Soundgarden — Ultramega OK (1988): pena de producción

Es la mejor expresión de los primeros Soundgarden y su sonido Stooges/MC5 meets Led Zeppelin/Black Sabbath. Steve Huey (All Music).

Ultramega OK representa la esencia del grunge antes del grunge, o al menos lo que se entiende generalmente por grunge. La pena de este disco es la producción de Drew Canulette, que ahogó todo lo bueno en cuanto a sonido, especialmente la crudeza, que el grupo ofreció en sus dos EPs previos, Screaming Life y Fopp, y la voz de Chris Cornell, que parece quedar bastante atrás para lo que pedirían las canciones, por ejemplo en ‘All Your Lies’. No por ello Ultramega OK, que salió con el sello SST, deja de ser un gran debut de una banda que estaría llamada a darnos grandes alegrías en el futuro.

Ultramega OK salió en el Halloween de 1988. ¿Qué estábamos haciendo algunos por entonces? No escuchando este disco, al que tuvimos que acudir pasados bastantes años para ver las raíces de Soundgarden. El grupo, en concreto Chris Cornell, públicamente ha reconocido que se equivocó con este disco y con el productor impuesto por SST Records:

Cometimos un enorme error con Ultramega OK porque dejamos a un lado a la gente que había estado involucrada con nosotros y tuvimos un productor que realmente afectó al disco de una manera negativa.

Las sesiones del disco tuvieron lugar en Seattle pero también en Washington y en Newberg (Oregon), circunstancias que provocaron que el grupo estuviera un tanto desconectado de su ciudad natal y echando de menos sus hogares.

El material era el adecuado pero el productor no consiguió el sonido que quisimos y no sabíamos que estaba pasando en Seattle. Lo lamento porque en términos de material debería haber sido uno de los mejores discos que hicimos. Esto provocó que se ralentizase un poco nuestro proceso de evolución porque no sonaba como nosotros lo hacíamos.

Ese sonido, que se simplificó definiendo como “unos Sabbath meets Stooges” tenía ciertos toque de psicodelia, caso de ‘He Didn’t’, rock clásico o hardcore punk como en el tema ‘Circle of Power’, cuya letra la escribió Hiro Yamamoto, que también puso su voz, sería redefinido en posteriores entregas.

‘Flower’, un tema sobre el que Kim Thayil confiesa que fue el primero en el que hizo florituras con su guitarra, fue elegido como único single y el vídeo dirigido por Mark Miremont recuerdo que pudo verse en MTV.

Ultramega OK, un disco que pudo ser más si no hubiera tenido ese productor

Quizás éste sea el tema más característico de un álbum muy variado que no entra ni mucho menos a la primera y al que uno necesita darle varios respiros antes de dar un veredicto. La intro de Kim Thayil es gloriosa y ese comienzo psicodélico invita a prestar atención desde el primer segundo, sus riffs excelsos, así como la sección rítmica inapelable y la voz de Chris Cornell, bien pero a la que se le podría haber sacado mucho más jugo.

‘All Your Lies’ es otro de los hits de Ultramega OK. Rápida, vertiginosa por momentos. Matt Cameron muestra que es un hacha de los tambores y esa combinación de voz y riffs poderosos las encontraremos más adelante en la banda.

Y llega ‘665’ y decimos, ¿pero qué mierda es ésta? Un divertimento de estudio, con guitarras distorsionadas, voces como de locos y una sensación general de mal cuerpo. Lo mismo opinamos de ‘667’, otra jam como de tíos jamados pasados de ácido. Guiño a la numerología satánica.

La calidad instrumental de la banda queda más que evidente

‘Beyond The Wheel’ empieza enlanzando con la anterior en cuanto a profundidad, una voz gravísima al inicio y doblada después con otra más limpia nos los sitúan al lado de los Sabbath. Pero Chris Cornell saca sus agudos, ese grito ancestral y nos quedamos impactados con su poderío. Parece una marcha marcial y la calidad de los músicos queda más que evidente. Atención al solo de Kim Thayil en el minuto 3:18. Acojonante.

‘Mood For Trouble’ es uno de los himnos del disco. Para mí es el tema favorito junto a ese pasote al final que es ‘Incesant Mace’. Chris Cornell está al cien por cien hasta el minuto 1:30. Después, ambientes, reposo y parada a fumarse algo, y vuelta a empezar.

No les quedó nada mal su tributo a Howlin’ Wolf con esta versión de ‘Smokestack Ligtning’ a la que añaden al final unas pinceladas de ‘Death Valley 69’, de Sonic Youth. Soundgarden son capaces de rockear una canción de blues clásica. Aquí manda Kim Thayil

‘Nazi Driver’ tiene todos los ingredientes que hicieron a Soundgarden uno de los grandes. Uno riffs gloriosos, ese bajo tintineante y la batería en carne viva, a lo que se suma un Cornell pletórico en esa frase: “Not a tear will be shed/The only color is red”.

7.9/10

‘Head Injury’ es otro pasote de Cornell, que aquí aparece pasado de vueltas. Muy punkie todo y la banda como enfadada. Y llega ‘Incessant Mace’ y los mejores Soundgarden aparecen. Casi seis minutos y medio que resumen lo que eran capaces de hacer en 1988 Soundgarden. Y eso que el disco está muy mal producido. La broma final lennoniana con ‘One Minute Silence’ queda ni que pintada.