Sr. Chinarro: El pasado no es más que un juguete que rompo por ver qué es (o tres cosas que han perdido sus letras)

De lo que tengo miedo es de tu miedo a que lo veas todo igual

En unos días, si nada se tuerce, hablaremos de Presidente, el nuevo disco de Sr. Chinarro, pero resulta curioso ver a Antonio Luque perder la chispa en una de sus facetas más destacadas, la de letrista. Casi al mismo tiempo que la alta cultura le ha acogido entre sus brazos (ahí, por ejemplo, está su reciente aparición en Babelia; ya es serio hasta para eso) y sin que una cosa tenga que ver con la otra, cogemos los discos del antiguo y del más reciente chinarro y…

Sí, haciendo caso de mi post sobre titulares y títulos de canciones, esto se merecería un “malos tiempos para la lírica”…

Chinarro ya no es un niño juguetón con las palabras

Qué colección de borrones, perdón instantáneas,
qué exhibición de disparos a un blanco al azar.
También es mi vida un flash que atraviesa mi cráneo
y no guardo papeles ni archivos ni para el fiscal.

Dice el artista (¿el Artista?) en una entrevista reciente que no le apetece crecer, pero el subconsciente creativo, si es que eso aún existe y no se ha transformado en pura supervivencia, le traiciona y deja en Presidente algunas de sus letras más planas, con menos requiebros y, en última instancia, más aburridas.

Ni rastro, por supuesto, de aquel letrista capaz de juntar alberca y mousse de chocolate sólo para recitarlos del tirón y que apareciese por medio cierto existencialista francés. No, Chinarro ya nunca será de hacer que lo ridículo acabe por cuadrar por cómo toda la escena acaba por tener sentido, como en ‘Su Mapamundi, Gracias‘:

Qué estúpidos que son los reyes magos,

se olvidaron el libro de instrucciones.

Muy modosos bostezaban en la mesa,

ya decía yo.

Qué estúpidos que son los reyes magos,

se olvidaron el pegamento.

He rezado pero sólo el diccionario

quiere tenerse en pie.

(…)

Regalo la cruz de titiritero.

Magdelana y su puñal cortan cebolla.

Invíteme a la merienda de negros

usted que sabe estar.

Chinarro ya no quiere ser críptico, pese a gustarle los mismos temas

Agua viva en el lavabo.
Déjame ver en el cuarto de tus padres
la hora que dan los sabios comentaristas
del carrusel, ahora que somos vecinos.

Está por comprobar hacia dónde le va a llevar todo este camino, pero el Luque letrista ha decidido evitar ya cualquier terreno inexplicable en sus canciones. Comparemos, por ejemplo, la preciosa ‘Tu casa o la mía‘ con la cristalina y digna de El Canto del Loco ‘Una llamada a la acción“.

En última instancia, y puesto que los temas siguen siendo parecidos, al menos cuando de amor y sexo se trata, Chinarro parece obligarnos a decidir si preferimos ‘Santateresa’ (Te apoyas en el coche, te pones la falda derecha / En el olivar es de noche, hija de santateresa / Con los pies por delante, en el salpicadero, / te apoyas en el coche, te pones la falda derecha) o lo de ahora:

Llegó la luz al salón y vi tu sujetador
y en cada pezón una llamada a la acción.
Me callaste la boca, dijiste: “te toca,
míster don de lenguas, demuéstralo”.
Habrá que hacer el amor,
por un mundo mejor,
habrá que hacer el amor.

El refranero popular frente al tópico

Si hay algo en lo que siempre han brillado las canciones de Chinarro es en no forzar casi nada para explicarlo todo. Al letrista de antes se le iban apareciendo aquí y allá frases hechas, refranes con los que también jugaba hasta darles la vuelta.

Al de ahora, se le vienen a la mente frases manidas que, ejem, le quedarían muy bien a Deluxe o a Dorian, como cuando cita eso de que las chicas malas van a todas partes. Debe ser verdad aquello de que los ídolos no comen. Pues a mí esto… ni jarto de opio (o quizás sólo en ‘Babieca‘, ‘Fotos no‘ y alguna otra más, que tampoco nos vamos a poner tremendos).

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