Uno no puede evitar quedarse pasmado al ver el ritmo de producción de la mayoría de las grandes bandas de los setenta. Led Zeppelin, Black Sabbath, The Doors, The Rolling Stones… todas con ritmo de disco por año si no más, todas entrando sin descanso al estudio y sin mostrar el menor agotamiento. Cierto es que el tiempo nos ha permitido descubrir el truco (¿verdad Jimmy Page? ¿verdad Jeff Beck?), pero la certeza por inmensa que es aún no ha despejado esa nube de romanticismo que cubre a la época más prolífica de la historia de la música, a los años en los que se definieron todas las leyes no escritas que hoy en lo musical son dogmas.

Los noruegos Motorpsycho siguen un esquema de trabajo similar, algo más sutiles en la captación y plasmación de unas influencias mucho más patentes por el peso de los nombres pero igual de prolíficos, con una brillante genialidad que no sólo compite con lo producido por los astros 40 años atrás en cuanto a cantidad, sino que también lo hace en cuanto a estabilidad, manteniendo un nivel creativo que la norma hoy día ha convertido en algo impensable.

Y tan inmenso es el espíritu creativo de estos muchachos, han sacado cinco discos en dos años, que su marca principal no parece un contenedor suficiente para englobar todo lo que generan. Spidergawd es la respuesta a ese impulso, a esa necesidad de compartir todo lo que surge tras el escenario, en la sala de ensayos o en un autobús de gira que, para más inri, hace más kilómetros que Willy Fog en una máquina de teletransporte.

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Homónimo fue el debut de Spidergawd (Stickman Records, 2014), lanzado con disimulo o algo de oscurantismo a mediados del año pasado, y homónima vuelve a ser su continuación, quien sabe si haciendo un guiño a Jimmy Page y pretendiendo demostrarle que es posible grabar, grabar y volver a grabar sin tener que robar material a teloneros, incautos o antiguos compañeros de banda. En cualquier caso sí, Spidergawd están de regreso algo más de seis meses después y lo han hecho sin mostrar el menor agotamiento, tan enérgicos como en el debut y tan interesantes como el material grabado por Bent Sæther y compañía en Motorpsycho.

Ahora bien, la velocidad en la composición y la estabilidad cualitativa no quieren decir que escuchado el debut uno pueda ahorrarse la visita a este II (Crispin Glober Records, 2015), y por supuesto tampoco quiere decir que esta continuación raye al mismo nivel de genialidad que lo hizo el primer álbum. Este segundo disco es una víctima clara del impacto y la sorpresa generada por su antecesor, hereda sus virtudes, las magnifica en algunos casos, pero también hereda sus defectos, a los que no es capaz de encontrar disimulo.

Spidergawd han vuelto a componer un disco divertido, fresco y dinámico a pesar de encontrarse con piezas largas que podrían frenar el ritmo. Han vuelto a componer riffs que por sí solos ya valen un álbum, han vuelto a crear líneas de bajo y de viento por las que matarían la mayoría de las bandas que no se llaman Motorpsycho. Quizás falten en esta continuación estribillos tan rutilantes como los de ‘Empty Rooms’ o ‘Into Tomorrow’, pero los noruegos lo compensan con detalles en las inevitables jams ante los que no queda más que levantarse y aplaudir.

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El resultado es algo más irregular que en el caso del debut, un disco algo más extremo en el continente y en el contenido a pesar de responder a las mismas preguntas con las mismas respuestas. El inexistente ahora efecto sorpresa puede operar en contra del álbum, también es cierto, pero una vez das al play es imposible no mover el bullate con jitazos como ‘Tourniquet’ ni hacer algo de headbanging con la purpleliana ‘Made From Sin’ o el reinicio de la mágica ‘Our Time (Slight Return)’.

8/10

Y a pesar de todo II no es víctima del frenético ritmo de producción de Spidergawd aunque quede algo por debajo del debut. Es un disco que lo completa, que ofrece el mismo punto de vista a pesar de no tener momentos de tanta expansión en el minutaje. Me niego a asentir ante la afirmación que de haber fusionado ambos álbumes estaríamos ante una producción mayúscula, primero porque el debut ya estuvo muy cerca de serlo, y segundo porque a pesar de ser algo más irregular, a la continuación no le sobra ni un solo minuto. Por mí, que saquen un III en otros seis meses, ahí estaré para celebrarlo.

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