Spoon — Transference: ¿una derrota con honra?

Estoy confundido por las pocas voces discordantes que se han alzado frente a este Transference, octavo disco de Spoon. Por un lado, me reconforta saber que eso les muestra como ganadores en la carrera de larga distancia: el prestigio se lo han ido haciendo paso a paso y ahora ya es difícil mirarlos mal.

Por otro, nunca me ha parecido demasiado bien que la trayectoria de una banda sirva para poner paños calientes a discos menores o fallidos: cada nuevo disco debe ser juzgado por el pasado y lo que pueda suponer para el futuro de un grupo, claro, pero sobre todo por lo que es para su presente. Por sus canciones, más que por lo bien que nos caigan.

Spoon, a mí, me caen muy bien. Me parece un grupo que ha sabido moverse excepcionalmente en un segundo plano. Como los actores que roban escenas pese a tener que compartir pantalla con estrellas consagradas, durante casi quince años los discos de Spoon han sabido ser simpáticos, resultones, chicas de segunda mirada de las que acabas por colgarte más que de otras impresionantes a primera vista.

http://www.youtube.com/v/FLHF5VxcEmg&hl=es_ES&fs=1&

http://www.youtube.com/v/-Dn7qXk03YE&hl=es_ES&fs=1&

Si en ellos siempre veíamos a una banda encantada de jugar, de darnos esquinazos, de soltar un pildorazo power-pop para luego mandarnos a la pista de baile y después ponerse misteriosos sin perder la sonrisa, aquí todo tiende a una cierta monotonía. Las bazas de ‘I Saw The Light’o ‘Go Nuffin’ pueden colar, pero patinazos como ‘Before Destruction’ o ‘Goodnight Laura’ era raro verlos juntos en el mismo disco.

Y me quedan aún dos problemas más en este Transference. El primero es la sensación de que el grupo no sabía con que carta quedarse a la hora de producirlo, si la de la crudeza o la de lo elaborado, así que el pastel sabe muy pasado en unos mordiscos y por cocinar en otros. El segundo, la sensación de que el séptimo disco de Spoon nunca logra atarte de principio a fin: los buenos momentos sobresalen demasiado frente a lo más anodino y no hay apenas ritmo narrativo interno.

Decía antes que a un disco se le ha de juzgar, sobre todo, por lo que es y no por lo bien que una banda nos haya caído en el pasado. Mi problema es que no suelo hacerme demasiado caso a mí mismo, y estos días me he puesto muchas veces, del tirón, Transference y otros discos de Spoon. Y, sinceramente, no hay color, por lo que este último álbum queda como una derrota ante sí mismos. Honrosa o no, juzgad vosotros.

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