Ay, el mundo del siglo XXI. La inmediatez de las cosas por internet. Los nuevos tiempos, en los que escuchas un disco dos meses antes de que se lance al mercado. Si se lanza al mercado siquiera, que esa es otra. Las cosas cambian tan rápido… o no. Hipersónica siempre llega tarde a los grandes acontecimientos, y con Spoon ni pudimos ni quisimos hacer una excepción. Hace meses que todos habéis escuchado They Want My Soul (2014, Loma Vista), pero nosotros no hemos soltado prenda hasta hoy.

Un trabajo que durante sus diez canciones elabora un puzzle tan bien ensamblado que parece recién comprado

O sea que, hemos llegado tarde a un disco inmenso. A un momento que convierte a una banda que no lo necesitaba (hablamos de que They Want My Soul es ya su octavo disco, y que llevan dos décadas dedicándose a esto) en absoluto referente del rock americano. Otra vez. Un trabajo que durante sus diez canciones elabora un puzzle tan bien ensamblado que parece recién comprado, de esos que si los ves desde una distancia suficiente, ni siquiera aparenta ser algo compuesto por diferentes piezas. Desde singles tan bien rematados como ‘Do You’, con su alegría banal, con su afán por disfrutar de la música, hasta la siguiente ‘Knock Knock Knock’ un tema que te mueve a impulsos, a golpes de guitarra acústica, mi favorito de un They Want My Soul brillante.

Que la delicadeza no será el eje vertebrador del nuevo disco de Spoon queda claro desde los primeros acordes de ‘Rent I Pay’ (que además sirvió de primer adelanto del disco). Aquí venimos a forzar las cuerdas vocales, a que se nos escape la saliva de la boca por cantar desde las tripas, muy poco preocupados por mantener la compostura. Un tema que sabe a clásico, a absolutamente añejo pero igualmente encantador, y que encuentra en ‘Inside Out’ la introversión necesaria (ese inicio casi ambiental) para que nuestra historia de amor con They Want My Soul empiece a fluir de forma natural, sin que nada tenga que forzarse.

Nos encontramos con un trabajo que tira a menudo del “menos es más”. De que las canciones no busquen mil cambios de sentido para ejercer una atracción letal. Que sean eso, tan solo canciones. Pero canciones geniales y sencillas desde el pop rozando lo mainstream de ‘Rainy Taxi’ a ese flirteo con la electrónica (componente bastante presente en They Want My Soul) de ‘Outlier’. Apenas puedes encontrar fisuras en este disco, no tiembla por ningún rincón, no hay grietas, no hay heridas emanando sangre.

8.3/10

Joe Chiccarelli y Dave Fridmann se encargan de la producción, en la que el batería de Spoon, Jim Eno, ha tenido menos que ver en este disco. No se nota su falta, el sonido de Spoon sigue siendo glorioso y lleno de cercanía. Imposible de no llenarte de amor por cortes como ‘I Just Don’t Understand’ o ‘New York Kiss’, que cierra este disco recomendado para niños y mayores. De necesaria escucha en cualquier hogar de bien.

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