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Sonic Youth — Bad Moon Rising (1985): el año de la ruptura

En 1985 el mundo era un lugar muy diferente, vuestros padres aún eran unos chavales bailando con La Movida, el Buitre empezaba a despuntar y la URSS y EEUU retomaban el diálogo tras más de dos décadas de Guerra Fría. Años convulsos en los que en el espectro musical norteamericano, en plena efervescencia, empezaban a forjarse los cimientos de todo un movimiento de grupos que empezaban a conquistar el mundo silenciosamente. Sonic Youth fue uno de esos pilares, y su aportación, decisiva, empezó a fraguarse en marzo de aquél año, cuando se publicó Bad Moon Rising (Blast First/Homestead, 1985). Se cumplen treinta años del disco y el grupo, hoy en un hiato permanente en el que sus integrantes están contentos con sus proyectos personales, va a reeditarlo — como está haciendo con el resto de álbumes — el próximo mes de abril. Aprovechando la tesitura, nosotros hablamos de él.

El principio de la gloria

Bad Moon Rising es un disco importante no tanto por sus canciones (en ella no hay ningún clásico del grupo que haya pasado a la memoria colectiva) sino por lo que supuso para la banda. Fue un álbum de transición. Aunque no del todo, empezaron a abandonar la experimentación y sus flirteos con la no wave para empezar a edificar uno de los baluartes del noise y el indie rock como en los que posteriormente se erigieron. De hecho, en este trabajo ya tienen las primeras canciones que saludaban a su nueva época y que abrían el camino de todo lo bueno que estaba por llegar. A base de distorsiones, ambientes barbitúricos y los duetos vocales de unos jóvenes y descarados Thurstoon Moore y Kim Gordon, todo estaba listo para empezar la conquista.

Bad Moon Rising es un disco importante no tanto por sus canciones sino por lo que supuso para la banda, fue un álbum de transición

1985 es el año de Psychocandy y Dinosaur, los debuts de de Jesus & Mary Chain y Dinosaur Jr. respectivamente, de Tim, la época dorada de The Replacements, Fables of the Reconstruction de REM, el New Day Rising de Hüsker Dü… El movimiento underground americano estaba en ebullición, en radios universitarias, en tugurios de muerte y destrucción, con varias bandas que estaban dando forma a todo un género del que hoy estamos saturados, pero que en aquél tiempo empezaba a escribir su historia con letras de oro. Y por supuesto, haciendo mucho ruido en el sentido más explícito del término, allí estaban Sonic Youth, que habían empezado a tener peso en la ciudad y acabaron jugando un papel hegemónico, no sólo por ser uno de los pocos grupos decisivos para el indie rock y el noise; también destacaron, a partir de entonces, por ese papel de padrinos de muchos otros grupos a los que promocionaron.

En este contexto nace Bad Moon Rising, el disco que presenta a Sonic Youth como uno de los ejes vertebradores del movimiento y a la vanguardia del sonido en su Nueva York natal. De hecho, Lee Ranaldo y Thurston Moore ya habían participado en los aquelarres sonoros de Glenn Branca, acostumbrado a deformar los cánones habituales de la guitarra. Una suerte de experimentación que acoplaron a ese progresivo cambio en Bad Moon Rising. Pero si hay algo que se eleva sobre todas las capas y los sonidos disonantes de estos dos, es ella. Kim Gordon. En el disco se erige con fuerza en todas las canciones en las que participa vocalmente, impregnándolo con su fuerte personalidad inyectando sudor, violencia y proclamas feministas.

Sangre, sudor y belleza

A pesar de la melancolía y a la vez majestuosa belleza de ‘Intro’ y de la grandeza con la que arranca ‘Brave Men Run (In My Family)’, este es también un tema sombrío, una arista común en prácticamente todo el álbum. En ese sentido, la propia portada del disco, perturbadora, con ese macabro espantapájaros en llamas que se cierne sobre una ciudad oscura, explica muy bien lo que guarda en su interior. Canciones insanas, crípticas, con ciertas dosis de experimentación y con los primeros ramalazos de un rock mejor definido, que empiezan ya con ese segundo corte en el que Gordon destaca especialmente por su voz apagada y aparentemente dolida. A la vez, es uno de esos temas que perfilan la nueva etapa del grupo, con un sonido que ya va descubriendo cómo será el indie rock que después tendría su época de auge.

Aunque todo el disco se cierne sobre un manto inquietante que se apoya en letras ídem, también hay hueco para canciones con un discurso más típico, sabiendo que aun así se expresan desde una perspectiva sentimental más primaria. Cómo cambiaría ‘I Love Her All The Time’ si no tuviese esas guitarras apesadumbradas de Ranaldo junto a esas embestidas noise de un Moore lamiéndose las heridas. En esos detalles subyace la esencia de esos primeros Sonic Youth, jóvenes, con ganas de romper los esquemas y de transgredir. A la mierda los discursos relamidos y prefabricados que dominaban el Billboard aquellos días. Vivan el sudor, la angustia y los mensajes cortantes.

Kim Gordon se erige con fuerza en todas las canciones en las que participa vocalmente, impregnándolo con su fuerte personalidad

Con el pretexto de la reedición, es una buena oportunidad de rescatarlo o redescubrirlo. Suele ser uno de esos trabajos de Sonic Youth no tan escuchados, quizá por la antigüedad, aún cercano a la no wave, quizá por estar tapado por ese maravilloso tridente Sister-Daydream Nation-Goo (con todos los respetos para EVOL). En cualquier caso, un gustazo volver a caer en el aquelarre, sumergirse en ese sonido escabroso que casi acojona, en un tiempo en el que la etiqueta independiente cobraba todo su sentido, cuando muchos tocaban sin importar hacia dónde llegar, sólo por el placer de crear.

Gusto de caer en el pozo viciado de ‘Society Is a Hole’ y sobre todo en el descaro y la transgresión sonora de la inquietante historia que se esconde tras ‘Death Valley ‘69’ (con la multifacética Lydia Lunch). Todo es maravilloso, desde los gritos y el aterrizaje afilado de las guitarras hasta el desfogue final encabezado por ese tenebroso Hit it. Después del sudor y el frenetismo derramado de esta, llega la fase final del álbum, parece que marcado por ese toque oscuro que marca la colaboración con Lydia Lunch.

But she started to holler
So i had to hit it
Hit it
Hit it
Hit it

Satanismo, tempos comatosos y de nuevo maravillosa Gordon con sus susurros, complemento perfecto del misticismo y la perversión que rezuman ‘Halloween’. Es el espeluznante retrato de la portada. Una canción que evoluciona hacia un mar de distorsión y experimentación que tiene en su interior la marca de los anteriores padres de la vanguardia neoyorkina, la Velvet Underground. En general ella está brillante a lo largo del disco, mostrando todo su poderío y agresividad en temas como ‘Flower’, una desesperada llamada que a la vez reivindica un lugar para ellas. Sin artificios. En conjunto, una bomba que no podría explotar si no fuera porque son Moore y Ranaldo, quienes prenden la mecha; quienes perfilan con sus estridencias y distorsiones ese camino noise que llevaría a Sonic Youth a ocupar un espacio fundamental del rock americano.

7.6/10

Perturbador, espontáneo y muy crudo. Bad Moon Rising es hoy un disco olvidado y menos reivindicado dentro de la discografía de los americanos, pero gracias a la reedición volvemos a recordar su importancia: el disco de transición en el que dejarían la experimentación más obscena para componer varios temas que ya significaban un punto de ruptura con lo anterior. Era el momento de ocupar ese papel de eje vertebrador para el indie rock y el noise que el destino les había preparado. 1985 fue declarado Año Internacional de la Juventud. El año de la juventud sónica. El año de Sonic Youth.

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