que iba vertiendo algunos de sus temas propios. Entre ellos, ya de cara al final, el sugerente ‘Red Sex’ — aunque en el marco de su set era más chirriante — o el descomunal ‘DPM’. Chapó por Vessel. Un despliegue de lo mejor que se pudo ver durante el festival en el Hall. (8,4)

Teengirl Fantasy

Una de las cosas más agradables que se pudieron ver por el Sónar Dome. Con unos ensoñadores visuales, que parecían dibujos de otros tiempos, y, sobre todo, con su cruce entre deep house y beat baleárico, lo petaron. Una sesión que fue de menos a más, algo que se comprobó en la reacción de los asistentes, cada vez bailando de una forma más efusiva. Lo de los americanos fue soberbio, talento en la ejecución y derrocho de finura y gusto en su selección musical. Sonidos muy nítidos con los que todos gozábamos. (8)

Larry Gus

Había ganas de ver a Larry Gus, tantas como las que él imprimió a su show, el cuál empezó marcándose un spoken word en arameo que fue in crescendo mientras agitaba un bombo con la baqueta e iba preparando el teclado. Un set del que muchos no tenían ni idea de lo que iba a suceder, y supuso algo de lo más sorprendente del festival, por la actitud, básicamente. Otro que empezó a desvariar, correteando por el escenario y con beats muy alegres. Por momentos aquello parecía algo similar a Dan Deacon. Era pura alegría, cantando en directo y con varios instrumentos y artefactos a la vez, a modo de hombre orquesta. Lamentablemente fue bajando el ritmo y los últimos instantes de su actuación se hicieron cuesta arriba. Pero su inicio fue entretenidamente arrollador. (7,4)

Squarepusher

Otro reclamo del cartel, uno de los nombres más reputados — y con razón — dentro del mundo de la IDM noventera. Lo suyo fue una exhibición. Quizá empezó un poco seco con demasiada cacofonía, pero pocos minutos tardó en empezar a repartir caña a base de ritmos rotos, melodías frenéticas y una pantalla con proyecciones locas que también rebotaban en él — en su uniforme y su máscara de esgrima — . Y a pesar de es versión más visceral de la IDM, había mucha melodía en diferentes capas ajenas al hilo argumental de la principal capa sonora, lo cual creaba una sensación tremenda al estar sumergido en un torbellino de hostias y breaks, pero todo con mucha clase. Uno de los momentos de mayor expectación llegaron cuando pinchó ‘Stor Eiglass’, uno de los temas que componen Damogen Furies; un sample del Just Like Heaven que ya sabía a gloria. Exactamente como nos supo toda la sesión. Además de esos tempos tan acelerados, tuvo bastante detalle al no centrarse sólo en su último material. En no pocas ocasiones se dejó caer por el sonido ácido de los 90s, a lo que siempre dejaba algo de melodía en la canción gracias a su destreza (y gusto). Así que se puede decir tranquilamente que Squarepusher lo petó. En los últimos 15 minutos de sesión se dedicó a tocar su bajo eléctrico de seis cuerdas mientras dejaba bases más aleatorias. Y el público rendido, claro. Gratificantes estímulos sonoros y visuales. Una de las tres mejores actuaciones del festival. Soberbio. (9,4)

  • Sónar Noche (¡Oh my gooooosh!)

Powell

El Sónar Car siempre suele ser el escenario para sacar a pasear artillería pesada, y si este año nos quedamos flipados con la actuación de Happa, el viernes del Sónar Car, en general, fue impresionante. El primero de ellos fue el inglés Powell con su techno aguerrido, en el que nos sometía a espirales de bombos primitivos que provocaban importantes espasmos a todos los presentes. Una barbaridad. Empezaba fuerte el viernes noche y este escenario, que fue prácticamente imperdible durante toda la noche. (7,8)

Paranoid London

Y de una bomba pasamos a otra, a Paranoid London, con dos djs y un MC que también venían de Londres para transmitir su sonido sucio, oscuro y repetitivo, en forma de acid house, a un escenario en el que no suele haber mucha gente. Pero la que hay, se entrega al 100%. Y ahí estábamos en las primeras filas, sudando la camiseta con los loops de acid house y techno que iban in crescendo, con el tipo vociferando algunas cosas. No sabíamos qué decía, pero importaba poco. Con su atuendo de británico noventero agitaba al público mientras sus compañeros nos sumían en una espiral de acid y bombos para quemar el cuerpo. Retumbaba, pero eso le venía fantástico a su propuesta. (8)

Tiga

Una de las decepciones del festival. Esta vez no tocaba set, sino formato live, y había que acudir a ver qué proponía Tiga, que esta vez con visuales, vino a sacarse de la manga algunas de sus producciones más conocidas. Sin embargo, a pesar de que ya entrada la actuación entró más en calor, estuvo bastante discreto desde el inicio, con un sonido flojo y con ritmos demasiado moderados para lo que pedía el momento de la noche. Claro que también es normal si lo comparamos con sus dj sets. Pero en cualquier caso, poca sustancia su directo. Demasiado normalita para alguien como él. (6)

Helena Hauff

Un poco antes, Randomer había seguido con el músculo imperante en el escenario, pero es cierto que lo de Helena Hauff fue un desmadre. Sin ningún tipo de medianía, empezó fuerte, con un techno abrupto, casi industrial, en el que la contundencia nos estaba dejando casi sordos. Y no sólo iba a la parte sonora más bruta, también había sonidos más cuidados en la segunda línea, que permitían sacar a ese techno colosal de los patrones más básicos. Toda una exhibición ante la que no podías más que quitarse el sombrero. Demolición pura. (8,2)

Jamie XX

Mucha expectación con la actuación del inglés, al que por lo visto y comentado con otros compañeros, a veces no da la talla en sus sesiones. Sin embargo, ahora en pleno rebufo de In Colour, vino a comerse el Sónar Pub, a darle al Bass británico con todo su talento y señorío, jugando con esas bases mientras iba dejando caer algunas de sus aclamadas producciones propias. Siempre con una equilibrada mezcla de canciones con más músculo y otras más tranquilas y radiables, como ‘Girl’ y otras que están incluidas en su último LP. Por supuesto, el momento más épico, el que estábamos esperando, era ese glorioso ‘Gosh’, jitazo para cazar a acérrimos electrónicos y también a los no tanto. Justamente cuando sonó, empezó a inundarse de humo su escenario, con los colores de la portada de In Colour. Un bonito detalle que venía a embellecer el momento, era todo perfecto. Pero no fue el tema de cierre, ese lo guardó para ‘Loud Places’. Y después la merecida ovación. Bien, Jaime. (8,6)

Daniel Avery

Y ya para ir cerrando el festival, ya sólo quedaba tiempo para el zapatilleo, las gafas de sol y todos aquellos valientes y supervivientes que querían cerrar la primera jornada de noche. Lo de Daniel Avery no fue una sesión especialmente espectacular, pero bastante resultona, leyendo bastante bien el momento de la noche. La transición hacia el set final. Apeló al tech house efectista para no fallar, y cumplió bien ese papel. (7,3)

Roman Flügel

Como tantos otros solapes de ese día, el que tenía que concluir el viernes también era uno de ellos. O el germano o Seth Troxler. Pero había que serle fiel al Sónar Car, y allí estaba el bueno de Roman, con divagaciones entre techno de tomo y lomo y house añejo, retorciendo sonidos y lo más importante, con una vertiente muy melódica. Frente a la potencia de Troxler, él acudió a ritmos muy bailables, pero más cuidados. No tanta contundencia — que la había — y más recreándose sobre los sonidos que iba emitiendo desde su tótem. Ideal para despedir el viernes con una sonrisa de satisfacción por haber cumplido. Y sobre todo, por el pedazo de día que había sido. Happiness is happening, que diría él mismo. (7,7)

Foto de portada | Ariel Martini
Foto de cuerpo | Fernando Schlaepfer

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