Steven Wilson — Grace For Drowning: rock progresivo sin prisas

Decía Steven Wilson hace unos meses, cuando estaba a punto de finalizar Grace For Drowning, su último álbum en solitario hasta la fecha, que este es el mayor de sus proyectos. También el más ambicioso y personal. Después de escucharlo detenidamente uno se da cuenta de que, efectivamente, Wilson no mentía.

En un momento en el que todo tiende a la inmediatez, en una época en la que la mayoría de los artistas tienden a lanzar discos no demasiado largos y en la que una gran cantidad de gente prefiere un consumo musical rápido y sin complicaciones, Steven Wilson toma una serie de decisiones que no hacen sino confirmar algo que ya sabíamos: pasa de corrientes, modas y demás historias para no dormir.

Grace For Drowning y su casi hora y media de disfrute

Grace For Drowning es un monstruo de más de 80 minutos divididos en dos CDs de unos 40 minutos aproximadamente cada uno en los que las prisas no existen y las locuras son menos salvajes. Estamos acostumbrados a que las composiciones de Wilson nos sorprendan con fragmentos delicados que, sin previo aviso, dan paso a otros de auténtica brutalidad. No es el caso. Esta vez los pasajes más brutos quedan relegados a un segundo plano y todo el disco se mueve en aguas tranquilas. Extrañas (a la par que bonitas), sí, pero sin sobresaltos acusados.

De hecho el disco empieza con el tema que le da título al álbum y creo que es toda una declaración de intenciones. Con la única ayuda de su voz (sin letra) y un piano, Wilson nos pone la piel de gallina y nos indica claramente por dónde van a ir los tiros durante los siguientes ochenta minutos. Y qué mejor que seguir con ‘Sectarian’, un tema instrumental de casi ocho minutos de duración que cuenta con unos arreglos bastante inusuales.

No tarda en llegar uno de los grandes temas de este Grace For Drowning, ‘Deform to Form a Star’, de nuevo con casi ocho minutos de duración con un buen montón de voces, cuerdas y cosas bonitas. ‘No Part Of Me’, el siguiente corte, también es otro tema a destacar, aquí ya con la entrada de otros sonidos más modernos sabiamente colocados para no desentonar. Y todo sigue siendo muy delicado, todo va sin prisas, se trata de disfrutar y dejarse llevar gracias a un buen puñado de sonidos muy ambientales y grandes espacios… hasta que nos vamos acercando al minuto cuatro y todo cambia.

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‘Postcard’ (bellísimo tema basado en piano), ‘Raider Prelude’ y ‘Remainder The Black Dog’ son los tres temas encargados de cerrar el primer CD. Y este último, además, nos regala unos buenos momentos en plan jazz entre amigos que tienen mucha miga. Ritmos entrecortados, instrumentos de viento y las dosis justas de locura. Perfecto para disfrutar a tope.

Un segundo CD algo más oscuro que el primero

El segundo CD del disco está formado por cinco temas, dos menos que el primero, pero por contra nos topamos con una salvajada de más de 23 minutos (23:21 exactamente) llamada ‘Radier II’ en la que vamos a encontrar absolutamente de todo: mucha tranquilidad, pero muy mala hostia también. Del resto de temas de este segundo CD, que en general es más oscuro y retorcido que el primero (temas como ‘Index’ y ‘Track One’ son raros raros), llegando incluso a quedar un poco por debajo, para mi gusto, destacaría ‘Belle Jour’, que es el arranque, y ‘Like Dust I Have Cleared From My Eye’, el cierre.

https://www.youtube.com/embed/dte3-sSkWic

9/10

En definitiva Grace For Drowning, tal y como el propio Steven Wilson aseguraba, es un álbum muy personal que, lógicamente, no pretende contentar a todos por igual. En cualquier caso los fans de Wilson, por mucha distancia que haya entre estas composiciones y las de Pocupine Tree, Blackfield e incluso las que forman parte de Insurgentes, su primer disco en solitario, encontrarán en Grace For Drowning su sello inconfundible. Un gran disco de rock progresivo y muy experimental.