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Suede — Bloodsports: mejor de lo que creíste, peor de lo que llegaste a esperar

Lo divertido de esta absoluta locura en forma de exceso de información en la que vivimos últimamente es que tus expectativas sobre un determinado disco, a poco que éste sea mínimamente mediático, pueden ir cambiando drásticamente de un extremo al otro, hasta el punto de que para cuando realmente lo escuchas, ya no recuerdas si tenías la impresión de que iba a ser el disco de tu vida o una mierda pinchada en un palo. Desde que Suede anunciaron su reunión y posterior publicación de Bloodsports he ido sufriendo un proceso parecido que, la verdad, ha sido bastante beneficioso a la hora de plantarse frente al disco.

El enigma Suede

Porque primero anunciaron que se reunían y que habría nuevo material: miedito. Después sacaron un primer adelanto: meh. Pero luego presentaron el verdadero single y oye, mola. Y por último, empezamos a escuchar los primeros comentarios y eran más que positivos. Así que de vuelta a la casilla de salida y con el marcador a cero.

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Sólo hay una forma razonable de plantarse frente a un nuevo disco de Suede en 2013: canción por canción. Y punto. Aquí no hay grandes conceptos, ni movimientos rupturistas en planteamiento o estilo, ni siquiera (gracias a dios) madurez ni evolución. Así que Brett Anderson y compañía (aunque ahora sin Bernard Butler, mucho más él que la compañía) se enfrentan al test en apariencia más sencillo pero también el que más en pelotas te puede dejar: el de las canciones. Si uno quiere saber si Bloodsports mola o no tiene que coger el tracklist, opinar, puntuar y sacar la media. No hay más.

Y al principio la cosa pinta bastante, bastante bien. Yo fui el primero en decir que ‘Barriers’ me dejaba bastante indiferente, pero resguardada de la presión de ser la-primera-canción-que-escuchamos-del-regreso-de-Suede, la verdad es que a la hora de abrir un disco como éste cumple, incluso digamos que cumple con solvencia. Y también es verdad que otras del lote han hecho que ahora la apreciemos más. Poco que objetar también a ‘Snowblind’, que suena como grabada en 1994. En el buen sentido. Como ejercicio de estilo, como Suede comprobando si pueden volver a hacer una de Suede y superando la prueba.

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Poco más que decir de ‘It Starts and Ends with You’ después del coñazo que he dado con ella en estas páginas en las últimas semanas. Es un single redondo, perfecto, enérgico, que a poco que lo hayas machacado en este tiempo seguro que te dará, como a mí, la sensación de que siempre ha estado ahí. Estás en pleno subidón y llega ‘Sabotage’, ese baladón melodramático y un pelín hortera que Suede siempre han sabido hacer tan bien. Y tu corazoncito de fan se pone a mil: si esto sigue así, me planto a las puertas de la mansión Anderson y que Bret me haga suyo.

La cosa se tuerce

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Pero ay, no. No sigue así. ‘For the Strangers’ baja un poco el listón y ‘Hit Me’ es otro ejercicio de autorrevisionismo que sólo funciona a medias. El último tramo de ‘Sometimes I Feel I’ll Float Away’, con sus guitarras furiosas y su crescendo, serán las últimas señales de vida: ahí se acaba el disco: ‘What Are You Not Telling Me?’ es simplemente infumable, ‘Always’ tarda una eternidad en no llegar a ningún sitio y ‘Faultlines’ parece una canción de transición hasta que cuando termina, te das cuenta de que no hay más, de que ése es el final del disco.

6.9/10

Prometieron una mezcla de Dog Man Star y Coming Up y, efectivamente, lo es. Prometieron que lo de A New Morning no volvería a ocurrir y han cumplido. En Bloodsports hay inspiración, claro que la hay, pero no acaba de quedar claro si es un disco finiquitado a toda prisa para aprovecharla antes de que se escapara o demasiado tarde, cuando ya se había escapado y no se le pudo dar continuidad. Resulta mucho mejor de lo que pensamos que sería en un principio, pero mucho menos de lo que llegamos a creer que podría ser cuando tuvimos sus primeras muestras. Constituye además otro ejemplo perfecto para esa eterna discusión sobre la importancia del orden de las canciones en un disco. Es, evidentemente, un regreso más que digno: a partir de ahí, que cada uno aplique su listón de expectativas (y/o conformismo) como considere más oportuno.

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